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lunes, 1 de abril de 2013

"... fundido en los colores de la aurora..."

Amanecer desde el Teide - Myriam Guerra




ASÍ —fundido en los colores 
de la aurora
ajustaré en tu dedo 
el anillo de Einstein 
para beberme 
su oscura energía y
repeler la materia como hizo
aquel muchacho 
antiguo —a quien 
conoció Montale 
junto a una roída balaustrada
y que lentamente 
moría sonriendo en las riberas.


© M. V. (“Babel bajo la luna”, 2005)



* Miguel Veyrat,  escritor, periodista y traductor español (Valencia, 1938). Ha publicado numerosos libros de poesía, narrativa, periodismo y ensayo, estos últimos en el marco de su actividad intelectual y docente como conferenciante y profesor fundador de la primera Facultad de Ciencias de la Información del Estado Español en la Universidad Complutense. En 2007 recibe el Premio Stendhal de traducción por su labor.








* * *


He aquí el poema, al que el poeta Miguel Veyrat hace mención en su poema,  confirmando así,  lo que expone en notas,  afortunadamente no prescindidas, al final de su libro “Babel bajo la luna”: 

"Las teselas de otros poetas que aparecen en el adobe de Babelia Liberata, son como el anverso de aquellas que atormentaban la agonía de Virgilio en la inspirada descripción de Hermann  Broch, incrustándose en su mente: El caos demoníaco de cada voz aislada, de cada conocimiento, de cada cosa, le asaltaba ahora… Oh, cada uno está amenazado por las voces indomables y sus tentáculos, por el ramaje de las voces, por las voces de rama que enredándose entre ellas le enredan, que crecen disparadas, cada una por su lado, y volviendo a retorcerse unas en otras, demoníacas en su individualización, voces de segundos, voces de años, voces que se entrelazan en la malla del mundo, en la malla de las edades, incomprensibles e impenetrables en su rugiente mudez. 

En el silencio del conocimiento, las voces que resuenan en nuestra mente aquí, bajo luna, siguen repercutiendo con gran vehemencia hasta ser nuestras en un canon agónico interminable de sentido."  




Riberas


Riberas,
bastan algunos tallos de espadaña
péndulos de un ribazo
sobre el delirio del mar;
o dos camelias pálidas
en los jardines desiertos,
y un rojizo eucalipto que se bañe
entre susurros y locos vuelos
en la luz;
y he aquí que en un instante
invisibles hilos a mí me apresan,
mariposa en tela de araña
temblores de olivo, miradas de girasoles.

Dulce cautividad, hoy, riberas
de quien se entrega casi
a revivir un antiguo juego
nunca olvidado.
Rememoro el acre filtro que ofrecisteis
al confuso adolescente, oh playas:
en las claras mañanas se fundían
dorsos de colinas y cielo; en la arena
de las orillas un amplio batir, uniforme
estremecerse de vidas
una fiebre del mundo; y cada cosa
en sí misma parecía consumarse.

Oh alboroto de aquel tiempo
como el hueso de sepia en las olas
desvanecerse poco a poco;
volverse
un árbol rugoso o una piedra
limada por la mar; fundirse
en los colores de los ocasos; desaparecer carne
para surgir naciente ebria de sol,
por el sol devorada...
                                    Eran éstos,
riberas, los votos del muchacho antiguo
que junto a una roída balaustrada
lentamente moría sonriendo.

Cuánto, mares, estas frías luces
hablan a quien afligido os huía.
Láminas de agua mostrando entre aberturas
frágiles ramajes; rocas oscuras
entre espuma; flechas de vencejos
vagabundos . . .
                        ¡Ah, podía
creeros un día oh tierras,
bellezas funerarias, áureas cornisas
en la agonía de cada ser.
                                        Hoy vuelvo
a vosotras más fuerte, o así lo creo, aunque el corazón
parece desatarse en recuerdos alegres—y atroces.

Triste alma cansada
y tú voluntad nueva que me llamas,
es tiempo quizá de uniros
en un tranquilo puerto de sabiduría.
Y aun llegará un día el convite
de voces de oro, de lisonjas audaces,
alma mía no más dividida. Piensa:
trocar en himno la elegía; rehacerse,
no desfallecer más.
                                Poder
igual que estas ramas
ayer secas y desnudas y hoy llenas
de estremecimientos y linfa,
sentir
mañana también nosotros entre los perfumes y los vientos
un refluir de sueños, un loco urgir
de voces hacia un fin; y en el sol
que os inviste, riberas,
reflorecer!


Eugenio Montale





* Eugenio Montale (Génova, 12 de octubre de 1896 – Milán, 12 de septiembre de 1981), poeta, ensayista y crítico literario y crítico de música italiano. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Fue un excelente traductor de T.S. Eliot, Jorge Guillen, W. Shakespeare, H. Melville, A. Wilson y P. Corneille. En el volumen Sobre la poesía están reunidos todos los ensayos literarios y artículos periodísticos sobre este tema, publicados generalmente en el diario Il Corriere della Sera, de Milán.

Bibliografía del autor:
Ossi di seppia, Ed. Gobetti, Torino, 1925. 
Le occcasioni, Ed. Einaudi, Torino, 1939. 
La bufera e altro, Ed. Neri Pozza, Venezia Satura, Ed. Mondadori, Milano, 1971. 
Diario del ‘71 e del ‘72, Ed. Mondadori, Milano, 1973.
Quaderno di quattro anni, Ed. Mondadori, Milano, 1977.
Tutte le poesie, Ed. Mondadori, Milano, 1977.


