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"Expectations" - Christophe Vacher
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lunes, 4 de febrero de 2013

"... este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie."




Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas...

Pablo Neruda
“Veinte poemas de amor y una canción desesperada”



En la Comunidad El País de España, en Septiembre de 2012 aparecieron publicados unos artículos que en un carácter periodístico conforman una parte importante de la memoria histórica que hermana a España y Chile,  contando algunos hechos que dejan al descubierto la solidaridad del poeta Pablo Neruda,  particularmente hacia sus colegas y amigos más cercanos,  del mundo de las letras y las artes, así como para el pueblo español que sufrió la represión franquista.   Son documentos de alto valor histórico,  dignos de difundir para que no permanezcan perdidos y olvidados en polvorientas bibliotecas, en cambio tomen su sitio en la conciencia universal.  En algunos casos se trata de escritos del propio Neruda,  artículos de prensa y fotografías de época.

El 3 de septiembre de 2012 se cumplieron 73 años de la llegada del carguero Winnipeg a Valparaíso (Chile).  Había partido el 4 de agosto de 1939 desde el puerto de Trompeloup-Pauillac (Francia), con 2365 exiliados españoles, rescatados de campos de concentración.   Si bien es cierto el número total de emigrantes españoles no coincide de una versión a otra,   ello no opaca la veracidad de las fuentes.

“… un episodio histórico relativamente poco conocido de la vida de Pablo Neruda y su relación con España.  En 1934, Neruda es designado Cónsul de Chile en Barcelona y luego en Madrid.  Amaba entrañablemente a España y, en especial, a Andalucía, cuna de sus amigos García Lorca, Alberti, Manuel Altolaguirre, Alexandre, Cernuda, José Caballero, entre otros muchos.”  Todos pertenecientes a la llamada “Generación del 27”.  
Fernando de la Sierpe en su libro LOS ANDALUCES, NERUDA Y EL WINNIPEG

Fernando de la Sierpe ha escrito este relato como un homenaje al poeta Pablo Neruda, nacido en Parral, Chile, el 12 de Julio de 1904, en el centenario de su nacimiento celebrado en el año 2004;  también en homenaje a sus amigos, los poetas Rafael Alberti, del Puerto de Santa María y Luis Cernuda, de Sevilla,  de ambos se ha celebrado el centenario de su nacimiento,  en el año 2002.

Las declaraciones de Neruda han sido tomadas de su libro:  “España en el corazón”,  que fue publicado por primera vez con un tiraje de 500 ejemplares,  bajo la dirección de Manuel Altolaguirre,  terminándose esta 1ª impresión el 07 de noviembre de 1938,  a la que siguió una 2ª de 1.500 ejemplares con fecha 10 de enero de 1939.


El libro empieza con las siguientes palabras:

España en el corazón
Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra
Pablo Neruda



Noticia

El gran poeta Pablo Neruda, (la voz más profunda de América desde Rubén Darío,  como dijo García Lorca), convivió con nosotros los primeros meses de esta guerra.  Luego en el mar,  como desde un destierro,  escribió los poemas de este libro.  El Comisariado del Ejército del Este lo reimprime en España.  Son Soldados de la República quienes fabricaron el papel, compusieron el texto y movieron las máquinas.  Reciba el poeta amigo esta noticia como una dedicatoria.


"Ya he cantado y contado
lo que a manos llenas me dio España
y lo que me robó con agonía".

¿Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles.

¿Valía la pena cantar
cuando en España los puñales
dejaron un millón de muertos?


* * *






 El Winnipeg y Pablo Neruda

Tras la derrota del frente de Barcelona en 1939, quinientas mil personas cruzaron los Pirineos escapando de la persecución franquista, hacia una Francia que ya estaba aterrorizada por la amenaza nazi.  Evidentemente coludidos ambos regímenes, la mayoría de estas personas irían a parar a centros de detención e internamiento, que era el eufemismo de los campos de concentración.

Rafael Alberti, amigo de Neruda desde los tiempos en que había residido en Madrid y había ejercido como cónsul del gobierno chileno,  le escribió contándole de los problemas que tenían los civiles partidarios de La República que escapaban de Franco.  

