I will wait for you

I will wait for you
"Expectations" - Christophe Vacher
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de agosto de 2017

La verdadera historia del unicornio azul




Rodney Smith



Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas...


Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:

siempre recordaré tu desnudez entre mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;

tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;

tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a tus antiguos colores;

tu voz,
tus ojos,

lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.
Pero ya no habrá tiempo de llorar.
Ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón:

Hace frío sin ti,
pero se vive.



Roque Dalton



"Roque Dalton tiene 22 años, es delgado, de mediana estatura, ágil, nervioso, de músculos casi elásticos que vibran y se encrespan continuamente bajo las descargas de su corazón de poeta [...] escribe poesía, cuentos y crítica literaria. Distribuye el tiempo entre sus estudios universitarios y su indeclinable vocación de escritor que lo lleva de un lado a otro de la ciudad, con juvenil y generoso entusiasmo, siempre en busca de alguna tarea que cumplir." (Luis Alvarenga, El ciervo perseguido. Dirección de Publicaciones e Impresos, 2002). 


"Roque es para mí el ejemplo muy poco frecuente de un hombre en quien la capacidad literaria, la capacidad poética se dan desde muy joven mezcladas o conjuntamente con un profundo sentimiento de connaturalidad con su propio pueblo, con su historia y su destino.(...) Roque Dalton era un hombre que a los cuarenta años daba la impresión de un chico de diecinueve. Tenía algo de niño, conductas de niño, era travieso, juguetón. Era difícil saber y darse cuenta de la fuerza, la seriedad y la eficacia que se escondían detrás de ese muchacho. (...) Nunca se pudo separar al poeta del luchador, al novelista del combatiente, y por eso su vida fue una serie continua de persecuciones, prisiones, exilios, fugas en algunos casos espectaculares y un retorno final a su país después de muchos años pasados en otros lugares de exilio para integrarse a la lucha donde habría de perder la vida..." (
Julio Cortázar, en una clase magistral).


"Su ética y su estética personales, forjadas en la incandescente realidad de El Salvador, produjeron a un ser humano cuya poesía y vida personal eran una sola cosa. Tenía el gran don del sentido del humor, se burlaba de todo, empezando por sí mismo, y eso lo salvó de la mojigatería que suele acompañar al fervor revolucionario." (Clarivel Alegría).


"Roquito hacía reír hasta a las piedras, como lo escribió Eduardo Galeano. Hacía reír porque rompía los lugares comunes. Nadie menos solemne que Roque Dalton, nadie más capaz de hacer reír hasta las horas negras, más dispuesto a aventarse a pecho abierto contra el peligro, nadie más accidentado." (Elena Poniatowska).




Roque Dalton por Salvador Corratgé,
(fotógrafo cubano, Praga,1966)

Roque Antonio Dalton García (San Salvador, 1935-1975), de madre salvadoreña y padre estadounidense, creció en un ambiente privilegiado de la sociedad salvadoreña. Su padre financió su educación en los mejores institutos católicos de San Salvador, aunque lo reconoció a los 17 años. Lo envió a estudiar Derecho a la Universidad Católica de Chile (1953), pero cuentan que el propio Decano de la facultad de Teología de esa institución le recomendó inscribirse en la Universidad de Chile que podría entregarle una educación más ecléctica, conforme a sus propios intereses. Allí tomó contacto con miembros del partido comunista; lo que marcaría decisivamente su vida futura. Considerado uno de los principales representantes de las letras centroamericanas, supo conjugar su labor como poeta, ensayista, periodista y guerrillero.


El 10 de mayo de 1975 (Día de la madre), fue asesinado por alguno de sus propios compañeros, con quienes mantenía diferencias ideológicas, en relación a la lucha armada. Lo consideraban demasiado burgués, porque prefería el discurso lógico a las armas.



  

"[Juan José Dalton, hijo de Roque] me contó que allá, 
en las montañas de El Salvador, 
andando con la aguerrida tropa de los humildes, 
trotaba un unicornio azul con un cuerno." 


(Silvio Rodríguez, al develar la verdadera historia del unicornio azul).






Sus restos nunca fueron encontrados, duermen por alguna tumba sin nombre y sin flores, como los de Federico García Lorca.  La misma muerte, tan artera e inútil.


