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domingo, 8 de abril de 2012

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (El Triduo Pascual)

Vicente Juan Macip - La Última Cena

La Cuaresma es el tiempo de preparación para entrar en la Semana Santa. Ésta se inicia el Domingo de Ramos. Dentro de ella destaca el TRIDUO PASCUAL, los días Jueves, Viernes y Sábado Santos, en que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

El Jueves Santo es el día en el que se conmemora la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio Ministerial. Por la mañana, cada comunidad diocesana se reúne en la Iglesia catedral con el obispo y celebra la Misa del Crisma. También tiene lugar la renovación de las promesas sacerdotales.

En la tarde del Jueves Santo inicia realmente el Triduo Pascual, con la memoria de la Última Cena, en la que Jesús instituyó el memorial de su Pascua, dando cumplimiento al rito pascual judío.

Giovanni Battista Tiepolo - Lavado de pies


En la Última Cena Jesús lava los pies a los apóstoles, invitándoles a amarse unos a otros como Él los amó, hasta dar su vida por ellos. Al repetir este gesto en la liturgia, también nosotros estamos llamados a dar testimonio activo del amor de Jesucristo y de nuestro amor por nuestros hermanos.






Institución de la Eucaristía.

17. Venida la tarde, fue Él con los Doce.
18. Y mientras estaban en la mesa y comían, Jesús dijo: "En verdad os digo, me entregará uno de vosotros que come conmigo".
19. Pero ellos comenzaron a contristarse, y a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo?".
20. Respondióles: "Uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato.
21. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay del hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido".
22. Y mientras ellos comían, tomó pan, y habiendo bendecido, partió y dio a ellos y dijo: "Tomad, éste es el cuerpo mío".
23. Tomó luego un cáliz, y después de haber dado gracias dio a ellos; y bebieron de él todos.
24. Y les dijo: "Esta es la sangre mía de la Alianza, que se derrama por muchos.
25. En verdad, os digo, que no beberé ya del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beberé nuevo en el reino de Dios".
26. Y después de cantar el himno, salieron para el monte de los olivos.


Promesas de fidelidad

27. Entonces Jesús les dijo: "Vosotros todos os vais a escandalizar, porque está escrito: 'Heriré al pastor, y las ovejas se dispersarán'.
28. Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea".
29. Díjole Pedro: "Aunque todos se escandalizaren, yo no".
30. Y le dijo Jesús: "En verdad, te digo: que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres".
31. Pero él decía con mayor insistencia: "¡Aunque deba morir contigo, jamás te negaré!". Esto mismo dijeron también todos.




El Jueves Santo termina con la Adoración Eucarística, en recuerdo de la agonía del Señor en el Huerto de Getsemaní, noche en que consciente de su muerte inminente en la cruz, siente una inmensa tristeza.




ADORO TE DEVOTE

(Santo Tomás de Aquino)


Te Adoro con fervor, Deidad oculta,
Que estás bajo estas formas escondido;
A Ti mi corazón se rinde entero
Y desfallece todo si te miro.

Se engaña en Ti la vista, el tacto, el gusto,
Mas, tu palabra engendra Fe rendida;
Cuanto el Hijo de Dios ha dicho, creo;
Pues no hay verdad cual la verdad divina.

En la Cruz la Deidad estaba oculta,
Aquí, la humanidad yace escondida;
Y uno y otro creyendo y confesando,
Imploro yo lo que imploraba Dimas.

No veo, como vio Tomás tus llagas,
Mas, por su Dios te aclama el alma mía;
Haz que siempre, Señor, en Ti yo crea,
Que espere en Ti y te ame sin medida.

¡Oh memorial de la Pasión de Cristo,
Oh Pan Vivo que al hombre das la vida!
Concede que de Ti viva mi alma,
Y guste de tus célicas delicias.

Jesús mío, pelícano piadoso, (*)
Con tu sangre mi pecho impuro limpia,
Que de tal Sangre una gotita puede
A todo el mundo salvar de su malicia.

