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jueves, 30 de octubre de 2014

«LA RAGIONE DEL MERLO» Y LA POÉTICA DE MIGUEL VEYRAT





"La Ragione del Merlo" o "Razón del Mirlo" del poeta español Miguel Veyrat, en su primera edición en español fue publicado por Editorial Renacimiento, en 2009. Ahora en 2014 lo publica Commisso Editore, editorial italiana propiedad de Domenico Commisso, en una versión bilingüe realizada por Marcela Filippi Plaza, poeta y traductora chilena que vive en Roma, Italia, quien se desempeña además como curadora de la obra en esta edición. La portada estuvo a cargo del fotógrafo e ilustrador argentino Raul Villalba y el prólogo está brillantemente escrito por la poeta española Marta López Vilar, que también forma parte de la Antología «Buena Letra 2» de la misma editorial.


«Como si la muerte no existiera, ¿qué puede importarle al mirlo la muerte?, como si ella con su flecha pesada y dura no pudiera pasarle, silba el pájaro alegre, libre de toda razón humana. Y su alegría contagiosa prende en el espíritu de quien oscuramente le escucha, formando con este espíritu y aquel cantar, tal la luz con el agua, un solo volumen etéreo.» 
Luis Cernuda, «Ocnos» (1963)


PRESENTACIÓN ACERCA DEL LIBRO «LA RAGIONE DEL MERLO» Y LA POÉTICA DE MIGUEL VEYRAT

(Recopilatorio preparado por Myriam Iturra Ampuero, para el Encuentro con Commisso Editore en Valparaíso Chile, 24 al 26 de octubre de 2014)


No voy a hablar de mí porque mis versos son apenas hilillos de espuma en el océano inmenso de la poesía. Quiero hablarles de uno de los autores de la colección que estamos presentando hoy: Fascinoso Verbum. Se trata de Miguel Veyrat, poeta, periodista y traductor español nacido en Valencia en 1938, que participa en esta colección con su libro «La Ragione del Merlo». Para mí es uno de los mejores poetas contemporáneos vivos. Encarna a la perfección el Mito de Prometeo que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres… y fue castigado por esa osadía. Precisamente una de sus Trilogías se llama «El Incendiario».

Ha publicado más de una treintena de libros de poesía, narrativa, periodismo y ensayo, como docente, conferenciante y fundador de la primera Facultad de Ciencias de la Información de España, en la Universidad Complutense de Madrid. En el año 2007 recibió el Premio Stendhal de traducción. Afortunadamente he podido profundizar en su poética, gracias a la generosidad del autor con respecto a sus libros. 

Uno de los tópicos de la poesía veyratiana, es la revelación de los opuestos: vida-muerte, todo-nada, fuego y glaciar, silencio y canto, oscuridad-luz (MV sostiene como Jacques Derrida que el centro de la luz es negro). Cenit y nadir, ascenso (al universo infinito) y descenso (a las profundidades más recónditas del alma humana). La vida es efímera pero hay algo en cada uno que se funde con el infinito.

También profundiza en el tópico ontológico de la otredad, firme hilo conductor de su poética: el poeta siente que es en el otro, por el otro y para el otro. Entre sus aforismos preferidos está el «Car Je est un autre», «Porque Yo es otro» de Arthur Rimbaud, ese muchachito impertinente, l’enfant terrible, que ya a sus 16 años era un genio de la poesía. En «A este Otro que me habita», una sección del libro «Babel bajo la Luna» (2005) Veyrat empieza con un epígrafe citando a Jacques Lacan, médico psiquiatra y psicoanalista francés del s. XX.

He aquí el poema:


A ESTE OTRO QUE ME HABITA

«El deseo del hombre es el deseo del Otro»
Lacan (L’ Étique de la Psychanalyse)


EL POEMA convierte la muerte en
Infinito desde la letra
Muerta en la luz horizontal
De la utopía —¿Pero tú
No me respondes? ¿Y si no
Me recibieras en aquella
Tierra natal que yo ahora quiero
Mía? —¡Las nubes!
¡Las maravillosas nubes
Que incesantes llueven
Fertilizan tu silencio haciendo
Crecer la lengua
Sobre el camino imposible!
Sólo podrá trazarlo el poema:
Si al fin alcanza al otro,
En vuelo habitará el hombre la tierra.

* * *

Y desde allí enlazo a otra de las características de la poesía veyratiana que es la intertextualidad (precisamente, en el último verso parafrasea a Hölderlin: «Lleno de méritos, sin embargo poéticamente, habita el hombre sobre la tierra»). Por medio de esta intertextualidad es que el poeta convoca a sus bardos de amada herencia, a través de epígrafes, en sus dedicatorias o parafraseándolos en el poema mismo. En los versos de Veyrat se escuchan las voces de todos los poetas, desde Gilgamesh. Y es así precisamente como se llama un ensayo suyo y parte de una trilogía poética: «La voz de los poetas».

