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domingo, 22 de abril de 2012

La memoria y el mar





La memoria y el mar


La marea, en el corazón, 
me zarandea como un cisne. 
Me muero en cada canción, 
de una inocencia al aire libre. 

Al fin un barco depende, 
de cómo atraque en el puerto. 
Mi firmamento se expande, 
mil años luz, cielo incierto. 

Soy el fantasma de luna, 
que sale noches de escarcha. 
Para abrazarte en la bruma, 
y recogerte en su marcha. 

En la almadraba de Julio, 
aquél atún solitario. 
Que parecía rezar, 
con las perlas de un rosario. 

Recuerda el perro de mar, 
que libramos de condena. 
Empeñado en enterrar, 
las algas sobre la arena. 

Late allí también la vida, 
con su pulmón de franela. 
Llora el tiempo a la deriva, 
frío gris que nos espera. 

Me acuerdo de aquellas tardes, 
corriendo sobre la espuma. 
Como caballos salvajes, 
las caricias una a una. 

Oh ángel del placer perdido, 
Oh rumor de aquella cumbre. 
Mi deseo y poderío, 
son ya nostalgia, 
de la lumbre. 

Diablo de las noches blancas, 
en su lento amanecer. 
Espada del paraíso, 
en el musgo del placer. 

Vuelve niña de los valles, 
vuelve violín de las parras. 
Al puerto donde las calles, 
cantan por los camaradas. 

Oh raro perfume salino, 
en el fuego de tu herida. 
Yo iba ciego a mi destino, 
como llama de amor viva. 

En el lecho fronda fiera, 
al final me sonreías. 
El azul de una vidriera, 
y tú mi melancolía. 

Las conchas de luces vuelas, 
bajo mis pies se rompían. 
Parecían castañuelas, 
sonando por bulerías. 

Ten piedad Dios de la piedra, 
de su sino ornamental. 
Cuando el cuchillo florezca, 
su pecado original. 

Yo notaba palpitante, 
la vida que presentía. 
Entre láminas de sangre, 
de una antigua profecía. 

Esa exactitud azul, 
sobre ese mar, 
nunca en calma. 
Que me devuelve la luz, 
a la memoria del alma. 

Ese rumor que allí brota, 
ese sol que ahora me ciega. 
Estas manos que están rotas, 
rumiantes manos de avena. 

Ese rumor me persigue, 
como un mendigo anatema. 
La negra sombra que insiste, 
en descifrar mi teorema. 

Y como viento de Enero, 
viene a golpear a mi puerta. 
Ese rumor callejero, 
como una música muerta. 

Se hundió la mar, 
se acabó, la arena vala en la playa. 
Como rebaño infinito, 
la mar pastora me llama.


* * *




Del álbum Vida de artista de Amancio Prada. Canción de Léo Ferré. Concierto de presentación en la Sala Manuel de Falla de la SGAE, en Madrid.


* Amancio Prada: (Dehesas, Ponferrada, León, 1949) compositor y cantautor español de basta formación y trayectoria.

En su música, de raíces populares, tienen cabida composiciones propias y canciones basadas en textos de los más diversos poetas antiguos y modernos, entre los que cabe citar, por su reiteración, a Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Agustín García Calvo y Chicho Sánchez Ferlosio. 

Mención aparte merece su celebrada versión para voz, guitarra, violín y violonchelo del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz,que ha merecido varias reediciones y el acuerdo unánime de la crítica. Cuando en 1977 se publicó por primera vez el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz musicado por Amancio Prada los oídos más atentos fueron conscientes de hallarse ante una obra singular. 

En su obra también muestra temas en gallego, su lengua natal. 

Su trayectoria profesional ha merecido diversas distinciones como: la Medalla IV Centenario de San Juan de la Cruz (1991), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2001), el Premio Xarmenta por su defensa de la lengua gallega de El Bierzo (2006) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2010). 

El poeta Juan Carlos Mestre en la presentación Del amor que quita el sueño dice de él: 

“Coherente en la estela de su propio camino, Amancio Prada retoma con estas canciones la antología del amor lírico que ya sólo perdura en el viento; las delicadas formas de cuanto hoy aguarda impaciente las promesas del alba: la vida cantada desde el puro deseo de su originaria belleza. La pasión y la brevedad de la vida, el anhelo de libertad y la sonrisa cómplice de los amantes que siguen siendo hoy, como entonces, el más conmovedor y hermoso testimonio de la inteligencia popular contra el poder y la muerte. Y el milagro de la juglaría, las bellas e inocentes guerras del amor que quita el sueño, se hacen cómplices cantos de dulzura en la voz del tan fiel como riguroso pájaro solitario que sigue siendo Amancio Prada”. 


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