El nombre del blog responde al concepto gaélico de "El pulso de mi corazón", que es, en definitiva, lo que debe guiar nuestros pasos por el camino de la vida.
Una maravillosa descripción de la Granada andaluza, tan amada por Federico García Lorca, expresión rica y exótica como esa tierra misma.
«La depresión del valle, le da a la ciudad el aire y la forma de una granada abierta, de donde viene su nombre. Cuando Aben-Hamet descubrió el hecho de los primeros edificios de Granada, su corazón latía con tanta violencia que se vio obligado a detener su mula. Cruzó los brazos sobre el pecho y, con los ojos fijos en la ciudad sagrada, permaneció en silencio e inmóvil. El guía detuvo su viaje, y como todos los sentimientos elevados son fácilmente comprendidos por un español, pareció conmovido y adivinó que el moro estaba volviendo a ver su antigua patria».
* François René Chateaubriand, «Les Aventures du Dernier Abencerraje»
Granada - Juan J. Bote Valero
Alhambra at dusk, Granada, Spain - Jebulon
Panorámica de la Alhambra al atardecer desde el Mirador de San Nicolás, Granada, España, de fondo Sierra Nevada - Slaunger
"La Ragione del Merlo" o "Razón del Mirlo" del poeta español Miguel Veyrat, en su primera edición en español fue publicado por Editorial Renacimiento, en 2009. Ahora en 2014 lo publica Commisso Editore, editorial italiana propiedad de Domenico Commisso, en una versión bilingüe realizada por Marcela Filippi Plaza, poeta y traductora chilena que vive en Roma, Italia, quien se desempeña además como curadora de la obra en esta edición. La portada estuvo a cargo del fotógrafo e ilustrador argentino Raul Villalba y el prólogo está brillantemente escrito por la poeta española Marta López Vilar, que también forma parte de la Antología «Buena Letra 2» de la misma editorial.
«Como si la muerte no existiera, ¿qué puede importarle al mirlo la muerte?, como si ella con su flecha pesada y dura no pudiera pasarle, silba el pájaro alegre, libre de toda razón humana. Y su alegría contagiosa prende en el espíritu de quien oscuramente le escucha, formando con este espíritu y aquel cantar, tal la luz con el agua, un solo volumen etéreo.»
Luis Cernuda, «Ocnos» (1963)
PRESENTACIÓN ACERCA DEL LIBRO «LA RAGIONE DEL MERLO» Y LA POÉTICA DE MIGUEL VEYRAT
(Recopilatorio preparado por Myriam Iturra Ampuero, para el Encuentro con Commisso Editore en Valparaíso Chile, 24 al 26 de octubre de 2014)
No voy a hablar de mí porque mis versos son apenas hilillos de espuma en el océano inmenso de la poesía. Quiero hablarles de uno de los autores de la colección que estamos presentando hoy: Fascinoso Verbum. Se trata de Miguel Veyrat, poeta, periodista y traductor español nacido en Valencia en 1938, que participa en esta colección con su libro «La Ragione del Merlo». Para mí es uno de los mejores poetas contemporáneos vivos. Encarna a la perfección el Mito de Prometeo que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres… y fue castigado por esa osadía. Precisamente una de sus Trilogías se llama «El Incendiario».
Ha publicado más de una treintena de libros de poesía, narrativa, periodismo y ensayo, como docente, conferenciante y fundador de la primera Facultad de Ciencias de la Información de España, en la Universidad Complutense de Madrid. En el año 2007 recibió el Premio Stendhal de traducción. Afortunadamente he podido profundizar en su poética, gracias a la generosidad del autor con respecto a sus libros.
Uno de los tópicos de la poesía veyratiana, es la revelación de los opuestos: vida-muerte, todo-nada, fuego y glaciar, silencio y canto, oscuridad-luz (MV sostiene como Jacques Derrida que el centro de la luz es negro). Cenit y nadir, ascenso (al universo infinito) y descenso (a las profundidades más recónditas del alma humana). La vida es efímera pero hay algo en cada uno que se funde con el infinito.
También profundiza en el tópico ontológico de la otredad, (quizás en un sentido inverso), firme hilo conductor de su poética: el poeta siente que es en el otro, por el otro y para el otro. Entre sus aforismos preferidos está el «Car Je est un autre», «Porque Yo es otro» de Arthur Rimbaud, ese muchachito impertinente, l’enfant terrible, que ya a sus 16 años era un genio de la poesía. En «A este Otro que me habita», una sección del libro «Babel bajo la Luna» (2005) Veyrat empieza con un epígrafe citando a Jacques Lacan, médico psiquiatra y psicoanalista francés del s. XX.