Dicen que Miguel Veyrat se reconoce poeta tardíamente, antes se dedicó a ser ciudadano del mundo, a dónde lo llevara su profesión de periodista comprometido, corresponsal de prensa en París, Ginebra, Rabat, Argel, Roma, Londres y Dublín viviendo en Francia, Inglaterra, Italia, ya sea como hombre de izquierda que conoció el exilio o en misión diplomática cultural. Casó con chilena y su hijo Pablo Veyrat, también periodista del mundo, es chileno. No puedo dejar de mencionar que de su primer matrimonio, con la gran poeta, traductora y ensayista Clara Janés, tiene una hija, la fotógrafa y escultora Adriana Veyrat Janés. En sus viajes tuvo ocasión de leer a célebres maestros de la poesía como Dante y los poetas del novecento italiano: Mario Luzi, Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Umberto Saba y Salvatore Quasimodo, por nombrar sólo algunos. Por eso, al leer su obra nos lleva a las fuentes mismas del saber y nos enriquece con su propio bagaje. 

Con el tiempo su poesía se ha hecho más profunda y mistérica, hay quiénes la consideran hermética, por influencia de su herencia familiar y su formación masónica. Pero yo creo que él, más que ocultar misterios, los devela en sus poemas, en sus «notate bene», en sus, según él, «notas prescindibles» que acompañan a sus libros, y en sus ensayos acerca de la poesía. En él la obra poética es una puerta mágica siempre dispuesta a abrirse. Sus versos, suenan a invitación hacia lo incierto, un impulso a lanzarse al abismo, sin miedo, tras la palabra creadora, para descubrir entonces nuestra propia voz llamando, abierta al sentido, a la vida, a la muerte, al origen, al pasado, al futuro, a lo probable y a lo improbable. En fin bucear a lo más hondo y ascender a lo más alto, apenas con la limitada certeza que de su mano hemos aprendido algo, pero sin saber bien cuánto y qué. Y quedar por un segundo satisfechos para seguir buscando en otro poema y otro libro suyo. He aquí la infinitud de su poesía.

La novedad de su verbo radica en su afán de nombrar todo de nuevo. Y con esto no podemos obviar el inicio del Evangelio de Juan «En el principio era el Verbo… / Todas las cosas por él fueron hechas» , ni a Heráclito «No a mí, sino habiendo escuchado al logos /es sabio decir junto a él que todo es uno». «Solo la voz del poeta continúa el trabajo de construir la realidad tras la huida de los dioses». Dice Veyrat.

Es un poeta cuántico que nada fluidamente en los océanos cósmicos y alimenta el sentido de que cada hombre es uno con el todo. Existe un «uni-verso» notable de Ungaretti que lo define perfectamente: «M'illumino d'immenso». Allí en ese verso que no es suyo, podría encerrarse toda la poesía de Miguel Veyrat. Y la sensación que embarga al leerlo, bien podría ser aquello que canta la poeta Delmira Agustini en su poema «Ceguera», algo así como el síndrome de Stendhal o de Florencia, ese arrobamiento ante la belleza y la inmensidad del arte, en cualquiera de sus formas:

Me abismo en una rara ceguera luminosa,
un astro, casi un alma, me ha velado la Vida.
¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa,
o en su disco de luz he quedado prendida?


Otro de los tópicos veyratianos es la cercanía de la muerte que tan bien convoca en sus últimos libros «Poniente» y «Pasaje de la noche», la muerte como paso a lo infinito y lo desconocido. Un paso que parece ser vuelta al inicio, un ouroboros o una lemniscata, símbolo del infinito y del eterno retorno o resurgimiento. Eso es parte del misterio que ninguno de nosotros logrará develar, salvo con la muerte, al menos es lo que esperamos.

«He ido donde la belleza pareció ser toda nueva / para siempre, y en el último día hallé/ el primero», dice el poeta.

Somos resplandor de estrellas, en un momento polvo, en otro luz. Su poesía, como los cometas guarda el secreto de todo el universo.

«Cuando el viento que siembra / estrellas / penetra un verbo que agita / el lenguaje entero, // vibra el orden / de todo el universo». Dice en su poema «LUZ QUE VEE» de «PONIENTE» (2012), uno de sus últimos libros, este libro que desde su nombre nos dice mucho, de un hombre que se encuentra ya en el ocaso de la vida, a punto de cruzar «la ultima linea rerum» a la que se refería Horacio, consumido y transmutado por la última llama, «un intenso fulgor», «la frontera del alba», «el parto de la aurora». A ella se entrega el poeta con los brazos abiertos. 





Lo dice muy bien Salvatore Quasimodo en estos versos:


Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.


