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domingo, 15 de abril de 2012

"Soy el Amor y la Misericordia misma..."





LA GRAN PROMESA Revelación de Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690): 

«Te prometo, en una efusión misericordiosa de Mi Corazón, que el omnipotente Amor de Mi Corazón concederá el beneficio de la perseverancia final a los que por nueve meses seguidos, se acerquen a la Sagrada Mesa los primeros viernes de cada mes. No morirán sin recibir los Santos Sacramentos; y, en aquellos últimos momentos, Mi Corazón les será asilo seguro».   


En 1931 el Señor reveló a Santa Faustina Kowalska (1905-1938), una humilde religiosa polaca, que desea un día dedicado a honrar su Misericordia, para que aprendamos a confiar en ella:  “Yo deseo que haya una Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer Domingo después de la Pascua de Resurrección; ese Domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”. 


El 30 de abril del año 2000, coincidiendo con la canonización de Santa Faustina, “Apóstol de la Divina Misericordia”, el Beato Juan Pablo II instituyó oficialmente la Fiesta de la Divina Misericordia a celebrarse todos los años en esa misma fecha: Domingo siguiente a la Pascua de Resurrección.

Luego de su Homilía, el Beato Juan Pablo II anunció: «En todo el mundo, el segundo Domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».
Etimológicamente la  palabra Misericordia proviene de una  palabra de origen latino compuesta Miseri-cordia que significa: El Corazón de Jesús se apiada de nuestras miserias.



Él prometió que no nos negaría las peticiones que le hiciéramos con Fe y Esperanza, en la Hora de su Misericordia, hoy a las 15,00 hrs., hora en que entregó su Espíritu a las manos del Padre en la Cruz, por amor a todos los hombres.


El Papa Benedicto XVI explica como Juan Pablo II, valorando la experiencia espiritual de esta sencilla religiosa, "quiso que el Domingo después de Pascua estuviera dedicado de una forma especial a la Divina Misericordia; y la Providencia dispuso que él muriera precisamente en la vigilia de tal día [en las manos de la Misericordia Divina]. El misterio del Amor Misericordioso de Dios estuvo en el centro del pontificado de mi venerado Predecesor. Recordemos, en particular, la Encíclica DIVES IN MISERICORDIA de 1980, y la dedicación del nuevo Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, en 2002. Las palabras que él pronunció en esa última ocasión fueron como una síntesis de su magisterio, evidenciando que el culto de la Misericordia Divina no es una devoción secundaria, sino dimensión integrante de la fe y de la oración del cristiano." (Benedicto XVI, Ángelus. Domingo 23 de abril de 2006).



Durante la década de 1930, Santa Faustina anotó en su Diario las enseñanzas recibidas directamente de Nuestro Señor Jesucristo en torno a su Divina Misericordia; sus experiencias místicas, así como sus reflexiones y oraciones. El Diario es un verdadero tesoro, que “descorre las cortinas del cielo” y cuya lectura llega directamente al alma del lector, ya que es a él a quien está dirigido.



"La Misericordia Divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: "Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pedirá Jesús a Sor Faustina (Diario, 374). Cristo derrama esta Misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la Misericordia un "segundo nombre" del Amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón? (Beato Juan Pablo II).


Dios sabe obtener siempre del mal algo bueno. Quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (cf. 1 Tm 2,4): Dios es Amor (cf. 1 Jn 4,8). Cristo Crucificado y Resucitado, como se apareció a Sor Faustina, es la revelación suprema de esta verdad.

Es como si Cristo hubiera querido decir a través de ella: "¡El mal nunca consigue la victoria definitiva!". El misterio pascual confirma que, a la postre, vence el bien; que la vida prevalece sobre la muerte y el amor triunfa sobre el odio". (Juan Pablo II, Memoria e Identidad.)

¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Misericordia divina! Señor, que con Tu Muerte y Resurrección revelas el Amor del Padre, creemos en Ti y con confianza te repetimos hoy: ¡Jesús, confío en Ti, Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero! ..." (Juan Pablo II, Ángelus "postumo", Domingo de la Divina Misericordia, 3 de abril de 2005)

* * *





ORACION DE JUAN PABLO II

Dios, Padre Misericordioso, que has revelado Tu Amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo;
Te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre. 
Inclínate hacia nosotros, pecadores; 
sana nuestra debilidad; derrota todo mal; 
haz que todos los habitantes de la tierra experimenten Tu Misericordia, 
para que en Ti, Dios Uno y Trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza. Padre Eterno, por la Dolorosa Pasión y Resurrección de Tu Hijo, 
Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero.
Amén.


* * *








Lo principal del Mensaje de Jesucristo en torno a la Divina Misericordia:

«Os doy un mandamiento nuevo... Amaos unos a otros como Yo los he amado.» (Juan 13, 34).


«Sean misericordiosos, como su Padre es Misericordioso» (Lucas 6, 36).


«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán Misericordia» (Mateo 5, 7)


«Soy el Amor y la Misericordia Misma» . (Diario, 1074).


«La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la Misericordia Divina»  (Diario, 132).


«Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi Misericordia». (Diario, 687) 
«Que se acerquen a ese Mar de Misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi Misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina»  (Diario, 1520)
«El alma que confía en Mi Misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella»  (Diario, 1273)
«Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia: la primera: es la acción; la segunda: la palabra; y la tercera: la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi Misericordia»  (Diario, 742)


«Pedid y se os dará... porque todo el que pide, recibe ... » (Mateo 7,7-8).


«Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFIO" (Diario, 327).


«Me deleitan las almas que recurren a Mi Misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi Compasión». . (Diario, 1146).


«En la Cruz, la Fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna» (Diario, 1182).


«Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero... permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido»  (Diario, 1485).


«A las almas que propagan la devoción a Mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso»  (Diario, 1075).

“Venid a mí todos los que estén cansados y agobiados, que yo los aliviaré”.

La imagen del Señor de la Misericordia es la del Resucitado, con las huellas de la pasión en sus manos y su costado.  De allí parten rayos rojos y blancos.  Que tienen un doble significado:

“Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fué abierto por una lanza en la Cruz… Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí”.

Los rayos blancos representan el sacramento del Bautismo y los rayos rojos el sacramento de la Eucaristía,  las fuentes de agua viva de que habló Jesucristo con la samaritana.

Su mano derecha levantada en ademán de bendecir.



Cuando saludó a los Apóstoles atemorizados y desalentados por su pasión y muerte, el Resucitado les dice: «La paz con vosotros» (Jn 20, 19). Cuando Cristo se aparece a san Juan en la isla de Patmos, le dirige esta invitación: «No temas, YO SOY, el Primero y el Último, el que Vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno» (Ap 1, 17-18). Y en medio de la tempestad, anima a sus apóstoles atenazados por el miedo:  «¡Animo!, que YO SOY, no temáis.»

El YO SOY indica la naturaleza divina de Jesucristo, Hijo de Dios, ya que hace presente al "YO SOY EL QUE SOY", YAHVEH, el Dios Único y Verdadero, revelado en el Antiguo Testamento.

En la Biblia se menciona 365 veces la frase “No tengáis miedo” (una por cada día del año) y nos muestra muchos ejemplos de cómo la fe permite sobreponerse al miedo y nos mueve a atrevernos en esta vida.

Lo hicieron Abraham, Moisés, María, los mártires, los amigos de Jesús. La fe les permite atravesar la “noche existencial”, el “desierto del alma” y dar un salto confiado, hacia el vacío, en la fe, la confianza y la espera, de que Dios está ahí, para recibirnos. Eso, ni más ni menos es la muerte: un salto confiado al vacío, sabiendo que alguien me espera y me recibe.  El “No tengáis miedo” de Jesús es a la vez una invitación y una promesa.
"¡El mal nunca consigue la victoria definitiva!". El misterio pascual confirma que, a la postre, vence el bien; que la vida prevalece sobre la muerte y el amor triunfa sobre el odio". (Juan Pablo II, Memoria e Identidad)    




"Jesús,  en Ti Confío"  



*  Fuente:  http://www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter654.htm                     

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