Jesús, a quien ahora miro oculto,
Cumple Señor lo que mi pecho ansía,
Que a cara descubierta contemplándote
Por siempre goce de tu clara vista.


* * *






(*) este símbolo se basa en el hecho de que el pelícano, cuando no tiene comida que dar a sus hijos, se picotea el pecho para que beban su sangre.






"Él soportó el castigo que nos trae la paz"

El Viernes Santo se conmemora la pasión y muerte del Señor; adoramos a Cristo crucificado, y con el silencio, la contemplación, la meditación, la oración, la penitencia y el ayuno compartimos sus sufrimientos. 


Ecce homo  -  Annibale Carracci 


"Despreciado por los hombres y marginado,
hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara,
no contaba para nada y no hemos hecho caso de Él.

Sin embargo eran nuestras dolencias las que Él llevaba,
eran nuestros dolores los que le pesaban.

Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado,
y eran nuestras faltas por las que era destruido,
nuestros pecados, por los que era aplastado,

Él soportó el castigo que nos trae la paz
y por sus llagas hemos sido sanados.

Fue maltratado y Él se humilló y no dijo nada,
fue llevado cual cordero al matadero,
como una oveja que permanece muda cuando la esquilan." 

(Isaías 53, 3-7) 



"No hay amor más grande que dar la vida por los amigos"



Cristo de San Juan de la Cruz  -  Salvador Dalí


SÍMBOLOS Y SIGNOS EN LA CRUCIFIXIÓN


El lanzazo de Longinos es el culmen del sacrificio de Cristo, nos muestra su Sagrado Corazón traspasado y abierto a nuestras miserias (cf.Jn.19,31-37) y nos ofrece un costado abierto para que todos los cansados y agobiados entren en él en busca de refugio y descanso.

Esta escena de la Cruz tiene inagotables connotaciones sacramentales y eclesiales. Principales consideraciones:

• Jesús fue crucificado a la misma hora en que en el templo judío, los corderos de la Pascua eran inmolados.

• La tradición rabínica indica que el cordero del sacrificio debía ser degollado y luego se le abre el corazón y se le deja desangrar.

• Jesús muere por lo tanto a la manera de una víctima sacrificial, como fuera profetizado en el Antiguo Testamento y por Juan El Bautista que lo presenta como “El Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.

• Aún cuando para apresurar la muerte a los crucificados, se les quebraba las piernas, en el caso de Jesucristo, por su pérdida extraordinaria de sangre (azotes, corona de espinas, vía crucis con sus 7 caídas), murió a las pocas horas de ser crucificado. Para asegurarse que había muerto, se ordena traspasar el torso con la lanza romana.  “Mirarán al que traspasaron” (Zacarías 12,10)

“Y al momento brota sangre y agua”. El agua como ofrenda extrema, cuando ya no queda sangre. Primero brota sangre, como ofrenda expiatoria de Cristo que se perpetúa en el sacramento de la Eucaristía. Luego brota agua como acción del Espíritu Santo que purifica y vivifica a través de los sacramentos, el primero el Bautismo.

• El costado abierto de Cristo en la Cruz, (su costado derecho) es signo del nacimiento de la Iglesia, como la Eva que nace del costado de Adán. 

• Los huesos conservados incólumes, sin quebrar, significan la unidad de la Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo. Entre los judíos debía sacrificarse en la Pascua un cordero inmaculado por familia o grupos de familias. Por eso Jesucristo es el único sacrificio agradable a los ojos del Padre, para una sola Iglesia, una sola humanidad, un Único Cordero. (Universalidad de la Salvación).

• En el AT, en muchos pasajes se anticipan y describen los padecimientos del Mesías. También se habla de la fuente de aguas vivas que es el Costado Abierto de Cristo.

• En la Cruz el Señor es levantado con los brazos abiertos, para atraer a todos hacia Él. A sus pies nace la Iglesia.

