I will wait for you

I will wait for you
"Expectations" - Christophe Vacher
Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de febrero de 2012

“Sonata al Claro de Luna”


Continúo con mi gesto de solidaridad con el pueblo de Grecia,  de la mano de este gran poeta griego que es Yannis Ritsos, ahora con “Sonata al Claro de Luna”  extenso  poema  que  escribió en 1956, quizás el más importante de su poesía,  con el que ganó el Premio Nacional de Poesía en Grecia.


En un ambiente de desolación, de profunda melancolía, de oscuridad del alma por los acontecimientos que ocurren dentro y fuera de uno mismo,  entre ellos la soledad. Aparentemente el autor usa una perspectiva dura y fría,  pero en verdad hay tras sus palabras un algo de esperanza o más bien ilusión en ese desesperado “Deja que vaya contigo”,  palabras que irrumpen como letanía y que son los perfiles que sostienen el poema.

Así lo dice José Hierro en una presentación:

"Sonata al Claro de Luna" es la historia de una decepción.  Nos muestra un mundo desolado,  entrevisto amargamente bajo una luz fría y dura.  Ilusión y desesperanza se mezclan,  aunque aquella sirva sólo para destacar a ésta.  El desesperado “Déjame que vaya contigo” es el tema repetido invariablemente mientras modula el poema.  Se trata de una obra rigurosamente construida pese al aparente –sabio- desorden en que pasado y presente, objetividad y alucinación se combinan.  Ritsos es un maestro del contraste como lo es del matiz.”


Esta versión que dejo es un tanto libre,  aunque basada gran parte en la traducción de Selma Ancira y de Dimitris Kyriakou.

Quise traer fotografías de Irene Papas porque al leer el poema visualicé a la mujer de negro,  con este rostro que tan bien expresa la soledad y la desesperación o más bien un esperar,  contra toda esperanza,  tan propios de la tragedia griega que tantas veces ella personificó.



Irene Papas en el film "Inquietud" - 1997



“Sonata al Claro de Luna”


(Una noche de primavera. La habitación grande de una vieja casa. Una mujer de edad, vestida de negro,  le habla a un hombre joven. No han encendido la luz. Por ambas ventanas entra una despiadada luz de luna. Olvidé decir que la Mujer de Negro ha publicado dos o tres interesantes colecciones de poesía sacra.
Y bien, la Mujer de Negro le habla al Joven):

Deja que vaya yo contigo.
¡Qué luna la de esta noche!
Es benévola la luna—no se notará
que mis cabellos han encanecido.
La luna los hará rubios de nuevo. No te enterarás.
Deja que vaya yo contigo.

Cuando hay luna las sombras crecen en la casa,
Manos invisibles corren las cortinas,
Un dedo escribe suave sobre el polvo del piano olvidadas palabras
No quiero oírlas. Calla.

Deja que vaya yo contigo,
Déjame bajar un poco, hasta la tapia de la fábrica  de ladrillos,
Hasta el lugar donde tuerce el camino y surge
la ciudad enjalbegada y etérea, blanca a la luz de la luna,
Tan indiferente y etérea,
tan positiva y tan metafísica
Tanto que finalmente puedes creer que existes y no existes
que nunca has existido, que no ha existido el tiempo
ni su deterioro.
Deja que vaya yo contigo.

Nos sentaremos un momento arriba, en lo alto,
y con el soplo de la primavera
podremos incluso imaginar que volamos,
porque muchas veces, y aún ahora, confundo 
el susurro de mi vestido
con el de dos fuertes alas que se agitan,
y envuelta en ese sonido de vuelo
siento apretados el cuello, las costillas, la carne,
y así, hecha un ovillo, entre los músculos del viento azul,
entre las vigorosas neuronas de la altura,
ya no importa si voy o si vuelvo
ni tiene importancia que haya encanecido mi  cabello
(no es eso lo que me apena—lo que me apena
es que no encanezca también mi corazón).
Deja que vaya yo contigo.

Ya sé que cada uno anda solo en el amor,
solo en la gloria y en la muerte—solo.
Lo sé. Lo he probado. No sirve de nada.
Deja que vaya yo contigo.