Aunque trabajaba en ese momento en una de sus obras mayores, el Canto General, deja su casa de Isla Negra, para explicarle al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, la necesidad de ayudar a España.  El presidente le otorga el cargo diplomático de Cónsul especial para la Inmigración Española con sede en París.

Con una pierna escayolada parte hacia Francia y  junto a Delia del Carril, su mujer, dedican horas interminables a revisar una por una las solicitudes de los españoles para viajar hacia Chile.   El Gobierno Republicano en el exilio, a instancias de Neruda y a través del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE), fue quien contrató el vapor Winnipeg a la compañía France-Navigation para el traslado de los refugiados;  un viejo carguero francés que habitualmente hacía el recorrido entre Marsella y las costas africanas con no más de 20 pasajeros.  Las tareas de acondicionamiento del carguero se realizan a toda prisa, tanto como la reagrupación de familias españolas que permanecían separadas en distintos campos de concentración,  en Francia.  

Neruda describe el hecho pocas horas antes del embarque: “Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirantes.”





El 4 de agosto de 1939, dos mil setenta y ocho personas (1200 hombres, 418 mujeres y 460 niños) todos republicanos, procedentes de los campos de refugiados en Francia, se embarcaron en un viejo carguero de nombre Winnipeg, de bandera canadiense, de apenas cinco mil toneladas en el puerto francés de Trompeloup- Pauillac. Sólo contaba con mil quinientas plazas, por lo que el barco fue acondicionado especialmente para el viaje. Las bodegas de convirtieron en dormitorios y en la cubierta se improvisaron baños para hombres y mujeres.  Los botes salvavidas y las hamacas se transformaron en camarotes.

La noche que el Winnipeg levó anclas e inició la travesía, Pablo Neruda escribió:  


“Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.”


A los pasajeros se les entregó una colchoneta, una manta, dos sábanas, una almohada y una bolsa con productos para la higiene personal, junto a una tarjeta de colores para racionar los turnos de comida durante la interminable travesía.  Los niños recibieron material y un folleto en el que se contaba la historia de Chile, junto con un saludo de bienvenida, redactado por el propio Neruda, donde les hacía saber el afecto con que serían recibidos.

Eduardo Robles,  malacitano que trabajaba como actor y cantante de flamenco,  había recorrido España entera huyendo de las tropas franquistas:  Málaga, Madrid, Valencia y Barcelona, para, finalmente, atravesar la cordillera pirenaica hasta Francia. Una vez allí consiguió un billete para el Winnipeg.   Atrás dejó a su madre y su hermana pequeña, sólo él tuvo acceso al barco.  Manola Robles, hija de Eduardo, cuenta que su padre recordaba la solidaridad que se desplegó en aquella travesía:

“Todos aguantaban como podían, a pesar del hambre, el frío y el miedo.  Los que estaban en mejores condiciones trataban de entretener con cantos y juegos a los más pequeños. Él solía actuar como payaso para que los niños olvidaran las penurias. Como siempre decía, la travesía de aquel barco era como ir al fin del mundo por mar”






Muchas fueron las dificultades con que se encontró Neruda, por entonces Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París, y Delia del Carril, su compañera, los artífices de esta aventura.  Contaron con la ayuda de Pedro Aguirre Cerda, presidente de Chile, y la oposición de los sectores reaccionarios, que siempre son los mismos.  

A finales del mes de Julio de 1939, Pablo Neruda, Delia del Carril y el doctor José M. Calvo, se desplazaron a los campos de concentración de los demócratas franceses donde se encontraban los españoles que habían logrado huir de la dictadura.  La intención era  reclutar obreros, carpinteros y artesanos en general con destino a Chile, dónde era necesaria su mano de obra.

