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"Expectations" - Christophe Vacher
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jueves, 2 de febrero de 2017

ELOGIO DE LOS PÁJAROS


Grey wagtail (Motacilla cinerea) - Fran Byrne



ELOGIO DE LOS PÁJAROS



                  Me gustan los pájaros porque vuelan y no vuelan. Porque se zambullen en las aguas y en las nubes. Porque sus huesos están llenos de aire. Por la pelusa impermeable que tienen bajo las plumas. Por esas garras que han desaparecido de las alas pero que se han conservado en las patas, salvo en esas en forma de remo, dignas también de todo nuestro respeto. Me gustan los pájaros por sus patas de palillo, y por las torcidas también, cubiertas en ocasiones por escamas púrpuras, amarillas o azules.  
      
       
                      Por su andar elegante y majestuoso, y por su cojera, que siempre da la impresión de que la tierra que hay bajo sus pies se balancee. Por esos ojillos desorbitados que nos ven a su manera. Por los picos puntiagudos, con forma de tijeras, curvos, aplastados,largos o cortos. Por las pecheras emplumadas,los penachos, las crestas, los collarines, los volantes, las almillas, los pantalones, los abanicos y los ribetes. Yo misma valoro en gran medida no solo la grisura en el pelaje del ave, la cual nunca resulta monótona, sino también el abigarramiento, el cual durante la época del celo siempre se las arregla para ofrecernos algún efecto adicional. Me gustan los pájaros por sus nidos, sus huevos y las bocas reptilianas abiertas de par en par de los polluelos.  Y, finalmente, por esas voces chirriantes y melodiosas que gorjean, trinan y gorgotean.


Papamoscas gris



                    El autor de este atlas sobre los pájaros le ha dedicado una atención muy especial a todas esas voces. Por ejemplo, el «pst pst tik tik» es la voz de reclamo del papamoscas gris, mientras que el «bit bit cyt crr» corresponde al papamoscas negro, una diferencia sustancial que impide la confusión amorosa entre estas dos familias tan cercanas. Como es de suponer, todo intento por reproducir las voces de las aves mediante los sonidos del lenguaje humano es claramente impreciso, y sería todo mucho más fácil si el atlas incluyese algunos discos. Pero Jan Sokołowski sabía muy bien qué hacía: dada la ya conocida presteza de nuestra industria musical, un atlas como este con grabaciones aparecería dentro de setenta años. Por ello, su laboriosa aunque imperfecta trascripción merece nuestro reconocimiento; si bien, debe añadirse también que su trabajo es fruto de varios siglos de tradición literaria. Y dado que hablamos de literatura, debo decir que también me gustan los pájaros porque han revoloteado durante siglos dentro de la poesía polaca. Desgraciadamente, no todos ellos. El protagonista y el predilecto de la poesía es el ruiseñor.  El águila, el cuervo, el búho, la golondrina, la cigüe­ña, la paloma, la gaviota, el cisne, la grulla, la alondra y el cuclillo pertenecen a esa casta privilegiada. También encontramos a la garza, el tordo, el camachuelo, el aguzanieves, el pinzón, el mirlo y muchos otros, aunque más esporá­dicamente.


Ruiseñor



                     Hay pájaros cuya existencia la poesía calla, simplemente porque sus nombres son tan desparpajados que arruinarían el ambiente lírico. Nunca me he encontrado con el verderón, el triguero, el trillador marrón o, incluso, con el bigotudo. El desafortunado chotacabras no es para nada más feo que la golondrina, pero no ha conseguido hacer carrera poética. Solo podemos albergar la esperanza de que, en el futuro, algún poeta se apiade finalmente de él o de algún porrón osculado. Al menos, este no es el peor de los futuros, ya que aún hay esperanza. Otro cantar es el de aquellos pájaros condenados por tener un nombre ambiguo. El alcaraván, el colirrojo o el gorrión (1) solo añadirían confusión al paisaje poético. ¿Y qué pasa con la cogujada o galerita cristata? En otra época prestó su nombre a las jóvenes doncellas y lo echó todo a perder. Un poeta que escribiese «A mi tranquila choza llegó volando una galerita», sería hoy considerado como un donjuán fanfarrón. ¿Y qué tal sería el pato havelda? «Un vez me senté en la empalizada y me rozó, al vuelo, una havelda...» No, no puede ser. ¿Y qué tal el pájaro combatiente? «No vagues junto al Narew,(2) vida mía, para que los combatientes no se asusten al verte...» ¿Qué clase de bardo se arriesgaría por algo así? El que esos parias voladores se sientan dolorosamente afectados por su ausencia en nuestra poesía es un asunto aparte. Siempre pueden resarcirse incorporándose a la poesía de algún país extranjero en donde su nombre no pueda asociarse con ninguna otra cosa.


Pájaros combatientes machos


* Notas:

(1) Todos los nombres de ave que se citan a partir de este instante tienen en polaco un doble significado que los hace simpáticos a los ojos del lector, pero que resulta absolutamente intraducible en castellano, por lo que perdemos ese gracioso juego de palabras del original. Hemos tratado, en la medida de lo posible, de hacer comprensible el texto al lector español. 

