I will wait for you

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lunes, 4 de febrero de 2013

"... este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie."




Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas...

Pablo Neruda
“Veinte poemas de amor y una canción desesperada”



En la Comunidad El País de España, en Septiembre de 2012 aparecieron publicados unos artículos que en un carácter periodístico conforman una parte importante de la memoria histórica que hermana a España y Chile,  contando algunos hechos que dejan al descubierto la solidaridad del poeta Pablo Neruda,  particularmente hacia sus colegas y amigos más cercanos,  del mundo de las letras y las artes, así como para el pueblo español que sufrió la represión franquista.   Son documentos de alto valor histórico,  dignos de difundir para que no permanezcan perdidos y olvidados en polvorientas bibliotecas, en cambio tomen su sitio en la conciencia universal.  En algunos casos se trata de escritos del propio Neruda,  artículos de prensa y fotografías de época.

El 3 de septiembre de 2012 se cumplieron 73 años de la llegada del carguero Winnipeg a Valparaíso (Chile).  Había partido el 4 de agosto de 1939 desde el puerto de Trompeloup-Pauillac (Francia), con 2365 exiliados españoles, rescatados de campos de concentración.   Si bien es cierto el número total de emigrantes españoles no coincide de una versión a otra,   ello no opaca la veracidad de las fuentes.

“… un episodio histórico relativamente poco conocido de la vida de Pablo Neruda y su relación con España.  En 1934, Neruda es designado Cónsul de Chile en Barcelona y luego en Madrid.  Amaba entrañablemente a España y, en especial, a Andalucía, cuna de sus amigos García Lorca, Alberti, Manuel Altolaguirre, Alexandre, Cernuda, José Caballero, entre otros muchos.”  Todos pertenecientes a la llamada “Generación del 27”.  
Fernando de la Sierpe en su libro LOS ANDALUCES, NERUDA Y EL WINNIPEG

Fernando de la Sierpe ha escrito este relato como un homenaje al poeta Pablo Neruda, nacido en Parral, Chile, el 12 de Julio de 1904, en el centenario de su nacimiento celebrado en el año 2004;  también en homenaje a sus amigos, los poetas Rafael Alberti, del Puerto de Santa María y Luis Cernuda, de Sevilla,  de ambos se ha celebrado el centenario de su nacimiento,  en el año 2002.

Las declaraciones de Neruda han sido tomadas de su libro:  “España en el corazón”,  que fue publicado por primera vez con un tiraje de 500 ejemplares,  bajo la dirección de Manuel Altolaguirre,  terminándose esta 1ª impresión el 07 de noviembre de 1938,  a la que siguió una 2ª de 1.500 ejemplares con fecha 10 de enero de 1939.


El libro empieza con las siguientes palabras:

España en el corazón
Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra
Pablo Neruda



Noticia

El gran poeta Pablo Neruda, (la voz más profunda de América desde Rubén Darío,  como dijo García Lorca), convivió con nosotros los primeros meses de esta guerra.  Luego en el mar,  como desde un destierro,  escribió los poemas de este libro.  El Comisariado del Ejército del Este lo reimprime en España.  Son Soldados de la República quienes fabricaron el papel, compusieron el texto y movieron las máquinas.  Reciba el poeta amigo esta noticia como una dedicatoria.


"Ya he cantado y contado
lo que a manos llenas me dio España
y lo que me robó con agonía".

¿Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles.

¿Valía la pena cantar
cuando en España los puñales
dejaron un millón de muertos?


* * *






 El Winnipeg y Pablo Neruda

Tras la derrota del frente de Barcelona en 1939, quinientas mil personas cruzaron los Pirineos escapando de la persecución franquista, hacia una Francia que ya estaba aterrorizada por la amenaza nazi.  Evidentemente coludidos ambos regímenes, la mayoría de estas personas irían a parar a centros de detención e internamiento, que era el eufemismo de los campos de concentración.

Rafael Alberti, amigo de Neruda desde los tiempos en que había residido en Madrid y había ejercido como cónsul del gobierno chileno,  le escribió contándole de los problemas que tenían los civiles partidarios de La República que escapaban de Franco.  

Aunque trabajaba en ese momento en una de sus obras mayores, el Canto General, deja su casa de Isla Negra, para explicarle al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, la necesidad de ayudar a España.  El presidente le otorga el cargo diplomático de Cónsul especial para la Inmigración Española con sede en París.

Con una pierna escayolada parte hacia Francia y  junto a Delia del Carril, su mujer, dedican horas interminables a revisar una por una las solicitudes de los españoles para viajar hacia Chile.   El Gobierno Republicano en el exilio, a instancias de Neruda y a través del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE), fue quien contrató el vapor Winnipeg a la compañía France-Navigation para el traslado de los refugiados;  un viejo carguero francés que habitualmente hacía el recorrido entre Marsella y las costas africanas con no más de 20 pasajeros.  Las tareas de acondicionamiento del carguero se realizan a toda prisa, tanto como la reagrupación de familias españolas que permanecían separadas en distintos campos de concentración,  en Francia.  

