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sábado, 31 de marzo de 2012

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!


Domingo de Ramos
1 de Abril de 2012

Color: Rojo
Santoral:  Beato Ludovico Pavoni  -  San Celso, Arzobispo de Armagh (Irlanda)






Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén

Desde la cima del monte de los Olivos, Jesús contempla la ciudad de Jerusalén, y llora por ella.  Mira cómo la ciudad se hunde en el pecado, en su ignorancia y en su ceguera.  Lleno de misericordia se compadece de esta ciudad que le rechaza.  Nada quedó por intentar: ni milagros, ni palabras...  ¡Cuánto se asemeja nuestra vida a esta Jerusalén!






Evangelio: Marcos 14,1-15,47

"Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte"


Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente, al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: "El Señor lo necesita y lo devolverá pronto".

Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: "¿Por qué sueltan al burro?" Ellos le contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó.
Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. 

Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: "¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosana en el cielo!".






Unción de Jesús en Betania.

1. Dos días después era la Pascua y los Ázimos, y los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban cómo podrían apoderarse de Él con engaño y matarlo.
2. Mas decían: "No durante la fiesta, no sea que ocurra algún tumulto en el pueblo".
3. Ahora bien, hallándose Él en Betania, en casa de Simón, el Leproso, y estando sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro lleno de ungüento de nardo puro de gran precio; y quebrando el alabastro, derramó el ungüento sobre su cabeza.
4. Mas algunos de los presentes indignados interiormente, decían: "¿A qué este despilfarro de ungüento?
5. Porque el ungüento este se podía vender por más de trescientos denarios, y dárselos a los pobres". Y bramaban contra ella.
6. Mas Jesús dijo: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo.
7. Porque los pobres los tenéis con vosotros siempre, y podéis hacerles bien cuando queráis; pero a Mí no me tenéis siempre.
8. Lo que ella podía hacer lo ha hecho. Se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura.
9. En verdad, os digo, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, en el mundo entero, se narrará también lo que acaba de hacer, en recuerdo suyo".
10. Entonces, Judas Iscariote, que era de los Doce, fue a los sumos sacerdotes, con el fin de entregarlo a ellos.
11. Los cuales al oírlo se llenaron de alegría y prometieron darle dinero. Y él buscaba una ocasión favorable para entregarlo.


Preparación para la Última Cena.

12. El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la Pascua, sus discípulos le dijeron: "¿Adónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua?"
13. Y envió a dos de ellos, diciéndoles: "Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle,
14. y adonde entrare, decid al dueño de casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi aposento en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
15. Y él os mostrará un cenáculo grande en el piso alto, ya dispuesto; y allí aderezad para nosotros".
16. Los discípulos se marcharon, y al llegar a la ciudad encontraron como Él había dicho; y prepararon la Pascua.



Lecturas de la liturgia


Cristo varón de dolores  -  Bartolomé Esteban Murillo


Primera Lectura: Isaías 50,4-7

"No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado"

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabilaba el oído,
para que escuche como los iniciados.
El Señor me abrió el oído; y yo no resistí ni me eché atrás:
ofrecí la espalda a los que me apaleaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.


Salmo Responsorial: 21

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
"Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto le quiere."

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"



Cristo de San Juan de la Cruz  -  Salvador Dalí



Segunda Lectura: Filipenses 2,6-11
"Se rebajo, por eso Dios lo levantó sobre todo"

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


Reflexión:

Jesús hizo su entrada en Jerusalén como Mesías, pero montando un humilde borrico, tal  como había sido profetizado (Zacarías 4, 4).  Los cantos del pueblo fueron claramente mesiánicos; esta gente conocía bien las profecías y se llena de júbilo al reconocer en Jesucristo al Mesías prometido.  Jesús admite el homenaje,  aunque con humildad,  porque es un modo de prepararse para el sacrificio de la Cruz.

¡Tantas veces Jesús se ha encontrado con nosotros!  ¡Tantas gracias ordinarias y extraordinarias ha derramado sobre nuestra vida!  Él toma la iniciativa y el hombre responde a veces con alabanzas,  como ese día en Jerusalén y pronto se olvida de Él,  como el pueblo frente a Pilatos,  que prefirió a Barrabás.  

Sabemos que aquella entrada triunfal fue muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto y cinco días más tarde el hosanna se transformó en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén pide de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan. El hombre es capaz de lo mejor y de lo peor.  

Estamos invitados a caminar con Jesús hacia Jerusalén y acompañarlo junto a María, en la Vía Dolorosa hacia el Calvario. 
¿Seremos capaces de esta fidelidad?  Sólo así seremos dignos de algún día resucitar con Él.  

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vidadice el Señor.  (La única Verdad, el único Camino, la única Vida).


*  Fuente:



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