(2) El Narew es un río del oeste de Bielorrusia y noreste de Polonia, afluente del Vístula. 



 * * *



Wislawa Szymborska “Lecturas no obligatorias“ sobre "Los pájaros de Polonia" de Jan Sokołowski, con ilustraciones en color de Władysław Siwka, Varsovia, Wydawnictwa Szkolne i Pedagogiczne, 1979.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

La mujer del violoncello - Historias de Violoncellos II

Wendy Sutter (Fotógrafo Bill Bernstein)
con el violoncello Amati-Stradivarius, ex Vatican Stradivarius, 
decorado por George Chanot. 


El Cello o Violoncello es un violín bajo de mayor tamaño, que se toca manteniéndolo de pie.  Su tono es rico y sonoro, y sus cuerdas altas tiene una cualidad melódica inconfundible. El cello se adapta perfectamente tanto a la intimidad de un cuarteto de cuerdas como a una orquesta. 

El ex Vatican Stradivarius fue construido por Nicolo Amati como una viola de gamba hacia 1620, transformado en el violoncelo más grande, por Giacomo Antonio Stradivari, discípulo de Amati.  Actualmente está en poder de la cellista estadounidense Wendy Sutter.


El sitio de Wendy Sutter




Música

José Saramago


Grave son de alegría, el violonchelo
Pasa lento en el alma, y en ella vibra:
Murmuremos entonces al cuerpo doble,
A las bocas y manos, a los desmayos,
A las secretas búsquedas que no temen
Ni vergüenza, ni dolor, ni la verdad:
Esto es amor, un arco de alegría
Sobre la cuerda tensa del orgasmo.



*  José de Sousa Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 1922 - Tías, Lanzarote, España, 2010), novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. En 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía».


* * *

Existe una comunión mística entre el o la ejecutante y el violoncello,  un abrazo que deviene en eternidad.  Las notas de este noble instrumento denotan que no es un algo inerte,  fluye su alma a través de sus cuerdas y se siente la vida.

* * *



La mujer del violoncello

(Un cuento breve de Rafael Belaústegui)


"Me clavó muy hondo su mirada azul. El dodecasílabo estalló desde la protohistoria de mis conmociones, surgido desde algún viejo desván de mi memoria donde había quedado guardada, y se proyectó como una saeta lanzada por alguno de aquellos traviesos Cupidos que, en mi primera juventud, jugaban al blanco con mi corazón con dardos provistos por el carcaj de Amado Nervo o Rubén Darío; o de José Asunción Silva, que me enseñó que era una, que era una, que era una sola sombra larga la mía junto a la amada que no existía, que deseaba.  Anulado todo vestigio de racionalidad por el estímulo de esos dardos clavados en la cuna de mis pasiones, ahora, hoy, aquí, esa mirada azul me devolvió el perfume de todos los pétalos, las volutas impolutas del perfume de las putas, cantados por mí en versos que le ocultaba a mamá cuando era un noctívago pertinaz, cazador en calles oscuras de presas fáciles.  Creo que se ha abierto nuevamente la ventana por donde ingresaban los cierzos insinuando vagas congojas y los frígidos céfiros y las cálidas brisas que silbaban poemas de salutación que escribía para los cumpleaños de mamá y las canciones desesperadas surgidas más allá de los límites impuestos, entregadas a mujeres imaginadas, o representadas en retratos de Ava Gardner o Anita Eckberg o Brigitte Bardot, que escondía entre los libros más altos de mi biblioteca para que no los descubriera mamá. El temblor en el volcán de mi pecho no estaba definitivamente apagado y preanuncia nuevas irrupciones que ahora quisiera destinar a esos ojos que me clavan su mirada azul.

La mujer del violonchelo con el instrumento apretado entre los muslos, interpuesto al sexo, lo que me evita desviar la mirada sin impedir que mi fantasía quiera proyectarse a ese más allá que nunca me será dado, quedate tranquila mamá. Los largos bucles del pelo trenzado caen a lo largo de sus hombros, se desbordan como auríferos torrentes a lo largo del instrumento y yo los recorro una y otra vez para encontrar el quiebre en esa mirada azul.  En el mar de mis tristezas una luna amable riela. Abur! maldita mano del desengaño que deshojaste las margaritas de todos mis pretéritos amores.  Esa mano de porcelana que empuña el arco, esa desgarradora voz humana extraída desde las profundidades de la madera, ese allegro que canturrea en contrapunto con el violín apenas atacan los solistas del Triple Concierto de Beethoven, me está devolviendo los ardientes deseos de antes, las viejas emociones marcadas siempre por la angustia de sentirme menos amado de lo que amaba y restituye ausencias que ahora no podré ya jamás olvidar.  La espera en sufrimiento de estos años ha tocado fondo.  Nunca ninguna mujer había despertado en mí un “coup de foudre”, como el que la rubia del violoncello me ha asestado desde los primeros instantes en que irrumpió ante mi presencia, cuando ingresó junto al director y los otros dos solistas y tomó asiento a la derecha del podio, a pocos metros de la tercera fila de la platea donde yo me encontraba con mamá.