De acuerdo a un informe de la Misión de observadores de las Naciones Unidas en El Salvador, Dalton habría sido ejecutado en El Playón, una zona de restos volcánicos del volcán de San Salvador.


"Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre, 
porque se detendría la muerte 
y el reposo..."

Roque Dalton




lunes, 15 de mayo de 2017

L'Adieu



L'Adieu



El adiós



Recogí esta brizna en la nieve

Recuerda aquel otoño. En breve

No nos veremos más. Yo muero

Olor del tiempo

brizna leve

Recuerda siempre que te espero



Guillaume Apollinaire

Versión de Andrés Holguín




L'Adieu

Léo Ferré


lunes, 8 de mayo de 2017

No conozco ya la noche, terrible anonimia de la muerte.

Samotnia - Arek Kikulski




Ílios o prótos - Ήλιος ο πρώτος


(1943)


Odysséas Elýtis



Sol el primero




No conozco ya la noche, terrible anonimia de la muerte.

En lo hondo de mi alma ancla una flota de estrellas.

Véspero, centinela, brilla junto a la celeste

brisa de una isla que me sueña

para que anuncie yo el alba desde sus altas rocas.

Mis dos ojos en abrazo te navegan, con el astro

de mi verdadero corazón: no conozco ya la noche.




No conozco ya los nombres de un mundo que me niega.

Nítidamente leo las conchas, las hojas, las estrellas.

El rencor me es superfluo en las sendas del cielo.

Salvo que sea el sueño, que me vuelve a mirar

cruzar con lágrimas, el mar de la inmortalidad.

Véspero bajo el arco de tu fuego de oro,

La noche, que es sólo noche, no la conozco ya.



* * *



               

Elýtis nació en Hiraklion (Creta) en noviembre de 1911, sus primeros poemas fueron publicados en 1935, en la Revista Nuevas Letras. Adscrito a la Generación de 1930.  Junto a Nikos Gatsos fundó el primer café literario de Atenas. 

En 1940 le tocó tomar parte en la defensa de Grecia, ante la invasión de Mussolini, resultando herido al año siguiente.

En 1979 recibió el Premio Nobel.


Mikis Theodorakis inspirado en este poema compuso su Adagio (1993).



Su última obra, cargada de melancolía, fue  El jardín de las ilusiones, publicada en 1995.  Falleció en 1996.  

sábado, 6 de mayo de 2017

Rabia, rabia, contra la agonía de la luz...


Alister Konrad - Mystical Moods





No entres dócilmente en esa noche quieta



Dylan Thomas



No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz. 



* * * * *




Do not go gentle into that good night



Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.



Traducción: Elizabeth Azcona Cranwell



              Este poema, verdadera elegía la escribió Dylan Thomas en 1951,cuando su padre David John Thomas (1876–1952), se encontraba a las puertas de la muerte, ocurrida un año antes de su propia muerte.



Dylan Marlais Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 27 de octubre de 1914 - Nueva York, 9 de noviembre de 1953) poeta, escritor de cuentos y dramaturgo británico. Genio de las letras, murió tempranamente, a los 39 años de edad, producto del caos en que cayó su vida por los excesos, circunstancia a la que quizás podemos atribuir también su genialidad delirante.


Para escuchar en la voz del poeta y descargar




domingo, 19 de abril de 2015

Demain, dès l'aube


Victor Hugo - circa 1875




Demain, dès l'aube


Victor Hugo (1802-1885)


Demain, dès l'aube, à l'heure où blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m'attends.
J'irai par la forêt, j'irai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.

Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
Triste, et le jour pour moi sera comme la nuit.

Je ne regarderai ni l'or du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et quand j'arriverai, je mettrai sur ta tombe


Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.



De: "Les Contemplations" (1830-1855)
Dedicado a Léopoldine












Mañana, al alba...



Mañana, al alba, cuando blanquea el campo,
Yo partiré. Mira, sé que me esperas.
Iré por el bosque, iré por la montaña.
No puedo permanecer lejos de ti más tiempo.

Caminaré, los ojos fijos en mis pensamientos,
Sin ver nada alrededor, sin escuchar ningún ruido,
Solo, desconocido, la espalda encorvada, las manos cruzadas,
Triste, y el día para mí será como la noche.

No miraré ni el oro de la tarde que cae,
Ni las velas lejanas descendiendo hacia Harfleur,
Y al llegar, pondré sobre tu tumba,
Un ramo de acebo verde y de brezo en flor.


