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viernes, 29 de junio de 2012

Cuando el gavilán se vuelve paloma...

DON JUAN TENORIO Y DOÑA INÉS 

El cantante Francisco d'Andrade como Don Giovanni en la ópera de Mozart
pintura de Max Slevogt  
(1912)

La historia de un burlador que es transformado por la fuerza del amor.  Es figura recurrente en la literatura,  Tirso de Molina, en 1630 es quien crea el personaje de Don Juan Tenorio,  que nos presenta con nombre y apellido en El burlador de Sevilla y convidado de piedra.  Y es José Zorrilla, quien lo populariza en 1844 cuando estrenó su Don Juan Tenorio.  Pertenece a la saga del seductor osado hasta la temeridad que no respeta ley divina ni humana.

Escribieron obras inspiradas en este personaje: 
Antonio de Zamora No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague,

Molière Dom Juan ou le festin de Pierre (1665)
Samuel Richardson, creador del libertino Lovelace en su novela Clarisa Harlowe
Lorenzo da Ponte, libretista de Mozart, Don Giovanni (1787)
Choderlos de Laclos, famoso por su libertino vizconde de Valmont en su novela epistolar Las amistades peligrosas (1782)
Lord Byron, Don Juan (1819-1824, incompleto por su muerte)
José de Espronceda, el Don Félix de Montemar de su El estudiante de Salamanca (1840)
José Zorrilla,  Don Juan Tenorio (1844)
Azorín, (José Augusto Trinidad Martínez Ruiz), con su Gonzalo Torrente Ballester, Don Juan

Otros : Johann Christian Grabbe, Alejandro Dumas, Carlo Goldoni, Edmond Rostand y Max Frisch. 

En España ha sido una tradición teatral constante el representar la obra de Antonio de Zamora y, después, la de José Zorrilla, en todas las festividades de Todos los Santos.




El Beso - Francesco Hayez (Venecia 1791 - Milán 1882)
Pinacoteca de Brera, Milán, (1859)


Don Juan:



¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?

Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?

Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?

Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?

Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?

¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

Con estos versos don Juan Tenorio cae rendido a los pies de doña Inés,  redimido por amor.



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