*  Fuente:

jueves, 13 de septiembre de 2012

“Un día habrá una isla que no sea silencio amordazado”

Atlántida Rising  (Tenerife,  con el Teide al fondo,  majestuoso y bello)
Juan Gregorio Cairós



“Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado”

Pedro García Cabrera


Siguiendo la premonición de Pedro García Cabrera, la revista Isla Negra se une al homenaje que en las Islas Canarias se ofrece a este gran poeta, con motivo del Día de las Letras Canarias.


“Esta revista es una isla que flota por el universo de los mares de internet y de la poesía, una isla que no es un silencio amordazado, sino una voz y un eco donde cabe toda la humanidad. 
Tal como hubiera querido Pedro”.

Antonio Arroyo Silva


* * *


Naciste verso y moriste poesía

                                                                 A Pedro García Cabrera


Naciste verso y moriste poesía,
entretanto  te acunaron todas las olas
musas niñas jugaron con tus dedos,
te silbaron nanas al oído las caracolas.
Sueños del mar dibujaron  tu pelo
despertaron tu piel caricias perfumadas de azul,
dibujaron los alisios  tu ávida mirada de niño poeta.
Y creció el niño
fabricando velas con trazos de nubes
navegando mar adentro y mar afuera
creciendo en sol y en luces
Y se hizo grande
siendo invisible al aire pero no a la guerra
la cruel e injusta pesadilla del hombre
colándose por los pozos profundos de tus venas
con la mano en la sangre, achicando penas
Rescatando palabras de las entrañas
Resucitando poesía de las lunas llenas.
Y se hizo preso
Cuanto más te encerraban
más te liberaban el alma
pertrechada de alas, papel y pluma
punto a punto
verso a verso del tiempo
te erigiste en hombre grande,
en poeta inmenso
perpetuo habitante de tu isla
tu isla mundo, tu mundo sueño.
Y se hizo amor
Y lo encontró retozando
entre veinte bocas y veinte senos
veinte vientres que sumaban uno
Y te rimó, cada abrazo, cada caricia, cada beso
en el tibio silencio de sus brazos.
Y recorriste el mundo de fuera de tu isla
y  recorriste la isla de fuera de tu mundo
Con  el agua en la rodilla
y la rodilla en el suelo de su suelo
por la hondura del agua huye tu entierro
por la honda suerte se coló tu vida
Y te hiciste  muerto
Se te vio caminar mientras le conversabas,
te llevó la guadaña educadamente
te vieron desaparecer, volverte humo
mientras rodaba una lágrima
por las mejillas de la muerte
jamás le vieron en los ojos tanta pena
preguntándose qué le habías dicho íntimamente al oído
Aunque dicen que le ibas recitando
tus poemas.


Teresa Delgado Duque
Poeta española de La Gran Canaria



 * * *


Un día habrá una isla
                                    
                                                                       A mi sobrina Mª de los Ángeles García Soto
 

Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado
Que me entierren en ella,
donde mi libertad dé sus rumores
a todos los que pisen sus orillas.
Solo no estoy. Están conmigo siempre
horizontes y manos de esperanza,
aquellos que no cesan
de mirarse la cara en sus heridas,
aquellos que no pierden
el corazón y el rumbo en las tormentas,
los que lloran de rabia
y se tragan el tiempo en carne viva.
Y cuando mis palabras se liberen
del combate en que muero y en que vivo,
la alegría del mar le pido a todos
cuantos partan su pan en esa isla
que no sea silencio amordazado.


Pedro García Cabrera
                                                                           
De Las Islas en que vivo (1971)







*  Pedro García Cabrera, poeta y periodista canario nacido en Vallehermoso, La Gomera,  Tenerife, el 19 de agosto de 1905. Vivió casi toda su vida en la isla de Tenerife, donde falleció el 20 de marzo de 1981.



Parte de su obra:

Líquenes (1930), Transparencias fugadas (1934), La rodilla en el agua (1935), Los senos de tinta (1934), Dársena con despertadores (1936), Entre la guerra y tú (1936), Romancero cautivo (1936), La arena y la intimidad (1940), Hombros de ausencia (1942), Viaje al interior de tu voz (1944), Día de alondras (1951), La esperanza me mantiene (1959), Vuelta a la isla (1968), Entre cuatro paredes. (1968), Hora punta del hombre (1969), Las islas en que vivo (1971), Elegías muertas de hambre (1975), Ojos que no ven (1977), Hacia La Libertad (1978). De esta obra existe un único manuscrito original con 10 poemas, escritos y firmados de puño y letra por Pedro Garcia Cabrera, acompañados por 10 aguafuertes de Jesús Ortiz. Colección privada de Tenerife. Caluroso amanecer (1979)


*  Fuente:  Revista Isla Negra, 8/320, revista internacional de poesía dirigida por Gabriel Impaglione poeta argentino residente en Italia, fundada el 1 de abril de 2004.

http://revistaislanegra.fullblog.com.ar/
Gentileza de Teresa Delgado Duque

Poesía de Pedro García Cabrera http://www.rinconesdelatlantico.com/num3/2_poemas_pedro_garcia_cabrera.html