He aquí el poema:
A ESTE OTRO QUE ME HABITA
«El deseo del hombre es el deseo del Otro» Lacan (L’ Étique de la Psychanalyse)
EL POEMA convierte la muerte en Infinito desde la letra Muerta en la luz horizontal De la utopía —¿Pero tú No me respondes? ¿Y si no Me recibieras en aquella Tierra natal que yo ahora quiero Mía? —¡Las nubes! ¡Las maravillosas nubes Que incesantes llueven Fertilizan tu silencio haciendo Crecer la lengua Sobre el camino imposible! Sólo podrá trazarlo el poema: Si al fin alcanza al otro, En vuelo habitará el hombre la tierra.
* * *
Y desde allí enlazo a otra de las características de la poesía veyratiana que es la intertextualidad (precisamente, en el último verso parafrasea a Hölderlin: «Lleno de méritos, sin embargo poéticamente, habita el hombre sobre la tierra»). Por medio de esta intertextualidad es que el poeta convoca a sus bardos de amada herencia, a través de epígrafes, en sus dedicatorias o parafraseándolos en el poema mismo. En los versos de Veyrat se escuchan las voces de todos los poetas, desde Gilgamesh. Y es así precisamente como se llama un ensayo suyo y parte de una trilogía poética: «La voz de los poetas».
Dicen que Miguel Veyrat se reconoce poeta tardíamente, antes se dedicó a ser ciudadano del mundo, a dónde lo llevara su profesión de periodista comprometido, corresponsal de prensa en París, Ginebra, Rabat, Argel, Roma, Londres y Dublín viviendo en Francia, Inglaterra, Italia, ya sea como hombre de izquierda que conoció el exilio o en misión diplomática cultural. Casó con chilena y su hijo Pablo Veyrat, también periodista del mundo, es chileno. No puedo dejar de mencionar que de su primer matrimonio, con la gran poeta, traductora y ensayista Clara Janés, tiene una hija, la fotógrafa y escultora Adriana Veyrat Janés. En sus viajes tuvo ocasión de leer a célebres maestros de la poesía como Dante y los poetas del novecento italiano: Mario Luzi, Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Umberto Saba y Salvatore Quasimodo, por nombrar sólo algunos. Por eso, al leer su obra nos lleva a las fuentes mismas del saber y nos enriquece con su propio bagaje.
Con el tiempo su poesía se ha hecho más profunda y mistérica, hay quiénes la consideran hermética, por influencia de su herencia familiar y su formación masónica. Pero yo creo que él, más que ocultar misterios, los devela en sus poemas, en sus «notate bene», en sus, según él, «notas prescindibles» que acompañan a sus libros, y en sus ensayos acerca de la poesía. En él la obra poética es una puerta mágica siempre dispuesta a abrirse. Sus versos, suenan a invitación hacia lo incierto, un impulso a lanzarse al abismo, sin miedo, tras la palabra creadora, para descubrir entonces nuestra propia voz llamando, abierta al sentido, a la vida, a la muerte, al origen, al pasado, al futuro, a lo probable y a lo improbable. En fin bucear a lo más hondo y ascender a lo más alto, apenas con la limitada certeza que de su mano hemos aprendido algo, pero sin saber bien cuánto y qué. Y quedar por un segundo satisfechos para seguir buscando en otro poema y otro libro suyo. He aquí la infinitud de su poesía.
La novedad de su verbo radica en su afán de nombrar todo de nuevo. Y con esto no podemos obviar el inicio del Evangelio de Juan«En el principio era el Verbo… / Todas las cosas por él fueron hechas» , ni a Heráclito«No a mí, sino habiendo escuchado al logos /es sabio decir junto a él que todo es uno». «Solo la voz del poeta continúa el trabajo de construir la realidad tras la huida de los dioses». Dice Veyrat.