El criterio de selección de Neruda sólo tuvo un parámetro: sacar de allí a la mayor cantidad de personas posibles, pues a pesar de las exigencias de conocer un oficio, muchos de los que embarcaron en el Winnipeg eran intelectuales y artistas como José Balmes y Roser Bru (pintores), Mauricio Amster (profesor y artista), Leopoldo Castedo (historiador), Isidro Corbinos (periodista deportivo), José Ferrater Mora (Filósofo), Margarita Xirgu (actriz), Victor Pey (ingeniero) y José Gómez de la Serna, Francisco Galán, Agustín Cano, Arturo Lorenzo, Dolores Piera, José Ricardo Morales y Vicente Mengod.

 “Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirante"
Pablo Neruda, "Para nacer he nacido".

Lo que hizo Neruda, sin duda, se trataba de un acto de amor.   Se dirigió a Francia a cumplir “la más noble misión que he ejercido en mi vida: la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria. Así podría mi poesía desparramarse como una luz radiante venida desde América entre esos montones de hombres cargados como nadie de sufrimiento y heroísmo. Así mi poesía llegaría a confundirse con la ayuda material de América que, al recibir a los españoles, pagaba una deuda inmemorial”.  

Se le acusa a Neruda haber sido firme admirador de Stalin,  pero no hay que sacar las cosas de contexto,  fue estalinista cuando todos los comunistas lo eran,  cuando aún no se conocían los horrores que el gobierno de Stalin había cometido dentro y fuera de territorio soviético,  como "rehabilitaciones" en cárceles, ejecuciones masivas en los años 30s,  información que salió a la luz pública en 1987.

Entre las sombras que tuvo la historia del Winnipeg está la prohibición de trasladar a Trotskistas y Anarquistas.   Sin embargo algunos anarquistas como el aragonés Manuel Lazaro Grassa,  pudieron viajar en el Winnipeg, hasta Chile.

El gobierno chileno había fijado un número de emigrantes para que aprobarar la lista.   Neruda envió numerosas listas a Chile, que le fueron rechazadas.   El gobierno le dio instrucciones expresas de reclutar a  pescadores y artesanos.  Pero Neruda logró camuflar a algunos intelectuales, adjudicándoles falsos oficios.  El número real de personas que viajaron supera los 3.000.  

El Winnipeg arribó al muelle Prat de Valparaíso la soleada mañana del domingo 3 de septiembre de 1939,  con un valioso cargamento compuesto por 2078 españoles republicanos hacinados, desnutridos y casi desnudos que vuelven a pisar tierra firme tras casi un mes de travesía transatlántica.  Fueron recibidos por el entonces ministro de Sanidad, Salvador Allende y acogidos como héroes en Chile, en medio de un apoteósico acto con canciones de la guerra civil y carteles de bienvenida.  Un día antes habían pasado por el puerto de Iquique en el norte grande y un día después, el 4 de septiembre, llegan por tren los primeros refugiados republicanos a Santiago, a la Estación Mapocho.

Acogidos en la sociedad chilena, muchos de estos refugiados se desarrollarían y aportarían a Chile obras tan perennes como el acto de humanidad del poeta.  Nombres como Roser Bru, Josep Balmes o Leopoldo Castedo han pasado a formar parte destacada de la cultura que les vio llegar niños a bordo de un barco viejo, lleno de esperanzas, con ansias de libertad, desde la España rota una vez más por el delirio del pensamiento único.






Neruda cuenta sus impresiones acerca de esta experiencia:

“Me gustó desde un comienzo la palabra Winnipeg. Las palabras tienen alas o no las tienen.  La palabra Winnipeg es alada.  La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos.  Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo...

Ante mi vista, bajo mi dirección, el navío debía llenarse con dos mil hombres y mujeres.  Venían de campos de concentración, de inhóspitas regiones del desierto. Venían de la angustia, de la derrota y este barco debía llenarse con ellos para traerlos a las costas de Chile, a mi propio mundo que los acogía. Eran los combatientes españoles que cruzaron la frontera de Francia hacia un exilio que dura más de 30 años.  Yo no pensé, cuando viajé de Chile a Francia, en los azares, dificultades y adversidades que encontraría en mi misión. Mi país necesitaba capacidades calificadas, hombres de voluntad creadora. Necesitábamos especialistas.

Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los más remotos campamentos y llevarlos hasta aquel día azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mecía el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoción y desesperación.

Mis colaboradores eran una especie de tribunal del purgatorio.  Y yo, por primera y última vez, debo haber parecido Júpiter a los emigrados.  Yo decretaba el último Sí o el último No.  Pero yo soy más Sí que No, de modo que dije siempre Sí.

Estábamos ya a bordo casi todos mis buenos sobrinos, peregrinos hacia tierras desconocidas, y me preparaba yo a descansar de la dura tarea, pero mis emociones parecían no terminar nunca.  El gobierno de Chile, presionado y combatido, me instaba en un telegrama a cancelar el viaje de los emigrados.

Hablé con el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi país.  Era difícil hablar a larga distancia en 1939.  Pero mi indignación y mi angustia se oyeron a través de océanos y cordilleras y el Ministro se solidarizó conmigo.  Después de una crisis de gabinete, el Winnipeg, cargado con dos mil republicanos que cantaban y lloraban, levó anclas y enderezó rumbo a Valparaíso.”

Pablo Neruda
De España en el corazón.


* * *




“Bajo el mismo cielo”, obra ganadora del Primer Premio de Novela de Lectura Fácil convocada por CCOO, la autora es Núria Martí Constans y cuenta la historia de una madre y una hija que huyen de la Guerra Civil Española a bordo del Winnipeg, un barco que el escritor Pablo Neruda hizo salir de un puerto de Francia en 1939 rumbo a Chile.  Durante el viaje, se mezclan el miedo y la esperanza, hay enamoramiento y alegría.  Es una historia de una nueva vida en un nuevo país.  Es una historia de amistad, de solidaridad y de amor.

Editorial La mar de fácil,  con ilustraciones de Judit Canela.
Disponible también en catalán con el título de “Les mateixes estrelles”.



* * *



EXPLICO ALGUNAS COSAS



PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?

Y la metafísica cubierta de amapolas?

Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio 
de Madrid, con campanas, 
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía 
el rostro seco de Castilla 
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes 
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías, 
aglomeraciones de pan palpitante, 
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua 
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles, 
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas, 
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces, 
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas, 
bandidos con frailes negros bendiciendo 
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños 
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría, 
piedras que el cardo seco mordería escupiendo, 
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre 
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola 
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta, 
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo 
en vez de flores, 
pero de cada hueco de España 
sale España, 
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, 
pero de cada crimen nacen balas 
que os hallarán un día el sitio 
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía 
no nos habla del sueño, de las hojas, 
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles, 
venid a ver la sangre 
por las calles!


De “España en el corazón” 
Pablo Neruda



Misión de Amor

Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba con un remoto nombre
"Winnipeg"
pegado al malecón del jardín encendido,
a las antiguas uvas acérrimas de Europa.
Pero mis versos no venían
de Versalles,
del baile plateado, de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.
De más lejos,
de campos y prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco
claro,
al navío en la mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba.
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, ¡Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.


* * * 






*  Fuentes:

1)  El Libro completo España en el corazón de Pablo Neruda:  España en el corazón (pdf)

PORTADA

NOTICIA

INVOCACIÓN

BOMBARDEO

MALDICIÓN

ESPAÑA POBRE POR CULPA DE LOS RICOS

LA TRADICIÓN

MADRID (1936)

EXPLICO ALGUNAS COSAS

GENERALES TRAIDORES

CANTO A LAS MADRES DE LOS MILICIANOS MUERTOS

CÓMO ERA ESPAÑA

LLEGADA A MADRID DE LA BRIGADA INTERNACIONAL

BATALLA DEL RÍO JARAMA

ALMERÍA

TIERRAS OFENDIDAS

SANJURJO EN LOS INFIERNOS

MOLA EN LOS INFIERNOS

LOS GREMIOS EN EL FRENTE

CANTO SOBRE UNAS RUINAS

LA VICTORIA DE LAS ARMAS DEL PUEBLO

FALTAN LAS PÁGINAS  62 Y 63

PAISAJE DESPUÉS DE UNA BATALLA

ANTITANQUISTAS

MADRID (1937)

