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jueves, 2 de febrero de 2012

El Amor, un acto de reconocimiento y pertenencia

 Love Among the Ruins  -   Edward Coley Burne-Jones  (1894)

En el libro Anam Cara del poeta irlandés John O'Donohue se plantea el amor y la amistad como un acto de reconocimiento y pertenencia,  reconocimiento de una unión antigua y eterna,  como marca indeleble que supera el tiempo.  Al encontrarse ocurre un despertar de la antigua comunión que hace de los dos amigos uno. 

La posibilidad es el corazón secreto del tiempo. Lejos de ir en busca del amor, sólo debemos quedarnos quietos y esperar que el amor nos encuentre. Es como si millones de años antes de que la naturaleza rompiera su si­lencio, su arcilla y la tuya yacieran juntas. Sin saberlo, vuestras me­morias secretas lloraban la ausencia mutua. Mientras vues­tros seres de arcilla deambulaban durante miles de años por el universo, el anhelo del otro nunca decayó.  Esta me­táfora permite explicar cómo se reconocen súbitamente dos almas en el momento de la amistad.  Cada una reconoció en la otra a aquella en la cual su corazón encontraría refu­gio.  



De esto es lo que habla Wislawa Szymborska en este poema:




Amor a primera vista



Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.



Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?



Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.



Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,



una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,



que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.



Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?



Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.



Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.





De "Fin y principio" 1993 
Versión de Abel A. Murcia


* * *




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"Las distancias tocadas por la gracia vuelven amigos a los extraños."