Es un poeta cuántico que nada fluidamente en los océanos cósmicos y alimenta el sentido de que cada hombre es uno con el todo. Existe un «uni-verso» notable de Ungaretti que lo define perfectamente: «M'illumino d'immenso». Allí en ese verso que no es suyo, podría encerrarse toda la poesía de Miguel Veyrat. Y la sensación que embarga al leerlo, bien podría ser aquello que canta la poeta Delmira Agustini en su poema «Ceguera», algo así como el síndrome de Stendhal o de Florencia, ese arrobamiento ante la belleza y la inmensidad del arte, en cualquiera de sus formas:
Me abismo en una rara ceguera luminosa, un astro, casi un alma, me ha velado la Vida. ¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa, o en su disco de luz he quedado prendida?
Otro de los tópicos veyratianos es la cercanía de la muerte que tan bien convoca en sus últimos libros «Poniente» y «Pasaje de la noche», la muerte como paso a lo infinito y lo desconocido. Un paso que parece ser vuelta al inicio, un ouroboros o una lemniscata, símbolo del infinito y del eterno retorno o resurgimiento. Eso es parte del misterio que ninguno de nosotros logrará develar, salvo con la muerte, al menos es lo que esperamos.
«He ido donde la belleza pareció ser toda nueva / para siempre, y en el último día hallé/ el primero», dice el poeta.
Somos resplandor de estrellas, en un momento polvo, en otro luz. Su poesía, como los cometas guarda el secreto de todo el universo.
«Cuando el viento que siembra / estrellas / penetra un verbo que agita / el lenguaje entero, // vibra el orden / de todo el universo». Dice en su poema «LUZ QUE VEE» de «PONIENTE» (2012), uno de sus últimos libros, este libro que desde su nombre nos dice mucho, de un hombre que se encuentra ya en el ocaso de la vida, a punto de cruzar «la ultima linea rerum» a la que se refería Horacio, consumido y transmutado por la última llama, «un intenso fulgor», «la frontera del alba», «el parto de la aurora». A ella se entrega el poeta con los brazos abiertos.
Lo dice muy bien Salvatore Quasimodo en estos versos:
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto la noche.
En el Prólogo de «PONIENTE» Antonio Crespo Massieu sostiene:
«Este viaje a Poniente es también aceptación de la muerte desde la plenitud de la vida y la palabra, un inclinarse ante el misterio definitivo, fin de un viaje circular que cierra la esfera y es también regreso....»
Miguel Veyrat sentencia: «El poeta devolverá siempre lo que ha encontrado sin restricción mental, pues no concibe guardar para sí el fruto de su doloroso vagar por el universo de la angustia, enfrentado a los misterios de la vida y de la muerte sin hallar alivio ni respuesta. Quizás pueda consistir en una cierta actividad mística, la práctica poética —como algunos han querido ver aplicándole un sentido religioso—; podría ser, pero desde un vuelo ignorante de toda promesa de felicidad que no tenga lugar sobre los altares de la tierra y del mar, en sus acantilados, sus volcanes, sus cielos,ríos y glaciares, para oficiar el encuentro con un incierto y humanísimo Otro, que aguardaría con los brazos abiertos el resplandor de nuestra improbable llegada. Mística de la incertidumbre, condenada a no hallar alivio, al filo de llama alguna.
Valga pues como posible y feliz consuelo a nuestra ignorancia, que sin embargo nos igualará a todos en el delicado equilibrio del disfrute de la belleza, aquello que podamos descubrir a través de los ritmos musicales en que se unen misteriosamente los sentidos dispersos, que el poeta trae y lleva con su aliento; desde la polisemia creadora de las palabras que emplea, para conformar unos pocos versos verdaderos, hasta el zurrón con brasas que estos nos ayudan a tener siempre dispuesto, para atravesar las neblinas del corazón.»
Leer a Veyrat no es nada fácil, en realidad en la vida casi siempre lo que más cuesta es lo más valioso. «Veyrat pertenece a ese pequeño grupo de poetas que además de escuchar el ruido de su corazón se proponen tensionar el lenguaje hasta lo imposible» dice José Infante.
«Poeta es una voz, digo yo, como Ícaro, que se susurra a sí misma mientras cae», dice Miguel Veyrat citando al poeta Ilyá Kamínsky.
«Veyrat es un poeta exigente, de verso destilado sin concesiones y sobrecargado de electricidad y revelaciones. Es la suya una poesía iniciática y visionaria en la que se convocan la alquimia y la llama, el misterio de la palabra ritual y el texto secreto de un conjuro, en el que el poeta no es la persona civil que se llama como él, sino un intermediario con otra dimensión más honda y opaca de la realidad» dice Santos Domínguez Ramos.