En el Prólogo de «PONIENTE» Antonio Crespo Massieu sostiene:

«Este viaje a Poniente es también aceptación de la muerte desde la plenitud de la vida y la palabra, un inclinarse ante el misterio definitivo, fin de un viaje circular que cierra la esfera y es también regreso....»

Miguel Veyrat sentencia: «El poeta devolverá siempre lo que ha encontrado sin restricción mental, pues no concibe guardar para sí el fruto de su doloroso vagar por el universo de la angustia, enfrentado a los misterios de la vida y de la muerte sin hallar alivio ni respuesta. Quizás pueda consistir en una cierta actividad mística, la práctica poética —como algunos han querido ver aplicándole un sentido religioso—; podría ser, pero desde un vuelo ignorante de toda promesa de felicidad que no tenga lugar sobre los altares de la tierra y del mar, en sus acantilados, sus volcanes, sus cielos,ríos y glaciares, para oficiar el encuentro con un incierto y humanísimo Otro, que aguardaría con los brazos abiertos el resplandor de nuestra improbable llegada. Mística de la incertidumbre, condenada a no hallar alivio, al filo de llama alguna.

Valga pues como posible y feliz consuelo a nuestra ignorancia, que sin embargo nos igualará a todos en el delicado equilibrio del disfrute de la belleza, aquello que podamos descubrir a través de los ritmos musicales en que se unen misteriosamente los sentidos dispersos, que el poeta trae y lleva con su aliento; desde la polisemia creadora de las palabras que emplea, para conformar unos pocos versos verdaderos, hasta el zurrón con brasas que estos nos ayudan a tener siempre dispuesto, para atravesar las neblinas del corazón.»

Leer a Veyrat no es nada fácil, en realidad en la vida casi siempre lo que más cuesta es lo más valioso. «Veyrat pertenece a ese pequeño grupo de poetas que además de escuchar el ruido de su corazón se proponen tensionar el lenguaje hasta lo imposible» dice José Infante.

«Poeta es una voz, digo yo, como Ícaro, que se susurra a sí misma mientras cae», dice Miguel Veyrat citando al poeta Ilyá Kamínsky.

«Veyrat es un poeta exigente, de verso destilado sin concesiones y sobrecargado de electricidad y revelaciones. Es la suya una poesía iniciática y visionaria en la que se convocan la alquimia y la llama, el misterio de la palabra ritual y el texto secreto de un conjuro, en el que el poeta no es la persona civil que se llama como él, sino un intermediario con otra dimensión más honda y opaca de la realidad» dice Santos Domínguez Ramos.

«Ebrio de fuego y de viento,
ofreció su sangre
para ser el mensajero…»


Dice el propio poeta en sus versos.

Miguel Veyrat sostiene que «La poesía siempre ha sido un género minoritario porque para entrar en la poesía hay que forzar la puerta; es el género de géneros, es la quintaesencia; y un poema no es el mismo la primera vez que se lee que cuando se ha leído varias veces». A él hay que leerlo varias veces para ahondar en el misterio.

Continúa el poeta: «Además de que el poema se transforma también dependiendo de quién lo lee, y cada lector extrae significados distintos», exige del lector de poesía poseer «la sensibilidad para acercarse al poema, el valor de leerlo y el coraje de querer asimilarlo, porque eso le producirá un pálpito, una emoción extraña». (Yo diría una vacuidad inicial, un vaciarse ante el asombro, para volver a llenarse.)

«Recuperar el vibrato de la emoción cuando se encuentra con el lenguaje y se reproduce en palabras, a menudo sin sentido aparente, es la misión del poeta», dice Veyrat.

«Sus poemas rozan lo sublime y duelen» dice el crítico literario español Justo Serna.

Comparto con ustedes el poema La libertad del mirlo de este libro que presentamos hoy: «La ragione del Merlo»





La libertad del mirlo

Amor mío: La música siempre será
la misma mientras dure—rumor
de estrellas acordándose
con los verdes de hoja nueva
o rugidos de glaciares pariendo nuevas
fuentes: Angustia o silencio
de huevos y placentas so la furia brutal
del sol. Lo nuevo siempre fue el tono
con que cada mirlo entona
de rama en rama su propia canción
—acorde con los golpes
de los vientos, de los tiros, los desgarros
y los cebos del aire envenenado.
El ave no tiene mente —su memoria
no es suya, libre de toda razón humana
ignora la muerte que aguarda
en las sombras impasibles
de la extinción de su especie. Su canto
suena —entre los limos
pensantes, igual que la inocencia primera
inserta en la ficción del tiempo: Lleno
de ruido y de furia, tan
bello como inmenso y carente de sentido.









Presentación de "Razón del Mirlo" 
en una producción de Juan Bote Valero, realizador español.