Neruda describe el hecho pocas horas antes del embarque: “Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirantes.”





El 4 de agosto de 1939, dos mil setenta y ocho personas (1200 hombres, 418 mujeres y 460 niños) todos republicanos, procedentes de los campos de refugiados en Francia, se embarcaron en un viejo carguero de nombre Winnipeg, de bandera canadiense, de apenas cinco mil toneladas en el puerto francés de Trompeloup- Pauillac. Sólo contaba con mil quinientas plazas, por lo que el barco fue acondicionado especialmente para el viaje. Las bodegas de convirtieron en dormitorios y en la cubierta se improvisaron baños para hombres y mujeres.  Los botes salvavidas y las hamacas se transformaron en camarotes.

La noche que el Winnipeg levó anclas e inició la travesía, Pablo Neruda escribió:  


“Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.”


A los pasajeros se les entregó una colchoneta, una manta, dos sábanas, una almohada y una bolsa con productos para la higiene personal, junto a una tarjeta de colores para racionar los turnos de comida durante la interminable travesía.  Los niños recibieron material y un folleto en el que se contaba la historia de Chile, junto con un saludo de bienvenida, redactado por el propio Neruda, donde les hacía saber el afecto con que serían recibidos.

Eduardo Robles,  malacitano que trabajaba como actor y cantante de flamenco,  había recorrido España entera huyendo de las tropas franquistas:  Málaga, Madrid, Valencia y Barcelona, para, finalmente, atravesar la cordillera pirenaica hasta Francia. Una vez allí consiguió un billete para el Winnipeg.   Atrás dejó a su madre y su hermana pequeña, sólo él tuvo acceso al barco.  Manola Robles, hija de Eduardo, cuenta que su padre recordaba la solidaridad que se desplegó en aquella travesía:

“Todos aguantaban como podían, a pesar del hambre, el frío y el miedo.  Los que estaban en mejores condiciones trataban de entretener con cantos y juegos a los más pequeños. Él solía actuar como payaso para que los niños olvidaran las penurias. Como siempre decía, la travesía de aquel barco era como ir al fin del mundo por mar”






Muchas fueron las dificultades con que se encontró Neruda, por entonces Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París, y Delia del Carril, su compañera, los artífices de esta aventura.  Contaron con la ayuda de Pedro Aguirre Cerda, presidente de Chile, y la oposición de los sectores reaccionarios, que siempre son los mismos.  

A finales del mes de Julio de 1939, Pablo Neruda, Delia del Carril y el doctor José M. Calvo, se desplazaron a los campos de concentración de los demócratas franceses donde se encontraban los españoles que habían logrado huir de la dictadura.  La intención era  reclutar obreros, carpinteros y artesanos en general con destino a Chile, dónde era necesaria su mano de obra.

El criterio de selección de Neruda sólo tuvo un parámetro: sacar de allí a la mayor cantidad de personas posibles, pues a pesar de las exigencias de conocer un oficio, muchos de los que embarcaron en el Winnipeg eran intelectuales y artistas como José Balmes y Roser Bru (pintores), Mauricio Amster (profesor y artista), Leopoldo Castedo (historiador), Isidro Corbinos (periodista deportivo), José Ferrater Mora (Filósofo), Margarita Xirgu (actriz), Victor Pey (ingeniero) y José Gómez de la Serna, Francisco Galán, Agustín Cano, Arturo Lorenzo, Dolores Piera, José Ricardo Morales y Vicente Mengod.

 “Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirante"
Pablo Neruda, "Para nacer he nacido".

Lo que hizo Neruda, sin duda, se trataba de un acto de amor.   Se dirigió a Francia a cumplir “la más noble misión que he ejercido en mi vida: la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria. Así podría mi poesía desparramarse como una luz radiante venida desde América entre esos montones de hombres cargados como nadie de sufrimiento y heroísmo. Así mi poesía llegaría a confundirse con la ayuda material de América que, al recibir a los españoles, pagaba una deuda inmemorial”.  

Se le acusa a Neruda haber sido firme admirador de Stalin,  pero no hay que sacar las cosas de contexto,  fue estalinista cuando todos los comunistas lo eran,  cuando aún no se conocían los horrores que el gobierno de Stalin había cometido dentro y fuera de territorio soviético,  como "rehabilitaciones" en cárceles, ejecuciones masivas en los años 30s,  información que salió a la luz pública en 1987.

Entre las sombras que tuvo la historia del Winnipeg está la prohibición de trasladar a Trotskistas y Anarquistas.   Sin embargo algunos anarquistas como el aragonés Manuel Lazaro Grassa,  pudieron viajar en el Winnipeg, hasta Chile.

El gobierno chileno había fijado un número de emigrantes para que aprobarar la lista.   Neruda envió numerosas listas a Chile, que le fueron rechazadas.   El gobierno le dio instrucciones expresas de reclutar a  pescadores y artesanos.  Pero Neruda logró camuflar a algunos intelectuales, adjudicándoles falsos oficios.  El número real de personas que viajaron supera los 3.000.  