* * *






10° mov. Concierto para violon en Re Mayor op. 61
Beethoven
Intérprete: Marine Chamber Orchestra.



Manuscrit «Demain dès l'aube...»


El poema lo escribió Victor Hugo el 03 de septiembre de 1847, con motivo del 4° aniversario de la muerte de su hija Léopoldinefallecida el 4 de septiembre de 1843, pero lo fechó el 04 de octubre de 1847

Estos poemas inspirados por el dolor de un padre ante la pérdida de su hija y el consuelo de los tiempos felices, se encuentran entre los más conmovedores de Victor Hugo. Su hija muerta se le aparece, en medio de su tristeza, solo, más viejo, más cercano a la muerte. Han pasado cuatro años desde la muerte de su hija. Él habla con ella en voz baja, con ternura, como si todavía estuviera viva. Ella lo llama y lo espera, él será fiel en visitar su tumba en el pequeño cementerio desde donde es posible contemplar el Sena.  Fue publicado en 1856.

martes, 24 de febrero de 2015

Poemas enlazados





Young Girls at the Piano (La Leçon de piano) ca. 1889
Pierre-Auguste Renoir (French, 1841–1919)

La Ständchen –Serenata- D. 957 la compuso Franz Schubert durante su último año de vida. Es una de sus obras más conocidas y difundida en innumerables versiones. Schubert se inspiró en un lied, obra del poeta Heinrich Friedrich Ludwig Rellstab, poeta y crítico de música alemán (n.Berlin, Alemania, 1799 - † 1860), hijo del editor y compositor musical Johann Carl Friedrich Rellstab.


Franz Schubert - Wilhelm August Rieder (1875)


Es posible que ante la cercanía de la muerte, Franz Schubert se preparaba para ella, mientras componía su Serenata, rodeado de la luminosa belleza y serenidad de su música, que lo ha vuelto inmortal. 


SERENATA

(Heinrich Friedrich Ludwig Rellstab)


Quedo, implorando mis canciones
A ti a través de la noche;
Abajo, en la tranquila arboleda,
¡Amada, ven a mi lado!

Murmurantes, esbeltas copas susurran
A la luz de la luna,
El acecho hostil del traidor
No temas, tú, amada.

¿Oyes gorjear a los ruiseñores?
¡Ay! Ellos te imploran,
Con el sonido de dulces quejas
Imploran por mí.

Comprenden el anhelo del pecho,
Conocen el dolor del amor,
Conmueven con los argentinos sonidos
A todo tierno corazón.

Deja también conmoverse tu pecho,
Amada, escúchame;
¡Trémulo aguardo el encuentro!
¡Ven, hazme feliz!






LA SERENATA DE SCHUBERT



(Manuel Gutiérrez Nájera)




¡Oh, qué dulce canción! Límpida brota

Esparciendo sus blandas armonías,
Y parece que lleva en cada nota
¡Muchas tristezas y ternuras mías!


¡Así hablara mi alma... si pudiera!
Así dentro del seno,
Se quejan, nunca oídos, mis dolores!
Así, en mis luchas, de congoja lleno,
Digo a la vida: ¡Déjame ser bueno!
Así sollozan todos mis amores!

¿De quién es esa voz? Parece alzarse
Junto del lago azul, noche quieta,
Subir por el espacio, y desgranarse
Al tocar el cristal de la ventana
Que entreabre la novia del poeta...
¿No la oís como dice: «hasta mañana»?

¡Hasta mañana, amor! El bosque espeso
Cruza, cantando, el venturoso amante,
Y el eco vago de su voz distante
Decir parece: «hasta mañana, beso!»

¿Por qué es preciso que la dicha acabe?
¿Por qué la novia queda en la ventana.
Y a la nota que dice: «¡Hasta mañana!»
El corazón responde: «¿quién lo sabe?»

¡Cuántos cisnes jugando en la laguna!
¡Qué azules brincan las traviesas olas!
En el sereno ambiente ¡cuánta luna!
Mas las almas ¡qué tristes y qué solas!

En las ondas de plata
De la atmósfera tibia y transparente,
Como una Ofelia náufraga y doliente,
¡Va flotando la tierna serenata...!

Hay ternura y dolor en ese canto,
Y tiene esa amorosa despedida
La transparencia nítida del llanto,
¡Y la inmensa tristeza de la vida!

