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domingo, 13 de noviembre de 2011

Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena...

Viva el pelo  - Julio Romero de Torres




“Mi aspiración, mi único anhelo, es que de toda mi obra 
quedara un cuadro, uno sólo. 
Hacer una obra que llevara algo de eternidad”.
Julio Romero de Torres




LA MORENA DE MI COPLA

letra de Jofre y música de Carlos Castellano.


Julio Romero de Torres 
pintó a la mujer morena
Con los ojos de misterio 
y el alma llena de pena

Puso en sus manos de bronce 
la guitarra cantaora
Y en su bordón un suspiro 
y en su capa una dolora.

Morena
La de los rojos claveles
La de la reja florida
La reina de las mujeres

Morena
La del bordado mantón
La de la alegre guitarra
alma del pueblo español

Como escapada de un cuadro 
y en el sentir de una copla
Toda España la recibe 
y toda España la llora.

Prenda con su taconeo 
la seguirilla de España
Y en sus cantares morunos 
en la venta de Eritaña... 


Abanico  y Flores  -  Julio Romero de Torres 



Julio Romero de Torres (Córdoba 1874 –1930) pintor que plasmó como nadie la belleza de la mujer española.  Sus cuadros muestran una marcada influencia de la pintura italiana del renacimiento,  teniendo como maestros a Botticelli, Da Vinci, Tiziano y los prerrafaelistas británicos.  Destaca el espíritu del cuadro como un crisol del alma popular,  entre mundano y espiritual.  De Da Vinci toma el tratamiento de los fondos casi oníricos, como en medio de una difusa niebla.  Los objetos están cargados de simbolismo.  Las figuras humanas destacan en primer plano,  como la Gioconda o las Madonas de Leonardo.  Erotismo y sensualidad en la encarnada desnudez de sus modelos,  penetrados por una luz fugaz. 

“La pena negra que corre a través de sus cuadros como aguas profundas, cuando no estancadas.”  Los temas parecen sacados del “cante hondo”,  como él mismo lo advierte:

“El principal motivo inspirador de mis cuadros reside en la emoción trágica, atormentada y doliente de ese hondo cantar andaluz, que más bien que cantar es una salmodia, una plegaria, una queja o un insulto. Mis cuadros son el producto, más o menos genuino, de esa emoción popular que yo he sentido durante toda mi vida”.


La Chiquita piconera  -  Julio Romero de Torres

Una de sus principales modelos fue María Teresa López que trabajó con él desde los 14 años,  por tres pesetas la sesión, en las que debía permanecer inmóvil durante horas.   A los 16 años cuando fue retratada por Julio Romero de Torres en su último cuadro, La Chiquita piconera”, considerado su verdadero testamento pictórico, concluido entre enero y febrero de 1930, apenas tres meses antes de su muerte, acaecida el 10 de mayo, a los 55 años,  aquejado de una especie de cirrosis hepática.





La imagen de esta joven había sido impresa en casi mil millones de los antiguos billetes marrones de 100 pesetas.  Ella nació el 11 de septiembre de 1913,  en el rancho de su padre, en las cercanías de Buenos Aires,  a donde sus padres llegaron a “hacer las américas”.
La familia volvió a España cuando la niña cumplió los siete años. Llegaron a bordo del transatlántico Reina Victoria Eugenia y la travesía hasta Cádiz duró tres semanas.


María Teresa López a los 16 años

La joven adolescente sufrió el acoso del maestro,  pero se mantuvo firme toda su vida,  inmune a los sentimientos del pintor.  Sin embargo corrían las habladurías acerca de que ella se había convertido en su amante.  Siendo estos recuerdos los más dolorosos de su vida. 
Fue entrevistada por Juan Carlos de la Cal de el mundo.es cuando cumplía 89 años,  en una residencia para ancianos del Hospital de San Sebastián en Puebla del Río, Córdoba, el año 2002.