Esta casa está embrujada, me expulsa—
quiero decir que ha envejecido mucho:
los clavos  se desprenden,
los cuadros caen como si saltaran al vacío,
el enlucido cae en silencio
como cae de la percha el sombrero del muerto
en el corredor en sombras
como cae del regazo del silencio
su gastado guante de lana
o una cinta de luna sobre el viejo sillón desvencijado.
Alguna vez también fue nuevo—no ese retrato
que miras con tanta desconfianza,
hablo del sillón: tan cómodo que podías sentarte
horas enteras y soñar cualquier cosa con los ojos cerrados:
una playa lisa, humedecida, barnizada por  la luna,
más brillante que mis viejos botines, que todos los meses
llevo al limpiabotas de la esquina,
o la vela de una barca pesquera que se pierde en el horizonte
mecida por su propio aliento,
vela triangular como un pañuelo doblado al sesgo
únicamente en dos,
así, como si no tuviera nada que encerrar o  conservar
u ondeara bien abierta en señal de despedida.
Siempre me encantaron los pañuelos,
no para tener algo atado,
nada de semillas de flores o manzanilla recogida 
en los campos al atardecer,
ni para hacerle cuatro nudos como al casquete que
usan los obreros de la construcción de enfrente,
ni para limpiarme los ojos—he conservado bien la vista;
jamás he usado lentes. Un simple capricho—los pañuelos.
Ahora los doblo en cuatro, en ocho, en dieciséis
para ocupar mis dedos.
Me acabo de acordar que así contaba las notas cuando iba
al Conservatorio
con delantal azul y cuello blanco, con dos trenzas rubias,
—8, 16, 32, 64—
de la mano de una pequeña amiga mía de piel aterciopelada,
llena de luz y flores color rosa,
(perdona estas palabras—es una mala costumbre)
—32, 64— y mis padres albergaban
grandes esperanzas en mi talento musical.

En fin, te hablaba del sillón
—desvencijado—al descubierto los oxidados resortes, la paja—
pensaba llevarlo a la mueblería de al lado,
pero dónde encontrar el tiempo y el dinero y el ánimo
—¿y qué arreglar primero?—
pensaba echarle una sábana encima: tuve miedo
de la sábana blanca a la luz de la luna.
Aquí se sentaron hombres que soñaban grandes sueños,
como tú y como yo,
y que ahora descansan bajo tierra sin que la lluvia ni la luna les afecte.
Deja que vaya yo contigo.

Nos detendremos un momento en la cima de la escalera de mármol de San Nicolás,
después tú bajarás y yo volveré llevando en mi hombro izquierdo
el calor del roce fortuito de tu brazo
y uno o dos rectángulos de luz de las pequeñas ventanas de ese barrio
y la neblina blanca de luna que será como un largo cortejo de cisnes plateados
no temo esa expresión porque antaño yo,
muchas noches de primavera conversé con Dios, 
que se me apareció vestido con la niebla y la gloria
de un claro de luna como éste,
muchos jóvenes, aún más bellos que tú, sacrifiqué por Él
así, pura e inalcanzable, evaporándome en mi llama blanca,
en la blancura del claro de luna,
abrasada por la insaciable mirada de los hombres y
por el éxtasis indeciso de los adolescentes,
cercada por magníficos cuerpos bronceados por el sol,
poderosos brazos y piernas entrenados en natación,
remo, atletismo, fútbol –piernas y brazos que fingía no ver–
frentes, labios, rodillas, dedos y ojos, troncos, bíceps y muslos…
Y de verdad no los veía, sabes, a veces, admirando,
te olvidas del que estás admirando
Te basta la mera admiración
Dios mío, qué ojos todos estrellas
Y me levantaba hacia una apoteosis de estrellas rechazadas
Porque así asediada, por dentro y por fuera,
no me quedaba otro camino sino hacia arriba o hacia abajo
No, no es suficiente...
Deja que vaya contigo




Esta casa ya no me tolera.
Ni yo tolero ya su peso en mis espaldas.
Siempre hay que andar con cuidado, mucho cuidado,
aguantar la pared con el gran aparador
sostener el aparador con la viejísima mesa tallada
sostener la mesa - con las sillas
sostener las sillas - con las manos
sostener la viga derruida - con el hombro.
Hasta el piano parece un negro féretro cerrado.
No te atreves a abrirlo.
Todo el tiempo hay que andar con cuidado,
mucho cuidado, que no caiga nada, que no caigas tú
No puedo más.
Deja que vaya yo contigo.