«Ebrio de fuego y de viento, ofreció su sangre para ser el mensajero…»
Dice el propio poeta en sus versos.
Miguel Veyrat sostiene que «La poesía siempre ha sido un género minoritario porque para entrar en la poesía hay que forzar la puerta; es el género de géneros, es la quintaesencia; y un poema no es el mismo la primera vez que se lee que cuando se ha leído varias veces». A él hay que leerlo varias veces para ahondar en el misterio.
Continúa el poeta: «Además de que el poema se transforma también dependiendo de quién lo lee, y cada lector extrae significados distintos», exige del lector de poesía poseer «la sensibilidad para acercarse al poema, el valor de leerlo y el coraje de querer asimilarlo, porque eso le producirá un pálpito, una emoción extraña». (Yo diría una vacuidad inicial, un vaciarse ante el asombro, para volver a llenarse.)
«Recuperar el vibrato de la emoción cuando se encuentra con el lenguaje y se reproduce en palabras, a menudo sin sentido aparente, es la misión del poeta», dice Veyrat.
«Sus poemas rozan lo sublime y duelen» dice el crítico literario español Justo Serna.
Comparto con ustedes el poema La libertad del mirlo de este libro que presentamos hoy: «La ragione del Merlo»
La libertad del mirlo
Amor mío: La música siempre será la misma mientras dure—rumor de estrellas acordándose con los verdes de hoja nueva o rugidos de glaciares pariendo nuevas fuentes: Angustia o silencio de huevos y placentas so la furia brutal del sol. Lo nuevo siempre fue el tono con que cada mirlo entona de rama en rama su propia canción —acorde con los golpes de los vientos, de los tiros, los desgarros y los cebos del aire envenenado. El ave no tiene mente —su memoria no es suya, libre de toda razón humana ignora la muerte que aguarda en las sombras impasibles de la extinción de su especie. Su canto suena —entre los limos pensantes, igual que la inocencia primera inserta en la ficción del tiempo: Lleno de ruido y de furia, tan bello como inmenso y carente de sentido.
Presentación de "Razón del Mirlo"
en una producción de Juan Bote Valero, realizador español.
Respecto a este libro, al leerlo podrán concordar con lo dicho. Ya su nombre «La ragione del Merlo» encierra más de una gran verdad poética: El Mirlo canta al oído sin razón alguna, como la rosa de Angelus Silecius: «La Rosa es sin porqué, florece porque florece» y Veyrat se apoya en su maestra, la filósofa y ensayista española María Zambrano cuando dice «El filósofo busca, el poeta encuentra»; así el Mirlo al cantar sin razón alguna, en su canto encarna la «razón poética».
Acerca de ella dice Veyrat: «El peligroso poema, aquel grito que llega hasta el abismo y que con su eco retumbando en las sombras del conocimiento despierta lo más auténtico y noble del ser humano: «La Pasión pura», lo que algunos consideran la cognitio sensitiv, la razón poética.»
El crítico literario Ángel Luis Prieto de Paula sostiene que en la poética de Miguel Veyrat «se reflejan el estupor y el misterio, la fraternidad humana, el espanto y el éxtasis, que sobrevuelan por sobre la superficie de lo explicable, a la luz pobre de la lógica discursiva».
Al Mirlo, figura del poeta, Veyrat lo imagina «Siempre con el canto presto en la garganta, eso sí, como puente o ala para intentar modularlo con la lengua y el aliento, para después, trabajosamente, trasladarlo al signo y ser entregado. Gratuitamente.»
Ese gratuitamente aparece, sin quererlo, hincando sus raíces en la «gracia», con todo su hondo y ancho significado espiritual y místico; ya que el poeta se reconoce ateo-no-dogmático.
Alfredo Valenzuela siguiendo a María Zambrano sostiene: «Veyrat se declara seguidor de Juan Ramón Jiménez cuando no diferencia entre vida y poesía y considera la poesía como «una profundización en el ser», y valora la poesía de raíz filosófica y cualidad musical, citando a Martin Heidegger en Hölderlin y la Esencia de la Poesía: «La poesía es la construcción del ser por la palabra»; «la unión de pensamiento y música».