Respecto a este libro, al leerlo podrán concordar con lo dicho. Ya su nombre «La ragione del Merlo» encierra más de una gran verdad poética: El Mirlo canta al oído sin razón alguna, como la rosa de Angelus Silecius: «La Rosa es sin porqué, florece porque florece» y Veyrat se apoya en su maestra, la filósofa y ensayista española María Zambrano cuando dice «El filósofo busca, el poeta encuentra»; así el Mirlo al cantar sin razón alguna, en su canto encarna la «razón poética»

Acerca de ella dice Veyrat: «El peligroso poema, aquel grito que llega hasta el abismo y que con su eco retumbando en las sombras del conocimiento despierta lo más auténtico y noble del ser humano: «La Pasión pura», lo que algunos consideran la cognitio sensitiv, la razón poética.»

El crítico literario Ángel Luis Prieto de Paula sostiene que en la poética de Miguel Veyrat «se reflejan el estupor y el misterio, la fraternidad humana, el espanto y el éxtasis, que sobrevuelan por sobre la superficie de lo explicable, a la luz pobre de la lógica discursiva».

Al Mirlo, figura del poeta, Veyrat lo imagina «Siempre con el canto presto en la garganta, eso sí, como puente o ala para intentar modularlo con la lengua y el aliento, para después, trabajosamente, trasladarlo al signo y ser entregado. Gratuitamente.»

Ese gratuitamente aparece, sin quererlo, hincando sus raíces en la «gracia», con todo su hondo y ancho significado espiritual y místico; ya que el poeta se reconoce ateo-no-dogmático.

Alfredo Valenzuela siguiendo a María Zambrano sostiene: «Veyrat se declara seguidor de Juan Ramón Jiménez cuando no diferencia entre vida y poesía y considera la poesía como «una profundización en el ser», y valora la poesía de raíz filosófica y cualidad musical, citando a Martin Heidegger en Hölderlin y la Esencia de la Poesía: «La poesía es la construcción del ser por la palabra»; «la unión de pensamiento y música». 

Entonces tendríamos que adentrarnos en el «Lenguaje de los pájaros», el mismo que conocía Salomón, y que, como nos enseña Veyrat, «en la lengua siria, el árabe de los Omeya, «sûryâniyah», en el Alcorán (Vid. Alcorán, Azora 27, Aleya 16) significa la lengua de la iluminación. Curiosamente «Sûryâ» es el nombre sánscrito del sol y la raíz Sûr es una de las que designan la luz. Así algunos místicos relacionan el «lenguaje de los pájaros» con el lenguaje adánico, solar o primigenio, que también se utiliza en alquimia para designar una manera de proceder por analogías y equivalencias fonéticas. En el ámbito esotérico, es el «arte del sonido», y por ello a la alquimia tradicional se la llama también el Arte de la Música.»





El cant dels Ocells o El canto de los pájaros 
en la magnífica interpretación de Pau Casals

No debemos perder la capacidad de asombro ante la belleza y lo inexplicable, William Blake poeta y místico nos insta a ello: «Si las puertas de la percepción se abrieran, todo aparecería ante los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna». Ya lo decía antes Shakespeare en boca de Hamlet a su amigo Horacio: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra que todas las que pueda soñar tu filosofía.»



Tenemos mucho que aprender aún,mucho que escuchar y mucho que leer. Para guiarnos en este camino, el Mirlo hace perdurar su canto desde las ramas de este árbol frondoso y generoso que es Commisso editore.

Canto del Mirlo en libertad:







Al terminar les invito a quedarse con dos sentencias que avalan lo dicho:

«El poeta no busca la inmortalidad, pero, no buscándola la encuentra.» María Zambrano

«Aquello que permanece, lo fundan los poetas.» Friedrich Hölderlin

Éste es un libro para permanecer, entrañado de eternidad, como todos los de su autor.

A modo de despedida les dejo con este poema de su último libro: «Pasaje de la noche» (Barataria Ediciones 2014)


ARDO YA COMO LA LLAMA LEE...

Ardo ya como la llama lee el espacio sideral.
Puro como un niño
raudo como un pájaro
Lúcido como un loco.
Mas mi destino
habrá de consistir en no ser creído
cuando la enciendo
cuando la bajo cuando la traigo cuando la escribo.
Completamente solo, he de elegir cuál es mi patria verdadera.
¿Mas alguien puede soportar
de cerca la verdad que quema
y al poeta que la irradia?

¿Soportar de cerca la vida verdadera?
¿La que todos apagan a diario porque deslumbra?

Y sin embargo,
más que la carne, dura su sentido,
más que la piedra dura,
más que la fulgente estela.

Porque la máscara —a la larga,
se vuelve vivo rostro.

Pavesa y centella del origen.
La transparencia.




Marcela Filippi Plaza, poeta chilena que vive en Roma, traductora y curadora de la obra publicada por Commisso editore, junto a Miguel Veyrat, poeta español, en su encuentro en Sevilla.



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