Esta casa, a pesar de todos sus muertos, no piensa en morir.
Insiste en vivir con sus muertos, vivir de sus muertos
vivir de la certeza de su muerte
y aun en acomodar a sus muertos en vetustas camas y libreros.
Deja que vaya yo contigo.

Aquí, no importa cuán silenciosamente camine en el vaho de la noche,
en mis zapatillas o descalza, algo va a crujir
Algún cristal se esta rajando, o algún espejo
Se oyen pasos –no son los míos
Puede que fuera, en la calle, no se oigan estos pasos
–dicen que el arrepentimiento lleva zapatos de madera…
Y si te pones a mirar en este espejo, o en el otro,
por detrás del polvo y las rendijas
Divisas tu rostro cada vez más borroso y fragmentado
Tu rostro, por el que no pediste nada más en la vida:
sólo que fuera límpido e íntegro
Los labios de la copa brillan en el claro de luna
como una navaja circular –¿cómo puedo llevarla hasta mis labios?
Aunque tenga tanta sed, ¿cómo puedo?
¿Ves? Todavía me quedan ganas de símiles…
Eso es lo que me queda, es eso lo que me asegura todavía
que sigo presente…
Deja que vaya contigo…

A veces, al anochecer, tengo la sensación de que
detrás de la ventana pasa una osa con su dueño
Está vieja y pesada – su pelo lleno de espinas y cardos
Levanta polvo en las calles del barrio
Una nube de polvo solitaria, incienso para el anochecer
Y los niños han vuelto a casa para cenar,
y ya no les dejan salir, aunque a través de las paredes
pueden divisar los pasos de la vieja osa
Y la osa, cansada, camina en la sabiduría de su soledad,
sin saber adónde ni por qué
Está menos ágil, ya no puede bailar sobre dos piernas
No puede llevar su gorrito de encaje y entretener a los niños,
a los vagos, a los exigentes
Y solo quiere tumbarse en el suelo, dejando que le pisen el vientre
Jugando así su última carta
Demostrando su impresionante fuerza para resignarse
Su desobediencia a los intereses de los demás,
a los aros en sus labios,  a la indigencia de sus dientes
Su desobediencia al dolor y a la vida,
con la complicidad de la muerte – incluso una muerte lenta
Su desobediencia final a la muerte,
a través de la continuación y el conocimiento de la vida,
la vida que sigue cuesta arriba
Aprendiendo y actuando, superando la esclavitud
Pero ¿quién puede seguir este juego hasta el final?
Así la osa se levanta otra vez, y camina
obedeciendo a su correa, a sus aros, a sus dientes
Sonriendo con sus labios desgarrados
a las moneditas que le echan los niños,
tan bellos y confiados (bellos precisamente
porque son confiados), diciéndoles gracias
Porque las viejas osas lo único que han aprendido a decir es:
gracias, gracias…
Deja que vaya contigo

Esta casa me está ahogando
Pues la cocina es como el fondo del mar
Las cazuelas colgadas brillan como grandes
ojos redondos de peces increíbles
Los platos se mueven lentamente como medusas
Algas y ostras se atascan en mi pelo –no puedo librarme de ellos después
No puedo subir a la superficie –la bandeja cae de mis manos muda
Me derrumbo y veo las burbujas de mi aliento subiendo, subiendo
E intento entretenerme mirándolas
Y me pregunto ¿qué diría alguien que las viera desde arriba?
Quizás que alguien se está ahogando
O que un buceador está explorando los fondos del mar…
Y, de verdad, no pocas veces descubro allí, en el abismo del ahogamiento
Corales y perlas y tesoros de naufragios
Encuentros imprevistos, del pasado, del presente y del futuro
Casi una comprobación de la eternidad
Un respiro, una sonrisa de inmortalidad, como dicen
Una cierta felicidad, embriaguez, hasta entusiasmo…
Corales, perlas, y zafiros; sólo que no sé darlos
No, los doy; sólo que no sé si pueden recibirlos…
Yo sin embargo los doy
Deja que vaya contigo