María Teresa López a los 89 años (2002)


“Conforme pasaba el tiempo me fui dando cuenta de lo que verdaderamente quería de mí. A partir de ese momento y hasta su muerte, tres años después, casi no pintó a otras porque estaba obsesionado por poseerme. Por eso me pintaba una y otra vez, a ver si había una ocasión y a la fuerza lo conseguía.  (…) No me atreví a decírselo a mi padre para evitar un escándalo, porque él tenía negocios con el hermano de Julio, Enrique, y seguí acudiendo a posar, rezando para que su familia no lo dejase solo conmigo. Afortunadamente creo que su mujer se dio cuenta de algo y siempre estaba al acecho, entrando al estudio con cualquier disculpa y poniéndole a él de mal humor”, cuenta María Teresa en sus memorias.

Julio Romero de Torres siempre tuvo fama de seductor y mujeriego. En 1899 se casó con Francisca Pellicer, hija de un ingeniero de minas, mayor que él, con la que tuvo tres hijos.

Desde temprano sufrió el repudio social por el cuadro Vividoras del amor, de 1906, en el que retrató a cuatro mujeres –presuntas prostitutas– calentándose en torno a un brasero, a la espera de clientes. Esta obra fue rechazada por “inmoral” en la Exposición Nacional de Bellas Artes de aquel año, hecho que fue condenado por el círculo de intelectuales de la Generación del 98, encabezado por Valle-Inclán.  En su época,  la obra de Romero de Torres fue vilipendiada por el mundo académico, que la calificaba de escandalosa, y por los pintores modernos que lo consideraban ajeno a la vanguardia,  sin embargo el rechazo le sirvió para ganar fama.

Entre sus conquistas más famosas figuran Elena Pardo, actriz que posó para otro cuadro inacabado, precursor de La Chiquita piconera; Carmen Serna, modelo, de la que se dice murió de dolor pocos días después de morir el pintor; Dolores Castro, cantante, conocida como Dora, la cordobesita, que acabó ilustrando la etiqueta de anís La Cordobesa; Elisa Muñiz, bailarina sevillana; Amarantina, que aparece reiteradamente en sus cuadros abrazada a una guitarra o recostada en un cojín con esa perturbadora belleza andaluza. 

La Guitarrista  -  Julio Romero de Torres (1919)


Todos estos rumoreados amores terminaron convertidos en coplas extendidas como reguero de pólvora por toda España:

¡Ay chiquita piconera, mi piconera chiquita!
Esa carita de cera a mí el sentío me quita
Te voy pintando y pintando
al laíto del brasero
y a la vez me voy quemando
de lo mucho que te quiero
Válgame San Rafael
tener el agua tan cerca y no poderla beber...

Según Nicolás-Miguel Callejón, uno de los autores de esta letra, el propio pintor le había confesado, poco antes de morir, el amor que sentía por María Teresa López.

La Malagueña  -  Julio Romero de Torres (1917)

Otra de sus modelos, Concepción Cabezón, fue ubicada el mismo año 2002,  cuando tenía  97 años y sufría de alzheimer, en una residencia de ancianos Rovira-Tarazona, de Riaza, Segovia, donde vivía por 14 años.  En su juventud, Concepción reunía todas las condiciones para ser pintada por Julio Romero de Torres: ojos grandes, morena, pelo largo, ancha de caderas... Había trabajado para él durante sus últimos años de estancia en Madrid.

En los últimos años, la crítica ha revisado la pintura de Romero de Torres, enraizada en la poética andaluza, y ha logrado reivindicarla,  con la intervención de entidades como el Museo de Bellas Artes de Bilbao que organizó una exposición monográfica de su obra. En la muestra se aprecia su personal interpretación del Simbolismo o el eclecticismo de sus fuentes de inspiración: los renacentistas y prerrafaelistas británicos.


En el Museo de Bellas Artes de Valparaíso, Chile, Pascual Baburizza, junto a dos obras de Julio Romero de Torres  
(octubre de 2014, Encuentro de poetas con Commisso editore).


*  Fuente:

José Carlos Romero





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