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miércoles, 26 de diciembre de 2012

"No hay secreto ninguno en el azul, que no sea el azul de su secreto"





ELEGÍA A GABRIELA MISTRAL



Dirán que se ha dormido para siempre, dirán 
que un ala color fuego y otra color ceniza 
el ángel de su voz baja por ella 
lleno de un Cristo único: impaciente en la espera; 
que esperezándose de su vida profunda 
nunca bien conciliada como sueño de exilio 
con ojos que sus ojos de polvo le cegaron 
todo lo ve en su Dios que lo ve todo. 
Y cae allí donde estuvo su pecho 
desenredado el nudo que la hizo cantar; 
silencio ahora guarda, feliz, como de niño. 
Dirán que está en la Gloria.

Dirán que está en la Gloria y que se encuentra en ella 
una a una sus pérdidas como en un arenal 
donde acampara el reino del que fue reina. 
Su madre se le ofrece nuevamente en la jarra 
en que le bebe el rostro con el suyo mil años. 
Se yergue y he ahí los niños que no tuvo; 
su amor luce en el cielo carne y hueso divinos. 
Jóvenes de otra edad, fantasmas vivos 
callan para que hable y es en Elqui, su valle 
a un paso de países que le dan alegría. 
Dirán que es suyo el seno de los suyos.

“Son palabras, palabras” creo oírle a la tierra 
que, como siempre tiene la razón, coge y muele 
su presa en un silencio que desvela a las víboras.

Palabras, sí. Pero algo suena en ellas 
como en un verso mío un verso suyo 
de vivo y cierto y creo y se abre el cielo 
bajo la sombra que le da mi mano 
No hay secreto ninguno en el azul 
que no sea el azul de su secreto 
y si otro mundo existe el sol lo abrazaría. 
Enero corre incrédulo, apegado a sus días 
hombre y buey a la vez, perro salvaje...

Y un absurdo solemne se prepara: 
una misa solemne. 
No me muevo de aquí, no bajo a la ciudad, 
viene en su lugar otra que era apenas su sierva. 
La tierra apoderada del cuerpo de Gabriela 
bailará al paso lento del cortejo en las calles 
y el Cristo mendicante que amó como mendiga 
será sólo una cruz de una pieza, dorada 
esplendorosa y fría como treinta monedas. 
Niñas de blanco, en blanco, demasiado inocentes 
bostezarán el sol hasta que entre en escena 
seguido del ejército su primo, el gran soldado.

No me muevo de aquí donde está ella, 
en su libro, en su voz que le leemos 
toda una noche de cerrada vigilia. 
Agua que se bebió vuelve a embriagarnos 
de una sed, maravilla de las aguas. 
Compañía nos hace el pan, su hermano 
y la sal que aprendieron, poco a poco, sus sienes.

Envejecemos con sus criaturas 
en el desierto que las guarda vivas 
para un día feliz no venidero; 
y muere, ante nosotros, la extranjera 
en una soledad que nos ahoga.

Cabe en un redondel de luz la América 
que un corazón contuvo en un gesto de amor. 
La vida innominada no vive en nuestra vida 
y cuando es justa como lo es su palabra 
parece que las cosas sólo existen 
para corroborarla desde lejos. 
Al sol del Trópico lo alumbra Gabriela 
la que levanta a signos toda una cordillera; 
y el maíz tiene ojos que ella mira y la miran 
innumerablemente como a madre giganta 
como el verde amarillo de agradecimiento. 
Mil años esperaron que naciera, sus hijos.

Y no ha nacido el día de los días para ella 
cuerpo sólo es ahora que se encarna en la tierra, 
ola que pierde espumas de su nombre 
en la fosa común del mar del fondo. 
Por mi parte yo nada le deseo, 
busco su dicha allí donde encontró su dicha; 
el canto, cuando es bello, cura el dolor que mienta 
y le sobra belleza para el dolor más ancho. 
Creo verla poner a su desgracia 
el rostro grave y dulce que espejea en su verbo. 
Escuchémosla hablar, roto el silencio 
no atinaremos a llamarla ausente.



* * *


*  Enrique Lihn:(Santiago, Chile, 1929-1988). Poeta, novelista y ensayista chileno. Realizó sus estudios básicos en el Saint George College, posteriormente en el Colegio Alemán y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Miembro de la generación del 50, inició muy joven la carrera literaria, incursionando no sólo en poesía sino también en el campo de la novela, el ensayo y la crítica. Fue profesor del Departamento Humanístico de la Universidad de Chile y en 1965 viajó a Paris mediante una beca de museología de la Unesco. Posteriormente vivió en Cuba y EE.UU., gracias a la beca Guggenheim obtenida en 1978. Su obra poética consta de numerosas publicaciones, entre las que se destacan: Nada se Escurre (1949), Poemas de este tiempo y de otro (1955), Poesía de paso (1966), Situación Irregular (1977), A partir de Manhattan (1979), El Paseo Ahumada (1983) y Diario de la muerte (1989). De los galardones obtenidos sobresalen el Premio Municipal de Poesía 1970 por su obra La musiquilla de las pobres esferas y el Premio Casa de las Américas de Cuba por su obra Poesía de paso (1966).

*  Fuente: 


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