Espera un momento, déjame coger mi chaqueta
De este tiempo tan imprevisible no hay que fiarse
Hay humedad por la noche, y parece que la luna hace la noche más fría ¿verdad?
Déjame abrochar tu camisa –qué fuerte es tu pecho…
Eh, qué fuerte esta luna… digo, la silla…
Y cuando levanto la taza de la mesa se desvela un agujero de silencio
Lo tapo inmediatamente con mi mano para no mirar adentro
Vuelvo a dejar la taza donde estaba
Y la luna como un agujero en el cráneo del mundo
No mires adentro, es una fuerza magnética que te atrae
No mires, no miréis, escuchadme, ¡vais a caer dentro!
Este vértigo bello y etéreo –¡te vas a caer!
Un pozo de mármol la luna
Sombras que se agitan y alas mudas, voces misteriosas, ¿no las oís?
Profunda, profunda la caída
Profunda, profunda la escalada
La estatua de aire apretada en sus alas abiertas
Profunda, profunda la despiadada beneficencia del silencio
Luces que parpadean desde la otra orilla
Mientras tambaleas en tu propia ola, soplo del océano
Bello y etéreo este vértigo –cuidado, ¡te vas a caer!
No te fijes en mí… Para mí eso es mi lugar: el tambaleo, el exquisito vértigo
Así que cada noche tengo un poco de dolor de cabeza, náusea
A menudo voy a la farmacia de enfrente por alguna aspirina
Otras veces me da pereza y me quedo con mi dolor de cabeza
Escuchando el hueco ruido de las tuberías
O preparo café, y, distraída, siempre preparo dos tazas –¿quién tomaría el segundo?
Tiene gracia…
Lo dejo sobre el alféizar y se enfría
O a veces tomo el segundo también
Mirando por la ventana la bombilla verde de la farmacia
Como la luz verde de un tren silencioso que viene a llevarme con mis pañuelos, mis
zapatos malgastados, mi bolso negro, mis poemas…
pero sin maletas – ¿para qué las necesitas?
Deja que vaya contigo

Ah, ¿te vas? Buenas noches. No, yo no voy. Buenas noches.
Yo voy a salir más tarde. Gracias.
Es que, por fin, tengo que salir de esta casa machacada
Tengo que ver la ciudad un rato
No, no la luna, la ciudad con sus manos marcadas de callos
La ciudad asalariada, la ciudad que jura por sus puños y su pan
La ciudad que nos lleva sobre sus espaldas, soportándonos a todos nosotros
Con nuestras pequeñeces, nuestras maldades, nuestras enemistades
Nuestras ambiciones, nuestra ignorancia, y nuestra vejez…
Tengo que escuchar los grandes pasos de la ciudad
Y que deje ya de escuchar los tuyos, los del Dios, y los míos.
Buenas noches.


Irene Papas en el film "Inquietud" - 1997

(El salón se está oscureciendo. Parece que alguna nube habrá cubierto la luna. De repente, como si una mano hubiera subido el volumen de la radio del bar del barrio, se escucha un tema musical muy conocido. Entonces me doy cuenta de que toda esta escena la acompañaba sotto voce la Sonata de Claro de Luna, solamente el primer movimiento.

El joven estará bajando la calle, con una sonrisa preñada de ironía y compasión en sus cincelados labios, y sintiéndose liberado. Cuando llegue a la iglesia, antes de bajar por la escalera de mármol, se echará a reír –su risa fuerte, imparable no sonará para nada inadecuada bajo la luna. Que no suene para nada inadecuada es quizás lo único que sea inadecuado. Dentro de poco el joven se callará, se pondrá serio y dirá: “La decadencia de una época”. Así, completamente tranquilo, desabrochará su camisa y continuará su camino.

En cuanto a la mujer, no sé si al final salió. La luz de luna brilla otra vez. Y en las esquinas de la habitación las sombras se ahogan en un insoportable, desgarrador arrepentimiento, casi un furor, no tanto por la vida, pero sí por esa inútil confesión…
Escuchad, la radio sigue sonando…)

* * *




Germán Martínez Aceves, poeta y editor mexicano, acerca de este mismo poema dice:

“Y a partir de ahí surge un canto que estremece, que pide rescate de la soledad, que lanza una red al vacío para pescar esperanza y en esa suerte desesperada no encuentra más que derrumbe.