Entonces tendríamos que adentrarnos en el «Lenguaje de los pájaros», el mismo que conocía Salomón, y que, como nos enseña Veyrat, «en la lengua siria, el árabe de los Omeya, «sûryâniyah», en el Alcorán (Vid. Alcorán, Azora 27, Aleya 16) significa la lengua de la iluminación. Curiosamente «Sûryâ» es el nombre sánscrito del sol y la raíz Sûr es una de las que designan la luz. Así algunos místicos relacionan el «lenguaje de los pájaros» con el lenguaje adánico, solar o primigenio, que también se utiliza en alquimia para designar una manera de proceder por analogías y equivalencias fonéticas. En el ámbito esotérico, es el «arte del sonido», y por ello a la alquimia tradicional se la llama también el Arte de la Música.»
El cant dels Ocells o El canto de los pájaros
en la magnífica interpretación de Pau Casals.
No debemos perder la capacidad de asombro ante la belleza y lo inexplicable, William Blake poeta y místico nos insta a ello: «Si las puertas de la percepción se abrieran, todo aparecería ante los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna». Ya lo decía antes Shakespeare en boca de Hamlet a su amigo Horacio: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra que todas las que pueda soñar tu filosofía.»
Tenemos mucho que aprender aún,mucho que escuchar y mucho que leer. Para guiarnos en este camino, el Mirlo hace perdurar su canto desde las ramas de este árbol frondoso y generoso que es Commisso editore.
Canto del Mirlo en libertad:
Al terminar les invito a quedarse con dos sentencias que avalan lo dicho:
«El poeta no busca la inmortalidad, pero, no buscándola la encuentra.» María Zambrano
«Aquello que permanece, lo fundan los poetas.»Friedrich Hölderlin
Éste es un libro para permanecer, entrañado de eternidad, como todos los de su autor.
A modo de despedida les dejo con este poema de su último libro: «Pasaje de la noche» (Barataria Ediciones 2014)
ARDO YA COMO LA LLAMA LEE...
Ardo ya como la llama lee el espacio sideral. Puro como un niño raudo como un pájaro Lúcido como un loco. Mas mi destino habrá de consistir en no ser creído cuando la enciendo cuando la bajo cuando la traigo cuando la escribo. Completamente solo, he de elegir cuál es mi patria verdadera.
¿Mas alguien puede soportar de cerca la verdad que quema y al poeta que la irradia?
¿Soportar de cerca la vida verdadera? ¿La que todos apagan a diario porque deslumbra?
Y sin embargo, más que la carne, dura su sentido, más que la piedra dura, más que la fulgente estela.
Porque la máscara —a la larga, se vuelve vivo rostro.
Pavesa y centella del origen. La transparencia.
Marcela Filippi Plaza, poeta chilena que vive en Roma, traductora y curadora de la obra publicada por Commisso editore, junto a Miguel Veyrat, poeta español, en su encuentro en Sevilla.
En la Comunidad El País de España, en Septiembre de 2012 aparecieron publicados unos artículos que en un carácter periodístico conforman una parte importante de la memoria histórica que hermana a España y Chile, contando algunos hechos que dejan al descubierto la solidaridad del poeta Pablo Neruda, particularmente hacia sus colegas y amigos más cercanos, del mundo de las letras y las artes, así como para el pueblo español que sufrió la represión franquista. Son documentos de alto valor histórico, dignos de difundir para que no permanezcan perdidos y olvidados en polvorientas bibliotecas, en cambio tomen su sitio en la conciencia universal. En algunos casos se trata de escritos del propio Neruda, artículos de prensa y fotografías de época.
El 3 de septiembre de 2012 se cumplieron 73 años de la llegada del carguero Winnipeg a Valparaíso (Chile). Había partido el 4 de agosto de 1939 desde el puerto de Trompeloup-Pauillac (Francia), con 2365 exiliados españoles, rescatados de campos de concentración. Si bien es cierto el número total de emigrantes españoles no coincide de una versión a otra, ello no opaca la veracidad de las fuentes.
“… un episodio histórico relativamente poco conocido de la vida de Pablo Neruda y su relación con España. En 1934, Neruda es designado Cónsul de Chile en Barcelona y luego en Madrid. Amaba entrañablemente a España y, en especial, a Andalucía, cuna de sus amigos García Lorca, Alberti, Manuel Altolaguirre, Alexandre, Cernuda, José Caballero, entre otros muchos.” Todos pertenecientes a la llamada “Generación del 27”.
