I will wait for you

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domingo, 11 de diciembre de 2011

“Maranatha”, el Señor viene.

Adviento

Adviento deriva de adventus, venida, llegada. El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. La liturgia tiende a que reconozcamos que nuestro gozo es incompleto, quien espera es porque le falta algo o alguien. Y nuestra espera esperanzada culminará la Noche Buena, en que celebramos la Natividad de Jesús,  el esperado de los tiempos.

En el Antiguo Testamento los profetas habían anunciado la venida del Mesías y habían mantenido viva la espera vigilante del pueblo elegido. A nosotros también se nos invita a vivir este tiempo con esos mismos sentimientos, para poder saborear así la alegría de las fiestas navideñas, ya inminentes.

Se inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Tiene una duración de cuatro semanas.

Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento.

Podemos distinguir dos periodos. En el primero de ellos, que se extiende desde el 1er domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, aparece con mayor relieve el aspecto escatológico y se nos orienta hacia la espera de la venida gloriosa de Cristo en la Parusía. Se lee en forma especial a Isaías en sus profecías mesiánicas.



Las lecturas de la Misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: su venida al final de los tiempos, su venida ahora, cada día, y su venida de hace dos mil años.

La primera de las semanas de adviento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento". 

La segunda semana nos invita, por medio de Juan Bautista a «preparar los caminos del Señor»; esto es, a mantener una actitud de permanente conversión. Jesús sigue llamándonos hoy, pues la conversión es un camino que se recorre durante toda la vida. La Iglesia nos invita al Sacramento de la Reconciliación.



El 16 se inicia la Novena de Navidad y en algunos lugares se acompaña con Las Posadas.

En el segundo periodo, que abarca desde el 17 hasta el 24 de diciembre inclusive, todo se orienta más directamente a la preparación de la Navidad. Se nos invita a vivir con más alegría, porque estamos cerca del cumplimiento de lo que Dios había prometido. Los evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús.




La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues está cada vez más cerca el día de la venida del Señor.
Debemos acercarnos a la Madre y compartir su espera gozosa e ir a Jesús por María. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir con ella: “Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?”


* * *

Cum Maria contemplemur Christi vultum!

Santa María, Madre de Dios y Madre de Misericordia.
Tú has dado al mundo la verdadera Luz,
Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.
Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros podamos llegar a ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento.

Benedicto XVI. Oración conclusiva de la Encíclica Dios es Amor


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La Iglesia nos invita a rezar el Rosario en familia.

Finalmente, la cuarta semana ya nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo".



Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. 

“Maranatha” del arameo maravn-ajqav, "El Señor viene". Expresión que fue usada por Pablo al final de su Primera epístola a los Corintios 16:22: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Maranatha.” 



*  Fuente:


1 comentario:

  1. ¡Gracias hermoso ser de luz !
    quedó precioso, gotitas de amor

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"Las distancias tocadas por la gracia vuelven amigos a los extraños."