La casa de la Mujer de Negro es el símbolo de un sistema viejo, acabado, y busca anclar en nuevos puertos pero su deseo naufraga, no llega a la orilla. La Mujer de Negro quiere una transición hacia lo nuevo.  Es el pasado que se niega a desaparecer, que no acepta su muerte y si es así, sabe que seguirá viva en los rincones, los armarios, los corazones”

El poema no hace más que reconocer la soledad como algo que todos llevamos dentro,  pero que hay momentos que arrecia demasiado y nos hace decir Deja que vaya yo contigo,  es un acto de S.O.S y también de reconocimiento y arraigo y desarraigo,  pues se lo pedimos a alguien que sabemos tiene en sus manos la posibilidad de decir  o decir no.

El arte con su magia, tiene la última palabra y sabido es que tiene visos de eternidad. Este poema y su interpretación por cada uno de nosotros,  así como aquella bella Sonata de Beethoven que nos hacen compañía y nos llevan con ellos a otros mundos.

Leo y releo este poema inmenso y cada vez se abre a infinitas interpretaciones.  La primera que sentí fue la de comparar a Grecia con esa vieja casa que se está desmoronando.  O con la vieja osa que apenas logra ponerse de pie. Son sólo ideas,  no es un deseo o una premonición.  Antes bien,  estoy segura que la unión hace la fuerza y que Grecia,  con el apoyo de la Eurozona y con el empuje aguerrido de su pueblo,  será capaz de salir a flote de esta crisis.


ALGO SOBRE SU AUTOR:  YANNIS RITSOS

Poeta y político griego que vivió casi tanto como el siglo, “miembro de una antigua y acaudalada familia de origen veneciano, que, tras la caída de Bizancio, se instaló en la ciudad-fortaleza cretense de Monemvassiá -la Malvasía de los cruzados-, en la Laconia, al sur del Peloponeso,  nació el 1 de Mayo de 1909, y murió en Atenas, el 11 de Noviembre 1990.”

Sufre una escalada de tragedias familiares:  En 1921 mueren su hermano Dimitris y su madre de tuberculosis.  En 1925 se arruina su padre, un jugador compulsivo. Enfermo de tuberculosis, Ritsos vive tres años en un sanatorio (1927-1931).  Además de actor, fue bailarín, mecanógrafo, bibliotecario, calígrafo, traductor, fotógrafo y pintor.  Trabajó en el Teatro Nacional griego y en Quipseli, tradujo a Maiakowski, Blok, Eremburg, Neruda y Nicolás Guillén, entre otros.  

A partir de 1936 se sucedieron tres acontecimientos de alcance mundial:  La expansión nazi, el Golpe de Estado y Guerra Civil Española,  y el Golpe de Estado en Grecia con el cuál el general Metaxas instauró una dictadura de tipo fascista hasta 1941,  en que empezó la ocupación nazi hasta 1944,  época en que el pueblo se dividió entre colaboracionistas y partisanos.  Habiendo ingresado al Partido Comunista griego, participó en la resistencia durante la ocupación y su militancia política le valió la cárcel y el exilio.  Durante la guerra civil griega entre 1948 y 1952,  fue recluido en distintos campos de concentración en islas remotas como Limnos, Agios Evstratios y Makronisos.  De esta época es “Tractor”, un grito de rebeldía contra la dictadura del general Metaxas y  Romiosini/Grecidad, dedicado a las guerrillas comunistas que combatieron a los nazis en la II G.M. Muchas de sus obras fueron prohibidas. Más tarde, cuando la junta militar subió al poder (1967-1970) fue nuevamente deportado, a las islas de Giaros y Leros por Papadopulos.  Hasta que pudo volver en 1974 a Atenas, al levantarse el arresto domiciliario en que vivía en Samos.