ODA SOLAR AL EJÉRCITO DEL PUEBLO

DATOS DE LA EDICIÓN


2)  El Libro completo Los Andaluces, Neruda y el Winnipeg del escritor español Fernando de la Sierpe,  en estos links:
1. NERUDA Y LOS POETAS ANDALUCES
http://www.andalucia.cc/winnipeg/capitulo_1.htm

2. HACIA EL FIN DE LA GUERRA CIVIL
http://www.andalucia.cc/winnipeg/capitulo_2.htm

3. NERUDA Y EL APOYO DE CHILE
http://www.andalucia.cc/winnipeg/capitulo_3.htm

4. EL LARGO VIAJE A CHILE
http://www.andalucia.cc/winnipeg/capitulo_4.htm

5. LOS HIJOS DE NERUDA: LOS NUEVOS CHILENOS
http://www.andalucia.cc/winnipeg/capitulo_5.htm

6. AGRADECIMIENTOS Y BIBLIOGRAFIA
http://www.andalucia.cc/winnipeg/capitulo_6.htm


3)  ESPAÑA EN EL CORAZÓN



4)  EL WINNIPEG Y PABLO NERUDA

viernes, 18 de enero de 2013

Miguel Hernández y Pablo Neruda





"El recuerdo de Miguel Hernández no puede escapárseme de las raíces del corazón."


“No permanecí mucho tiempo en el consulado de Buenos Aires. Al comenzar 1934 fui trasladado con el mismo cargo a Barcelona.  Don Tulio Maqueira era mi jefe, es decir, cónsul general de Chile en España. Fue, por cierto, el más cumplido funcionario del servicio consular chileno que he conocido.  Un hombre muy severo, con fama de huraño, que conmigo fue extraordinariamente bondadoso, comprensivo y cordial.

Descubrió rápidamente don Tulio Maqueira que yo restaba y multiplicaba con grandes tropiezos, y que no sabía dividir (nunca he podido aprenderlo).  Entonces me dijo:
- Pablo, usted debe vivir en Madrid. Allá está la poesía. Aquí en Barcelona están esas terribles multiplicaciones y divisiones que no lo quieren a usted. Yo me basto para eso.

Al llegar a Madrid, convertido de la noche a la mañana y por arte de birlibirloque en cónsul chileno en la capital de España, conocí a todos los amigos de García Lorca y de Alberti.  Eran muchos.  A los pocos días yo era uno más entre los poetas españoles.  Naturalmente que españoles y americanos somos diferentes.  Diferencia que se lleva siempre con orgullo o con error por unos o por otros.

Los españoles de mi generación eran más fraternales, más solidarios y más alegres que mis compañeros de América Latina.  Comprobé al mismo tiempo que nosotros éramos más universales, más metidos en otras culturas.  Eran muy pocos entre ellos los que hablaban otro idioma fuera del castellano.  Cuando vinieron Desnos y Crevel a Madrid, tuve yo que servirles de intérprete para que se entendieran con los escritores españoles.

Uno de los amigos de Federico y Rafael era el joven poeta Miguel Hernández.  Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalón campesino de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras.  Yo publiqué sus versos en mi revista Caballo Verde y me entusiasmaba el destello y el brío de su abundante poesía.

Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él.  Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea.  Vivía y escribía en mi casa.  Mi poesía americana, con otros horizontes y llanuras, lo impresionó y lo fue cambiando.

Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros.  Era ese escritor salido de la naturaleza como una piedra intacta, con virginidad selvática y arrolladora fuerza vital.  Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas.  Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba a las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras.

Otras veces me hablaba del canto de los ruiseñores.  El Levante español, de donde provenía, estaba cargado de naranjos en flor y de ruiseñores.  Como en mi país no existe ese pájaro, ese sublime cantor, el loco de Miguel quería darme la más viva expresión plástica de su poderío.  Se encaramaba a un árbol de la calle y,  desde las más altas ramas, silbaba o trinaba como sus amados pájaros natales.