En uno de esos momentos del tutti de la orquesta, cuando los solistas silencian, yo traté de encontrar en el programa el nombre de mi ángel. Supe que se llamaba Otilia y no pude develar en la penumbra de la sala su indescifrable apellido de puras consonantes que suponían una nacionalidad rusa o polaca y aseguraban un infranqueable impedimento para el diálogo amoroso, por lo menos oral, ya que el sutil intercambio de ternuras que permiten las miradas o el inquietante intercambio de presiones digitales, que no me escuche mamá, prometían silenciosas aventuras hasta la frontera de la excitación.  Pocos cruces de mirada fueron posibles en el Adagio ya que su melodía calma y profunda, como las aguas de un lago de alta montaña, convoca a una vigilia de ojos cerrados, ella ejecutando el chelo y yo disfrutando el deleite musical y esa imagen grabada en la membrana de mis párpados. Algo más supe de ella cuando terminó el último movimiento.  Supe que era polaca.  No podía ser más que polaca quien había interpretado el Rondó final con la admirable maestría que habíamos escuchado.  Con el pecho perturbado, entorpecida mi respiración, fríos flujos en mi frente, recibí el corte del aterciopelado telón sobre los demorados aplausos.  A la salida le dije a mamá que me quedaría por la calle Corrientes para comprar un libro.  No le dije La Amada Inmóvil, que mamá cuestionaba por ser “demasiado erótico”. Cosas de madres. “Ninguna travesura, Eduardo” me advirtió. Cuando tomó el taxi, yo corrí a la salida de la calle Viamonte para encontrarme con la mujer que había empezado a amar, como nunca, esta vez sin dolor."


*  Rafael Belaústegui:  nació en Buenos Aires en 1927.  Poeta y narrador argentino, autor de una de las prosas más intensas, conmovedoras y originales de la actual literatura argentina. 

* * *

Adrien François Servais (1807-1866), virtuoso cellista belga
con su Stradivarius 


Liebestraum para cello y piano, del compositor y pianista húngaro Franz Liszt (1811-1886).  Interpreta la Cellista Seeli Toivio junto a su hermano el pianista Kalle Toivio en el Festival Servais 2007,  Basílica de Belgica, June 6, 2007,  concierto en conmemoración del Bicentenario del virtuoso cellista belga Adrien François Servais (1807-1866). 





martes, 2 de agosto de 2011

La escritura como osamenta




La escritura como osamenta.  Esta escritura desatada, tan cervantina ella, tan invisible pese a las manchas que la ciñen, es lo único que justifica el paso cansino de los días.  

Hay un escritor verdugo en este rostro, una escolta que avasalla la letra y la palabra hasta llenar de enjambres lo pálido de esta hoja fatal que no comprendo.  

Lo verdadero es sólo lo que está escrito entre mil ruinas, lo otro es la marea ágata que agota sus recursos de sirena en pos de un sueño, lo otro no me basta.  

La literatura es el espacio de paz que me resuelve, la instancia final en donde el signo cumple sus rituales más pesados, en donde el nombre y las cosas víctimas del nombre se divorcian para dejar un niño hermoso llorando en el silencio. 

Siempre estaré empapado de escritura, siempre seré el niño antes mencionado, tal vez el signo o la cosa que lo porta, siempre el navegante entre dos mundos de miserias, el que abre un libro, no ya para robar sus secretos de huracán en bocas rotas, sino para leer lo que danza azul en mi añejada biblioteca, en ese suspiro trivial que nos deshoja.







*  Flavio Crescenzi, poeta argentino






Los desertores de la perfección



Friedrich Nietzsche (1906)  -  Edvard Munch








Zaratustra:


“De tiempo y de devenir deben hablar los mejores símbolos. ¡Deben ser una alabanza y una justificación de todo lo perecedero”.


“Crear, ahí está el gran alivio del dolor, y así es como se hace más ligera la vida. Mas para que llegue a existir un creador precisan muchas crisis de dolor y muchas transformaciones.”


“Solo donde hay sepulcros hay resurrecciones”.


“Tienes que querer consumirte en tus propias llamas. ¿Cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en cenizas?”


*  Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie,  obra escrita entre 1883 y 1885 por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche.




Recientemente he tenido oportunidades de intercambiar opiniones sobre este filósofo que provoca interés y a veces rechazo.  Pero para cualquiera de los dos extremos,  es necesario primero conocer más sobre él.  

He aquí un excelente ensayo sobre su influencia en el posmodernismo.

"¿Qué quería decir Nietzsche cuando proclamó la muerte de Dios? ¿Qué significa ya no tener un arriba ni un abajo? En esta amena conferencia, Óscar de la Borbolla revisita a artistas, filósofos y científicos de diferentes épocas para ilustrar la oscura sentencia nietzscheana y señalar el rasgo característico de nuestra época: la renuncia a la perfección."



Revista Cuadrivio