Fernando de la Sierpe en su libro LOS ANDALUCES, NERUDA Y EL WINNIPEG
Fernando de la Sierpe ha escrito este relato como un homenaje al poeta Pablo Neruda, nacido en Parral, Chile, el 12 de Julio de 1904, en el centenario de su nacimiento celebrado en el año 2004; también en homenaje a sus amigos, los poetas Rafael Alberti, del Puerto de Santa María y Luis Cernuda,de Sevilla, de ambos se ha celebrado el centenario de su nacimiento, en el año 2002.
Las declaraciones de Neruda han sido tomadas de su libro: “España en el corazón”, que fue publicado por primera vez con un tiraje de 500 ejemplares, bajo la dirección de Manuel Altolaguirre, terminándose esta 1ª impresión el 07 de noviembre de 1938, a la que siguió una 2ª de 1.500 ejemplares con fecha 10 de enero de 1939.
El libro empieza con las siguientes palabras:
España en el corazón
Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra
Pablo Neruda
Noticia
El gran poeta Pablo Neruda, (la voz más profunda de América desde Rubén Darío, como dijo García Lorca), convivió con nosotros los primeros meses de esta guerra. Luego en el mar, como desde un destierro, escribió los poemas de este libro. El Comisariado del Ejército del Este lo reimprime en España. Son Soldados de la República quienes fabricaron el papel, compusieron el texto y movieron las máquinas. Reciba el poeta amigo esta noticia como una dedicatoria.
"Ya he cantado y contado
lo que a manos llenas me dio España
y lo que me robó con agonía".
¿Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas
de los grandes volcanes de su país natal?
Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles.
¿Valía la pena cantar
cuando en España los puñales
dejaron un millón de muertos?
* * *
El Winnipeg y Pablo Neruda
Tras la derrota del frente de Barcelona en 1939, quinientas mil personas cruzaron los Pirineos escapando de la persecución franquista, hacia una Francia que ya estaba aterrorizada por la amenaza nazi. Evidentemente coludidos ambos regímenes, la mayoría de estas personas irían a parar a centros de detención e internamiento, que era el eufemismo de los campos de concentración.
Rafael Alberti, amigo de Neruda desde los tiempos en que había residido en Madrid y había ejercido como cónsul del gobierno chileno, le escribió contándole de los problemas que tenían los civiles partidarios de La República que escapaban de Franco.
Aunque trabajaba en ese momento en una de sus obras mayores, el Canto General, deja su casa de Isla Negra, para explicarle al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, la necesidad de ayudar a España. El presidente le otorga el cargo diplomático de Cónsul especial para la Inmigración Española con sede en París.
Con una pierna escayolada parte hacia Francia y junto a Delia del Carril, su mujer, dedican horas interminables a revisar una por una las solicitudes de los españoles para viajar hacia Chile. El Gobierno Republicano en el exilio, a instancias de Neruda y a través del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE), fue quien contrató el vapor Winnipeg a la compañía France-Navigation para el traslado de los refugiados; un viejo carguero francés que habitualmente hacía el recorrido entre Marsella y las costas africanas con no más de 20 pasajeros. Las tareas de acondicionamiento del carguero se realizan a toda prisa, tanto como la reagrupación de familias españolas que permanecían separadas en distintos campos de concentración, en Francia.
Neruda describe el hecho pocas horas antes del embarque: “Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirantes.”
El 4 de agosto de 1939, dos mil setenta y ocho personas (1200 hombres, 418 mujeres y 460 niños) todos republicanos, procedentes de los campos de refugiados en Francia, se embarcaron en un viejo carguero de nombre Winnipeg, de bandera canadiense, de apenas cinco mil toneladas en el puerto francés de Trompeloup- Pauillac. Sólo contaba con mil quinientas plazas, por lo que el barco fue acondicionado especialmente para el viaje. Las bodegas de convirtieron en dormitorios y en la cubierta se improvisaron baños para hombres y mujeres. Los botes salvavidas y las hamacas se transformaron en camarotes.
La noche que el Winnipeg levó anclas e inició la travesía, Pablo Neruda escribió:
“Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.”
A los pasajeros se les entregó una colchoneta, una manta, dos sábanas, una almohada y una bolsa con productos para la higiene personal, junto a una tarjeta de colores para racionar los turnos de comida durante la interminable travesía. Los niños recibieron material y un folleto en el que se contaba la historia de Chile, junto con un saludo de bienvenida, redactado por el propio Neruda, donde les hacía saber el afecto con que serían recibidos.