El Winnipeg arribó al muelle Prat de Valparaíso la soleada mañana del domingo 3 de septiembre de 1939,  con un valioso cargamento compuesto por 2078 españoles republicanos hacinados, desnutridos y casi desnudos que vuelven a pisar tierra firme tras casi un mes de travesía transatlántica.  Fueron recibidos por el entonces ministro de Sanidad, Salvador Allende y acogidos como héroes en Chile, en medio de un apoteósico acto con canciones de la guerra civil y carteles de bienvenida.  Un día antes habían pasado por el puerto de Iquique en el norte grande y un día después, el 4 de septiembre, llegan por tren los primeros refugiados republicanos a Santiago, a la Estación Mapocho.

Acogidos en la sociedad chilena, muchos de estos refugiados se desarrollarían y aportarían a Chile obras tan perennes como el acto de humanidad del poeta.  Nombres como Roser Bru, Josep Balmes o Leopoldo Castedo han pasado a formar parte destacada de la cultura que les vio llegar niños a bordo de un barco viejo, lleno de esperanzas, con ansias de libertad, desde la España rota una vez más por el delirio del pensamiento único.






Neruda cuenta sus impresiones acerca de esta experiencia:

“Me gustó desde un comienzo la palabra Winnipeg. Las palabras tienen alas o no las tienen.  La palabra Winnipeg es alada.  La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos.  Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo...

Ante mi vista, bajo mi dirección, el navío debía llenarse con dos mil hombres y mujeres.  Venían de campos de concentración, de inhóspitas regiones del desierto. Venían de la angustia, de la derrota y este barco debía llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acogía. Eran los combatientes españoles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura más de 30 años.  Yo no pensé, cuando viajé de Chile a Francia, en los azares, dificultades y adversidades que encontraría en mi misión. Mi país necesitaba capacidades calificadas, hombres de voluntad creadora. Necesitábamos especialistas.

Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los más remotos campamentos y llevarlos hasta aquel día azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mecía el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoción y desesperación.

Mis colaboradores eran una especie de tribunal del purgatorio.  Y yo, por primera y última vez, debo haber parecido Júpiter a los emigrados.  Yo decretaba el último Sí o el último No.  Pero yo soy más Sí que No, de modo que dije siempre Sí.

Estábamos ya a bordo casi todos mis buenos sobrinos, peregrinos hacia tierras desconocidas, y me preparaba yo a descansar de la dura tarea, pero mis emociones parecían no terminar nunca.  El gobierno de Chile, presionado y combatido, me instaba en un telegrama a cancelar el viaje de los emigrados.

Hablé con el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi país.  Era difícil hablar a larga distancia en 1939.  Pero mi indignación y mi angustia se oyeron a través de océanos y cordilleras y el Ministro se solidarizó conmigo.  Después de una crisis de gabinete, el Winnipeg, cargado con dos mil republicanos que cantaban y lloraban, levó anclas y enderezó rumbo a Valparaíso.”

Pablo Neruda
De España en el corazón.


* * *




“Bajo el mismo cielo”, obra ganadora del Primer Premio de Novela de Lectura Fácil convocada por CCOO, la autora es Núria Martí Constans y cuenta la historia de una madre y una hija que huyen de la Guerra Civil Española a bordo del Winnipeg, un barco que el escritor Pablo Neruda hizo salir de un puerto de Francia en 1939 rumbo a Chile.  Durante el viaje, se mezclan el miedo y la esperanza, hay enamoramiento y alegría.  Es una historia de una nueva vida en un nuevo país.  Es una historia de amistad, de solidaridad y de amor.

Editorial La mar de fácil,  con ilustraciones de Judit Canela.
Disponible también en catalán con el título de “Les mateixes estrelles”.





* * *



EXPLICO ALGUNAS COSAS



PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio 
de Madrid, con campanas, 
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía 
el rostro seco de Castilla 
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes 
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías, 
aglomeraciones de pan palpitante, 
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua 
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles, 
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas, 
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces, 
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas, 
bandidos con frailes negros bendiciendo 
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños 
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría, 
piedras que el cardo seco mordería escupiendo, 
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre 
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola 
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta, 
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo 
en vez de flores, 
pero de cada hueco de España 
sale España, 
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, 
pero de cada crimen nacen balas 
que os hallarán un día el sitio 
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía 
no nos habla del sueño, de las hojas, 
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles, 
venid a ver la sangre 
por las calles!


De “España en el corazón” 
Pablo Neruda









Misión de Amor

Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba con un remoto nombre
"Winnipeg"
pegado al malecón del jardín encendido,
a las antiguas uvas acérrimas de Europa.
Pero mis versos no venían
de Versalles,
del baile plateado, de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.
De más lejos,
de campos y prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco
claro,
al navío en la mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba.
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, ¡Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.


* * * 






*  Fuentes:


4)  EL WINNIPEG Y PABLO NERUDA

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