Todo es perfecto en el Sacrificio de Cristo: la inspiración del amor y la libertad del cumplimiento, todo fue cumplido voluntariamente por amor. Nos enseña el mismo Jesús: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Mientras estuvo en la Cruz, fue tentado por judíos y romanos a bajar de ella, para librarse del tormento y demostrar su poder, pero escogió amar.


* Fuente:  “Histoire doctrinal du culte au Coeur de Jesús” del P. Bertrand de Margarie S.J. (Tomado de ACIPRENSA)


“Miremos al que traspasaron” 

... y así todo su sacrificio no será en vano.


Dirigiendo la mirada a aquel que traspasaron, podremos alcanzar el corazón atravesado, que mana sangre y agua como una fuente inagotable, ese corazón del que surge el amor de Dios por todos nosotros, para que recibamos su espíritu. Si el Viernes Santo acompañamos a Jesús en el Calvario y nos dejamos guiar por Él hasta la cruz, recibimos la ofrenda de su cuerpo inmolado.


"Bendita la pena que mereció tal Redentor"


"El de las treinta monedas de plata,
el que te abofetea, el que te escupe,
el que te golpea, el que se burla de Ti,
el que te corona de espinas,
el que grita ¡crucifícalo! ¡crucifícalo!,
el que ahora se lava las manos...
¿Seré yo, Maestro?"
("Interrogantes" de Gustavo Donoso)


Sábado Santo: día de ausencia, de silencio, de espera... La hora de la Madre


Domingo Valdivieso (1830-1872)  -  Eldescendimiento (1864)  -  Museo El Prado

"Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección" (Circ 73). 

Callan las campanas y los instrumentos. El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío.

La Cruz sigue entronizada desde ayer. Central, iluminada, con un paño rojo, con un laurel de victoria. Jesucristo ha querido vencer con su propio dolor el mal de la humanidad. 

Es el día de la ausencia. Es el día del silencio. Jesucristo nos ha sido arrebatado. Día de dolor, de reposo, de esperanza, de soledad. El mismo Cristo está callado. Él, que es el Verbo de Dios, la Palabra, está callado. Después de su último grito de la cruz "¿por qué me has abandonado"?- ahora él calla en el sepulcro.  Descansa: "consummatum est", "todo se ha cumplido".

Pero este silencio se puede llamar plenitud de la palabra. El anonadamiento, es elocuente. "Fulget crucis mysterium", "resplandece el misterio de la Cruz." 

El Sábado es el día en que experimentamos el vacío. Si la fe, no estuviera ungida de esperanza, caeríamos en el desaliento: "nosotros esperábamos... ", decían los discípulos de Emaús. 

"...se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo...se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, es decir conociese el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios después de realizar la salvación de los hombres, que establece en la paz al universo entero".

Y junto a Él, como su Madre María, la “Mater Dolorosa” está la Iglesia, callada, como Él. En espera…


La victoria definitiva sobre la muerte


Por último, en la noche del Sábado Santo, celebramos la solemne Vigilia Pascual, en la que se anuncia gozosa la resurrección de Cristo, su victoria definitiva sobre la muerte, que nos desafía a ser hombres nuevos en Él".

El Domingo de Resurrección que empieza desde el atardecer del Sábado. Es la ocasión en que incluso la Iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Se celebra el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. 





Es nuestra esperanza: "Aquél que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales" (San Pablo),  así Jesucristo Resucitado es primicia de nuestra propia resurrección. Estamos llamados a vivir eternamente con Él.

La Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquél que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte más horrenda en la cruz?, ¿con la victoria de Aquél que anteriormente fue flagelado, abofeteado, cubierto de salivazos, con tanta inhumana crueldad?

Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al Resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada, para comprobar que en Jesucristo y con Él, el bien triunfa sobre el mal.


"Si habéis resucitado con Cristo… cuando se manifieste EL QUE ES nuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él" (Col. 3 1-4).





¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.

Amén. 


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