Eduardo Robles, malacitano que trabajaba como actor y cantante de flamenco, había recorrido España entera huyendo de las tropas franquistas: Málaga, Madrid, Valencia y Barcelona, para, finalmente, atravesar la cordillera pirenaica hasta Francia. Una vez allí consiguió un billete para el Winnipeg. Atrás dejó a su madre y su hermana pequeña, sólo él tuvo acceso al barco. Manola Robles, hija de Eduardo, cuenta que su padre recordaba la solidaridad que se desplegó en aquella travesía:
“Todos aguantaban como podían, a pesar del hambre, el frío y el miedo. Los que estaban en mejores condiciones trataban de entretener con cantos y juegos a los más pequeños. Él solía actuar como payaso para que los niños olvidaran las penurias. Como siempre decía, la travesía de aquel barco era como ir al fin del mundo por mar”
Muchas fueron las dificultades con que se encontró Neruda, por entonces Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París, y Delia del Carril, su compañera, los artífices de esta aventura. Contaron con la ayuda de Pedro Aguirre Cerda, presidente de Chile, y la oposición de los sectores reaccionarios, que siempre son los mismos.
A finales del mes de Julio de 1939, Pablo Neruda, Delia del Carril y el doctor José M. Calvo, se desplazaron a los campos de concentración de los demócratas franceses donde se encontraban los españoles que habían logrado huir de la dictadura. La intención era reclutar obreros, carpinteros y artesanos en general con destino a Chile, dónde era necesaria su mano de obra.
El criterio de selección de Neruda sólo tuvo un parámetro: sacar de allí a la mayor cantidad de personas posibles, pues a pesar de las exigencias de conocer un oficio, muchos de los que embarcaron en el Winnipeg eran intelectuales y artistas como José Balmes y Roser Bru (pintores), Mauricio Amster (profesor y artista), Leopoldo Castedo (historiador), Isidro Corbinos (periodista deportivo), José Ferrater Mora (Filósofo), Margarita Xirgu (actriz), Victor Pey (ingeniero) y José Gómez de la Serna, Francisco Galán, Agustín Cano, Arturo Lorenzo, Dolores Piera, José Ricardo Morales y Vicente Mengod.
“Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirante"
Pablo Neruda, "Para nacer he nacido".
Lo que hizo Neruda, sin duda, se trataba de un acto de amor. Se dirigió a Francia a cumplir “la más noble misión que he ejercido en mi vida: la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria. Así podría mi poesía desparramarse como una luz radiante venida desde América entre esos montones de hombres cargados como nadie de sufrimiento y heroísmo. Así mi poesía llegaría a confundirse con la ayuda material de América que, al recibir a los españoles, pagaba una deuda inmemorial”. Se le acusa a Neruda haber sido firme admirador de Stalin, pero no hay que sacar las cosas de contexto, fue estalinista cuando todos los comunistas lo eran, cuando aún no se conocían los horrores que el gobierno de Stalin había cometido dentro y fuera de territorio soviético, como "rehabilitaciones" en cárceles, ejecuciones masivas en los años 30s, información que salió a la luz pública en 1987.
Entre las sombras que tuvo la historia del Winnipeg está la prohibición de trasladar a Trotskistas y Anarquistas. Sin embargo algunos anarquistas como el aragonés Manuel Lazaro Grassa, pudieron viajar en el Winnipeg, hasta Chile.
El gobierno chileno había fijado un número de emigrantes para que aprobarar la lista. Neruda envió numerosas listas a Chile, que le fueron rechazadas. El gobierno le dio instrucciones expresas de reclutar a pescadores y artesanos. Pero Neruda logró camuflar a algunos intelectuales, adjudicándoles falsos oficios. El número real de personas que viajaron supera los 3.000.
El Winnipeg arribó al muelle Prat de Valparaíso la soleada mañana del domingo 3 de septiembre de 1939, con un valioso cargamento compuesto por 2078 españoles republicanos hacinados, desnutridos y casi desnudos que vuelven a pisar tierra firme tras casi un mes de travesía transatlántica. Fueron recibidos por el entonces ministro de Sanidad, Salvador Allende y acogidos como héroes en Chile, en medio de un apoteósico acto con canciones de la guerra civil y carteles de bienvenida. Un día antes habían pasado por el puerto de Iquique en el norte grande y un día después, el 4 de septiembre, llegan por tren los primeros refugiados republicanos a Santiago, a la Estación Mapocho.