Como no tenía de qué vivir le busqué un trabajo.  Era duro encontrar trabajo de poeta en España. Por fin un vizconde, alto funcionario del Ministerio de Relaciones, se interesó por el caso y me respondió que sí, que estaba de acuerdo, que había leído los versos de Miguel, que lo admiraba, y que éste indicara qué puesto deseaba para extenderle el nombramiento. Alborozado le dije al poeta:

- Miguel Hernández, al fin tienes un destino.  El vizconde te coloca.  Serás un alto empleado.  Dime qué trabajo deseas ejecutar para que decreten tu nombramiento.  Miguel se quedó pensativo.  Su cara de grandes arrugas prematuras se cubrió con un velo de cavilaciones.  Pasaron las horas y sólo por la tarde me contestó.  Con ojos brillantes del que ha encontrado la solución de su vida, me dijo:

- ¿No podría el vizconde encomendarme un rebaño de cabras por aquí cerca de Madrid?

El recuerdo de Miguel Hernández no puede escapárseme de las raíces del corazón. El canto de los ruiseñores levantinos, sus torres de sonidos erigidas entre la oscuridad y los azahares, eran para él presencia obsesiva, y eran parte del material de su sangre, de su poesía terrenal y silvestre en la que se juntaban todos los excesos del color, del perfume y de la voz del Levante español, con la abundancia y la fragancia de una poderosa y masculina juventud.

Su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una sementera, con algo rotundo de pan y de tierra.  Sus ojos quemantes, ardiendo dentro de esa superficie quemada y endurecida al viento, eran dos rayos de fuerza y de ternura.  Los elementos mismos de la poesía los vi salir de sus palabras, pero alterados ahora por una nueva magnitud, por un resplandor salvaje, por el milagro de la sangre vieja transformada en un hijo.  En mis años de poeta, y de poeta errante, puedo afirmar que la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal.”

Pablo Neruda
De España en el corazón.






A Miguel Hernández, asesinado en los presidios franquistas


Pablo Neruda



Llegaste a mí directamente del Levante.  Me traías,
pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
la escolástica de viejas páginas, un olor
a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado,
sobre los montes, y en tu máscara
la aspereza cereal de la avena segada
y una miel que medía la tierra con tus ojos.
También el ruiseñor en tu boca traías.
Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
de incorruptible canto, de fuerza deshojada.
Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
bajo la luna y bajo el sol de la batalla.
Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.
Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
te escucho, sangre, música, panal agonizante.
No he visto deslumbradora raza como la tuya,
ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
ni he visto nada vivo como tu corazón
quemándose en la púrpura de mi propia bandera.
Joven eterno, vives, comunero de antaño,
inundado por gérmenes de trigo y primavera,
arrugado y obscuro como el metal innato,
esperando el minuto que eleve tu armadura.
No estoy solo desde que has muerto.
Estoy con los que te buscan.
Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
que se despeñarán sobre el pecho de España
aplastando a Caín para que nos devuelva
los rostros enterrados.
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán.
Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
que no será borrado tu martirio, y tu muerte
caerá sobre toda su luna de cobardes.
Y a los que te negaron en su laurel podrido,
en tierra americana el espacio que cubres
con tu fluvial corona de rayo desagrado,
déjame darles yo el desdeñoso olvido
porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.
Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
de la crueldad, Mao Tse Tung dirige
tu poesía despedazada en el combate
hacia nuestra victoria.
Y Praga rumorosa
construyendo la dulce colmena que cantaste.
Hungría verde, limpia sus graneros
y baila junto al río que despertó del sueño.
Y de Varsovia sube la sirena desnuda
que edifica mostrando su cristalina espada.
Y más allá la tierra se agiganta,
la tierra
que visitó tu canto, y el acero
que defendió tu patria está seguro,
acrecentado sobre la firmeza
de Stalin y sus hijos.
Ya se acerca
la luz a tu morada.
Miguel de España, estrella
de tierras arrasadas, ¡no te olvido, hijo mío,
no te olvido, hijo mío!
Pero aprendí la vida
con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
y encontré en mí no el llanto
sino las armas
inexorables!