¿Qué tienen esas notas? ¿Por qué lloran?
Parecen ilusiones que se alejan...
Sueños amantes que piedad imploran,
Y como niños huérfanos, ¡se quejan!

Bien sabe el trovador cuán inhumana
Ara todos los buenos es la suerte...
Que la dicha es de ayer... y que «mañana»
Es el dolor, la obscuridad, !la muerte!


El alma se compunge y estremece
Al oír esas notas sollozadas...
¡Sentimos, recordamos, y parece
Que surgen muchas cosas olvidadas!


¡Un peinador muy blanco y un piano!
Noche de luna y de silencio afuera...
Un volumen de versos en mi mano,
Y en el aire ¡y en todo! ¡primavera!



¡Qué olor de rosas grescas! en la alfombra
¡Qué claridad de luna! ¡qué reflejos!
...¡Cuántos besos dormidos en la sombra,
Y la muerte, la pálida, qué lejos!

En torno al velador, niños jugando...
La anciana, que en silencio nos veía...
Schubert en su piano sollozando,
Y en mi libro, Musset con su «Lucía».

¡Cuántos sueños en mi alma y en tu alma!
¡Cuántos hermosos versos! ¡cuántas flores!
En tu hogar apacible ¡cuánta calma!
Y en mi pecho ¡qué inmensa sed de amores!

¡Y todo ya muy lejos! ¡todo ido!
¿En dónde está la rubia soñadora?
...¡Hay muchas aves muertas en el nido,
Y vierte muchas lágrimas la aurora!

...Todo lo vuelvo a ver... ¡pero no existe!
Todo ha pasado ahora... ¡y no lo creo!
Todo está silencioso, todo triste...
¡Y todo alegre, como entonces, veo!

...Esta es la casa... ¡su ventana aquélla!
Ese, el sillón en que bordar solía...
La reja verde... y la apacible estrella
Que mis nocturnas pláticas oía!


Bajo el cedro robusto y arrogante,
Que allí domina la calleja obscura,
Por la primera vez y palpitante
Estreché con mis brazos, su cintura!

¡Todo presente en mi memoria queda!
La casa blanca, y el follaje espeso...
El lago azul... el huerto... la arboleda,
Donde nos dimos, sin pensarlo, un beso!

Y te busco, cual antes te buscaba,
Y me parece oírte entre las flores,
Cuando la arena del jardín rozaba
El percal de tus blancos peinadores!

¡Y nada existe ya! Calló el piano...
Cerraste, virgencita, la ventana...
Y oprimiendo mi mano con tu mano,
Me dijiste también: «¡hasta mañana!»


¡Hasta mañana!... Y el amor risueño
No pudo en tu camino detenerte!...
Y lo que tú pensaste que era el sueño,
Fue sueño, ¡pero inmenso! ¡el de la muerte!


¡Ya nunca volveréis, noches de plata!

Ni unirán en mi alma su armonía,

Schubert, con su doliente serenata

Y el pálido Musset con su «Lucía».










Manuel Gutiérrez Nájera (Ciudad de México, 1859 - 1895) poeta, escritor y cirujano mexicano.  Justo Sierra identificó su estilo literario como «especie de sonrisa del alma».









Serenata de Schubert en piano y violín





Alfred de Musset escribió esta Elegía, uno de los poemas célebres del Romanticismo francés, al que se refiere Manuel Gutiérrez Nájera en el poema precedente.









LUCIA



Plantad, amigos, cuando yo muera, 
Un triste sauce en el cementerio; 
Pláceme un árbol tan funeral, 
Y ha tiempo aguardo que en el misterio 
Será su sombra, sombra ligera 
Para mi humilde lecho mortal. 

Estábamos sentados juntos: ella 
Inclinaba su frente y sobre el piano 
Dejaba en tanto, pensativa y bella, 
Al capricho vagar su blanca mano, 
No era más que un murmullo: parecía 
La tenue voz de un céfiro distante 
Que al ave implume despertar temía, 
Y entre los juncos revolaba errante, 
Los delirios, las ansias voluptuosas 
Que en horas melancólicas brotaron, 
Salieron del capullo de las rosas 
Y a fuego lento el corazón quemaron.
 