Acogidos en la sociedad chilena, muchos de estos refugiados se desarrollarían y aportarían a Chile obras tan perennes como el acto de humanidad del poeta. Nombres como Roser Bru, Josep Balmes o Leopoldo Castedo han pasado a formar parte destacada de la cultura que les vio llegar niños a bordo de un barco viejo, lleno de esperanzas, con ansias de libertad, desde la España rota una vez más por el delirio del pensamiento único.
Neruda cuenta sus impresiones acerca de esta experiencia:
“Me gustó desde un comienzo la palabra Winnipeg. Las palabras tienen alas o no las tienen. La palabra Winnipeg es alada. La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos. Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo...
Ante mi vista, bajo mi dirección, el navío debía llenarse con dos mil hombres y mujeres. Venían de campos de concentración, de inhóspitas regiones del desierto. Venían de la angustia, de la derrota y este barco debía llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acogía. Eran los combatientes españoles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura más de 30 años. Yo no pensé, cuando viajé de Chile a Francia, en los azares, dificultades y adversidades que encontraría en mi misión. Mi país necesitaba capacidades calificadas, hombres de voluntad creadora. Necesitábamos especialistas.
Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los más remotos campamentos y llevarlos hasta aquel día azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mecía el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoción y desesperación.
Mis colaboradores eran una especie de tribunal del purgatorio. Y yo, por primera y última vez, debo haber parecido Júpiter a los emigrados. Yo decretaba el último Sí o el último No. Pero yo soy más Sí que No, de modo que dije siempre Sí.
Estábamos ya a bordo casi todos mis buenos sobrinos, peregrinos hacia tierras desconocidas, y me preparaba yo a descansar de la dura tarea, pero mis emociones parecían no terminar nunca. El gobierno de Chile, presionado y combatido, me instaba en un telegrama a cancelar el viaje de los emigrados.
Hablé con el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi país. Era difícil hablar a larga distancia en 1939. Pero mi indignación y mi angustia se oyeron a través de océanos y cordilleras y el Ministro se solidarizó conmigo. Después de una crisis de gabinete, el Winnipeg, cargado con dos mil republicanos que cantaban y lloraban, levó anclas y enderezó rumbo a Valparaíso.”
Pablo Neruda
De España en el corazón.
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“Bajo el mismo cielo”, obra ganadora del Primer Premio de Novela de Lectura Fácil convocada por CCOO, la autora es Núria Martí Constans y cuenta la historia de una madre y una hija que huyen de la Guerra Civil Española a bordo del Winnipeg, un barco que el escritor Pablo Neruda hizo salir de un puerto de Francia en 1939 rumbo a Chile. Durante el viaje, se mezclan el miedo y la esperanza, hay enamoramiento y alegría. Es una historia de una nueva vida en un nuevo país. Es una historia de amistad, de solidaridad y de amor.
Editorial La mar de fácil, con ilustraciones de Judit Canela.
Disponible también en catalán con el título de “Les mateixes estrelles”.
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EXPLICO ALGUNAS COSAS
PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?
Os voy a contar todo lo que me pasa.
Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.
Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.
Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.
Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!
Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!
Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.
Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!
De “España en el corazón”
Pablo Neruda
Misión de Amor
Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba con un remoto nombre
"Winnipeg"
pegado al malecón del jardín encendido,
a las antiguas uvas acérrimas de Europa.
Pero mis versos no venían
de Versalles,
del baile plateado, de las viejas alfombras de amaranto,
Cada año en 12 de Octubre, el día en que en nuestra infancia celebrábamos sin mayores contradicciones el llamado "Día de la raza", después de la mayor conciencia adquirida con los años, continúo celebrando en este día todo aquello que recibí desde estos dos nobles pueblos que conforman mi pueblo de Chile. Entonces, creo que nadie mejor que Pablo Neruda lo expresa, a traves de estas líneas:
Woman in red - Andrew Antroshenko
LAS PALABRAS ...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan. Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo todas las palabras. Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola. Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz. Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías... Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho... Nos dejaron las palabras. “Confieso que he vivido”, libro póstumo de memorias de Pablo Neruda (1974)
*** Creo que todos, en mayor o menor grado, hemos sentido la contradicción de reconocer y denunciar los abusos que se cometieron durante la Conquista, pero al mismo tiempo agradecer el traspaso de elementos culturales del Viejo Mundo, como el idioma y la Fe. La lengua de Garcilaso de la Vega, Cervantes, de Lorca, de Machado y de tantos otros con que nos ha regalado España.