¡Espéralas! ¡Espérame!


Pablo Neruda, México 1949



* * *



"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!"

Pablo Neruda




*  Fuente:


jueves, 11 de octubre de 2012

"Pablo Neruda. Todos los cantos"






"Pablo Neruda. Todos los cantos"


Elicura Chihuailaf

Ilustraciones de Santos Chávez


"Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina".

..... Es la palabra de Pablo Neruda. La misma que ahora se puede escuchar en mapuzugun:


Iñche ta reina pieyu.
Mvley zoy alvlu eymi mu, zoy alvlu.
Mvlev zoy regelu eymi mu, zoy regelu.
Mvlev zoy kvme azgelu eymi mu, zoy kvme azgelu.
Welu eymi ta reina. 



..... Está en el libro "Pablo Neruda. Todos los cantos" (Ti kom vi), obra que fue traducida al mapuzugun por el poeta Elicura Chihuailaf y que puso en circulación la editorial Pehuén. Fue lanzado en 1997 en La Chascona, la bella casa de nuestro Premio Nobel que se alza en el barrio Bellavista de Santiago.

"En medio de la confusión -dice en el prólogo Elicura Chihuailaf- y del espejo obnubilado, pretendidamente europeo, de los chilenos, Neruda vislumbró nuestro azul, el de nuestra vida, el color que nos habita, el color del mundo de donde venimos y hacia donde vamos. Elástico y azul fue nuestro padre, dice con orgullo y sobre todo con afecto en su poema a nuestro Lautaro. Tan cercana siento la emoción, la ternura, en sus poemas en los que habla con su padre y su mamadre. Escucho también allí la ternura de mi gente, de mis abuelos y de mis padres". Para el poeta traductor, la obra del cantor de Isla Negra "es una de las posibilidades para el diálogo entre los mapuche y los chilenos; para empezar a encontrarnos -poco a poco- en nuestras diferencias".


Las Ultimas Noticias, 3 de abril de 1997


* Fuente: http://letras.s5.com/archivoelicura.htm


Se llevaron el oro y nos dejaron el oro...





Cada año en 12 de Octubre,  el día en que en nuestra infancia celebrábamos sin mayores contradicciones el llamado "Día de la raza", después de la mayor conciencia adquirida con los años, continúo celebrando en este día todo aquello que recibí desde estos dos nobles pueblos que conforman mi pueblo de Chile.  Entonces,  creo que nadie mejor que Pablo Neruda lo expresa,  a traves de estas líneas:



Woman in red   -   Andrew Antroshenko


LAS PALABRAS


...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.

Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo todas las palabras. Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen...

Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras...
Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo...

Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.

Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba...

Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada...

Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.

Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías... Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... salimos ganando. 

Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho... 

Nos dejaron las palabras. 


“Confieso que he vivido”, libro póstumo de memorias de Pablo Neruda (1974)


*** Creo que todos, en mayor o menor grado, hemos sentido la contradicción de reconocer y denunciar los abusos que se cometieron durante la Conquista, pero al mismo tiempo agradecer el traspaso de elementos culturales del Viejo Mundo, como el idioma y la Fe. La lengua de Garcilaso de la Vega, Cervantes, de Lorca, de Machado y de tantos otros con que nos ha regalado España. 

"Se llevaron el oro y nos dejaron el oro..."




jueves, 20 de septiembre de 2012

"... te amo como se aman ciertas cosas oscuras..."

Mary Pickford (1914)



"... te amo como se aman ciertas cosas oscuras, 
secretamente, entre la sombra y el alma."
Pablo Neruda



Soneto XVII


No Te Amo



No te amo como si fueras rosa de sal, topacio 
o flecha de claveles que propagan el fuego: 
te amo como se aman ciertas cosas oscuras, 
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva 
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, 
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo 
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, 
te amo directamente sin problemas ni orgullo: 
así te amo porque no sé amar de otra manera,

Sino así de este modo en que no soy ni eres, 
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, 
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.



Pablo Neruda - "Cien Sonetos de Amor"