La necedad
Qué tontera mi Dios esa manía
de andar a tientas en la noche oscura
sabiendo que tu luz prístina y pura
pugnaba por sanar la sombra mía.
Qué soledad, qué estúpida agonía
el preferir la piedra hostil y dura
antes que el lecho tuyo de ternura,
no usar tu abrigo ante la lluvia fría.
Eso de sollozar sin tu pañuelo,
no elegir tu descanso a mi desvelo,
y ver la vida castigar mi frente.
No procurar tu brazo en la tormenta,
sufrir mi carne, mi alma y mi osamenta,
y morirse de sed junto a una fuente.
Marcelo Galliano
poeta argentino

