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martes, 27 de agosto de 2013

Camino a la libertad




"The Way Back" o "Camino a la libertad", del director australiano Peter Weir (2010), es una película que me pareció una joya muy bien trabajada, que logra niveles destacados en todos los aspectos: fotografía a cargo de Russell Boyd, libreto, edición, sonido, maquillaje y una música que armoniza con todo ello.  La banda sonora fue compuesta por Burkhard Dallwitz. Su director Peter Weir nos ha entregado otras bellas piezas de cine, destaco según mi gusto “La sociedad de los poetas muertos” y “Único Testigo”.

Sobre la historia contada en este film Weir ha dicho: "Como una hazaña de resistencia y coraje y la tenacidad de los seres humanos para sobrevivir, me pareció que era excelente. Y se quedó conmigo."

Algunos críticos la encuentran lenta y mal compaginada, pero a mí me pareció notable, en su retrato de una parte de la historia de Europa que debemos tener presente, sobre la II Guerra Mundial, el Holocausto judío, la caída del III Reich, la partición de Europa entre este y oeste y la pérdida de la libertad de pequeñas naciones, primero bajo el totalitarismo nazi y luego bajo el soviético.  La historia parte alrededor de 1940 en Polonia, con la captura e interrogatorio de Janusz (Jim Sturgess),  un joven polaco acusado de criticar al partido comunista y de pertenecer a un grupo contrario a la ocupación soviética.

El libreto es una adaptación de Peter Weir con Keith R.Clarke, sobre una exitosa novela titulada "The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom" (Reino Unido, 1956), relato escrito por Ronald Downing basado en conversaciones con Slavomir Rawicz, libro que ha vendido más de medio millón de copias en todo el mundo y ha sido traducido a 25 idiomas.   

Supuestamente Slavomir Rawicz, (Pinsk 1915 - Nottingham, 2004), ex oficial del ejército polaco, narra en primera persona, cómo, tras la invasión de Polonia por los alemanes (1939), fue arrestado por el ejército soviético y encarcelado en Siberia.  




Luego de escapar del campo durante una tormenta de nieve, protagonizó junto a un grupo de hombres y una joven un extraordinario viaje, a lo largo de seis mil cuatrocientos treinta y siete kilómetros, desde un gulag o campo de prisioneros siberiano hasta la India; pasando por los Himalayas al desierto del Gobi, y atravesando el Tíbet se establecieron en la India británica en 1942.

Witold Glinski (1925 – 1983), veterano de Polonia de la II Guerra Mundial, establecido en el Reino Unido, afirmó que la historia era cierta, pero teniéndolo a él como protagonista y no a Slavomir Rawicz.

Aunque parte como una historia verdadera, varios historiadores han puesto en duda su  veracidad, puesto que hace algunos años se comprobó que su protagonista Slavomir Rawicz no escapó, sino que fue liberado por  los rusos como parte de la amnistía general de 1942, a favor de los polacos en la URSS, y posteriormente transportado a través del mar Caspio a un campo de refugiados en Irán, por lo que los hechos relatados en su libro serían ficticios.
 
Pero sin duda en tiempos tempestuosos debe haber muchas historias como ésta, de héroes anónimos que viven su propia odisea, en su regreso a Ítaca.

Un oficial de inteligencia británico asegura haber entrevistado a un grupo de hombres de demacrada apariencia, en Calcuta en 1942, que aseguraban haber escapado de Siberia y luego caminado hasta llegar a la India.




La película se centra básicamente en lo acontecido a siete prisioneros de guerra, que deciden escapar y regresar a casa, a la paz del hogar, con sus seres queridos que han quedado atrás, sin saber si lograrán encontrarlos. Deberán luchar por sobrevivir ante las inclemencias del clima y la geografía, deberán aprender a superar sus diferencias y mancomunar esfuerzos. Siendo de diferentes nacionalidades y diferentes credos, se despliegan valores universales, como la solidaridad, el valor de la vida, el valor de la libertad, de la esperanza, de la amistad, del amor por el otro.  Juntos viven inolvidables momentos. 





Sus personajes:  Mr. Smith, (Ed Harris) un enigmático ingeniero estadounidense conocido solamente por su apellido; Valka (Colin Farrel), un criminal ruso sin escrúpulos que controla el gulag; Tomasz, artista y cocinero del grupo; Kazik, un polaco que sufre de ceguera nocturna; Voss, un sacerdote de Letonia; y Zoran, un contador de Yugoslavia; todos ellos comandados por Januz (Jim Sturgges) el oficial polaco. En el trayecto se les unirá Irena (Sarsoise Ronan), también prisionera polaca.





Se trata de una apuesta por un bien mayor, a cualquier precio, hasta agotar la vida, de ser necesario; es un esfuerzo sobrehumano por conseguir el preciado bien de la libertad y la dignidad de los pueblos. “Se trata de la lucha que todos nosotros tenemos por la sobrevivencia diaria", diría el propio Peter Weir.

La odisea de Januz termina cuando regresa a casa en 1989, tras la caída del Muro de Berlín y se reencuentra con su esposa que lo espera.

El rodaje de "The Way Back" se llevó a cabo en BulgariaMarruecos y la India.  Los magníficos escenarios son una parte importante en la ambientación de la película.

El director dedicó el film a tres sobrevivientes desconocidos.




The Way Back Movie Trailer Official (HD)





domingo, 25 de agosto de 2013

Que sean niños los niños...



Que sean niños los niños


Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.

Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.


Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean foto de un portal pornográfico. Que no sean los habitantes de un reformatorio.

Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.

Que sean niños los niños, y no un target.

Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad. 

Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.

Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.




Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.

Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.

Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.

Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.

Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.

Que sean niños los niños.



Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.

Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños, no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".

Niños, y no los que empujan el carro con cartones.

Que sean niños los niños, simplemente.




Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.

Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.

Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.

Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.

Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado.


Mex Urtizberea





Una canción infantil de María Elena Walsh


viernes, 23 de agosto de 2013

Si el hombre pudiera decir lo que ama...





Si el hombre pudiera decir lo que ama

Luis Cernuda



Si el hombre pudiera decir lo que ama,

si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo

como una nube en la luz;

si como muros que se derrumban,

para saludar la verdad erguida en medio,

pudiera derrumbar su cuerpo,

dejando sólo la verdad de su amor,

la verdad de sí mismo,

que no se llama gloria, fortuna o ambición,

sino amor o deseo,

yo sería aquel que imaginaba;

aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos

proclama ante los hombres la verdad ignorada,

la verdad de su amor verdadero.



Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu

como leños perdidos que el mar anega o levanta

libremente, con la libertad del amor,

la única libertad que me exalta,

la única libertad por que muero.



Tú justificas mi existencia:

si no te conozco, no he vivido;

si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.