Meció su rama mustia el roble añoso, 
La estrella del pesar rasgó su velo, 
Y al gemir de la noche, en el reposo, 
Nos pareció que nos hablaba el cielo. 
Entraba por las rejas entreabiertas 
El olor virginal de los collados. 
Estaban las praderas ya desiertas, 
Y estábamos los dos enamorados. 

Estábamos así meditabundos, 
Solos y tristes, y en la edad florida 
En que se van las almas a otros mundos, 
Y aspiran lo inmortal en otra vida. 
Yo me puse a mirarla: era Lucía 
En lo infinito del dolor un astro: 
Era rubia, y el rostro le cubría 
La suave palidez del alabastro. 

Nunca otros ojos, en mayores duelos, 
Buscaron más la luz en lo futuro, 
Sondearon más lo inmenso del cielo, 
Ni reflejaron un azul más puro: 
Yo me embriagaba en su hermosura, y tanto 
La castidad solemnizó sus gracias, 
Que en ella halló por fin mi afecto sano 
Una hermana de dichas y desgracias.

Pasaban en silencio los momentos; 
Y viendo yo que su semblante ardía 
En la llama de ocultos pensamientos, 
Cogí su mano y la estreché en la mía. 
Y entonces comprendí que en los enojos 
De la fortuna, sólo dan la calma 
La juventud de unos hermosos ojos 
Y la apacible juventud del alma. 

Levantóse la luna en el Oriente 
En medio de la atmósfera serena; 
Y ella al sentir la luz sobre su frente, 
Sonrió cual ángel y cantó su pena: 
¡Oh diosa del dolor! ¡Dulce armonía! 

Idioma del amor y del consuelo, 
Que Italia nos prestó con la poesía, 
Y que la Italia recibió del cielo! 
¡Lengua del corazón, sublime acento 
Idealidad, que va en la nube esbelta, 
Espacio en que no teme el pensamiento 
Pasar cual virgen en su velo envuelta! 

¡Oh! Quién puede saber cuántos halagos 
Siente la joven que infeliz delira, 
Y lo que dice en los suspiros vagos 
Que nacen en el aire que respira! 
¿Quién lo puede saber? Uno sorprende 
Una mirada, y lo demás lo ignora 
La multitud, como jamás entiende 
Lo que en la noche y en los bosques llora. 

Los dos a contemplarnos nos pusimos, 
Y estrechó su horizonte la esperanza, 
Y dentro del pecho retemblar sentimos 
El eco angelical de su romanza. 
Ella inclinó en mi seno su cabeza 
Y comenzó a gemir, ¡oh mi querida! 
¿Sentiste a Desdémona afligida? 

¡Tú llorabas, mi bien! Tu boca mustia 
Mi boca comprimió; su duro peso 
Sobre tu cuello descargó la angustia 
Y fue el dolor quien recibió mi beso. 

Así yo te besé pálida y yerta: 
Así dos meses después, ¡oh niña mía! 
Estabas ya bajo la tierra, muerta
Y yerba vil sobre mi amor crecía! 

No fue muy duro tu existir: al verte, 
Te protegió risueña la fortuna; 
Y una mañana al despertar, la muerte 
Voló hacia Dios y te llevó en la cuna. 

¡Oh dulce hogar que hospeda a la inocencia! 
¡Cantos, sueños de paz, glorias doradas! 
¡Oh augusta soledad, santa creencia, 
Sonrisas de placer, tristes miradas! 
¡Y tú también, pasión conmovedora, 
Que en el umbral de Margarita hacías 
Temblar a Fausto!… ¿a dónde estáis ahora, 
Dulce candor de los primeros días?… 

¡Duerme por fin en paz! Duerme, ángel mío! 
¡Paz profunda a tu alma! ¡Adiós! Tu mano 
Ya no más en las noches del estío 
Podrá vagar sobre el marfil del piano… 

Plantad, amigos, cuando yo muera, 
Un triste sauce en el cementerio; 
Pláceme un árbol tan funeral!, 
Y ha tiempo aguardo que en el misterio, 
Será su sombra, sombra ligera 
Para mi humilde lecho mortal. 



Traducción de Juan Clemente Zenea, poeta cubano del siglo XIX.









Louis-Charles-Alfred de Musset (n.París, 1810 – † 1857) escritor y dramaturgo francés del romanticismo.






Paris, Tumba de Musset en Père Lachaise, obra del escultor Jean Auguste Barre,
a la sombra del triste sauce  / Fotografía de JLPC