Se le considera como uno de los tres grandes poetas griegos contemporáneos,  junto a Giorgos Seferis (Giorgios Stylianou Seferiadis) y Odysséas Elýtis (Odysséas Alepoudélis). Ritsos no ganó el premio Nobel de Literatura y sí lo obtuvieron Seferis en 1963 y Elytis en 1979. 


* Fuente: Una sonata del claro de luna con estilo griego, por Germán Martínez Aceves


Periódico Universidad Veracruzana, México



ALGO SOBRE LA SONATA CLARO DE LUNA


Con respecto a la sonata que le da nombre y sustento al poema, se puede destacar que es una de las pocas sonatas de Beethoven en las que el final adopta un carácter absolutamente trágico.  






La Sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor "Quasi una fantasia", Op.27, n.º 2, de Ludwig van Beethoven, popularmente conocida como Claro de luna, es una de las obras más famosas del autor, junto con el primer movimiento de la Quinta Sinfonía y su bagatela para piano Para Elisa.

Fue compuesta en 1801 y estuvo dedicada a su alumna, la condesa Giulietta Guicciardi, joven de 17 años, 
que sería su alumna y la musa que inspiraría tantas y tantas piezas de su célebre maestro y amante. Ella fue considerada erróneamente en el siglo XIX como la destinataria de la carta a la "Amada inmortal". Y también dicen que toda la dramática fuerza de la obra se debe a la desesperación de su autor,  al estar quedando sordo.

El apodo Claro de luna se hizo popular después de la muerte de Beethoven, surgiendo a raíz de una comparación que el poeta y crítico musical alemán Ludwig Rellstab realizó entre el primer movimiento de la pieza y el claro de luna del Lago de Lucerna.

La figura de Rellstab resulta bastante inadecuada, en cambio es mucho más sugerente la descripción de Liszt del movimiento central como una "flor entre dos abismos".

 

sábado, 18 de febrero de 2012

Duele... Grecia... duele...


Una pareja de ancianos revisan las monedas que le quedan,
frente al muro pintado de la Universidad de  Atenas,
Foto de GETTY IMAGES

Luego de leer el artículo periodístico:  Grecia se echa a temblar,  de “El País”, fechado el 18 de febrero de 2012, de la reportera Amanda Mars, con alarmantes cifras que laceran el alma, porque Grecia,  no en vano,  es considerada la cuna de nuestra civilización.

Al caer la noche los problemas se agudizan. Y los más vulnerables son los que más sufren “… la gente sin hogar empieza a multiplicarse por las aceras, en los soportales, refugiados bajo pequeñas construcciones de cartones y mantas. Es cuando el viejo hotel Orpheus, que hace años dejó de serlo y luce aún una bandera sucia a media asta, empieza a llenarse de huéspedes sin hogar; cuando algunas plazas se convierten en un dormitorio y en la calle Sofokleous se reparte comida.

Entonces Grecia mira su ruina. El número de personas sin hogar en la capital ha crecido entre un 20% y un 25% desde el inicio de la crisis, hasta unas 20.000, según las organizaciones caritativas. “Hay de todo, ahora hay clase media, abogados que perdieron su casa y comenzaron por dormir en sus oficinas, la gente hace fila para pedir comida en la misma calle donde antes estaba la Bolsa de Atenas. Queremos que los hoteles quebrados sirvan para estas personas”. Lo explica el concejal Petros Constantinou, miembro de una formación de izquierda anticapitalista, que por primera vez, en las elecciones celebradas meses después del primer rescate financiero de Grecia, ha entrado en el Ayuntamiento.”

“El país afronta su quinto año de recesión económica, ha superado el millón de parados, que es el 21% de su población activa, y lleva dos años recibiendo auxilio financiero internacional para ir pagado su fenomenal deuda pública —equivale al 160% del PIB, la mayor de Europa— y evitar la bancarrota. Los planes de austeridad emprendidos hace dos años —recorte de pensiones, de salarios y subida de impuestos— han reducido los ingresos familiares cerca del 30%, según los sindicatos.

Ese es el estado de ánimo de la economía griega, pero luego viene el político: su Gobierno se deshizo en noviembre y formó un gabinete provisional con un tecnócrata a la cabeza, Lukas Papademos, encargado de pactar nuevos recortes con la llamada troika (los inspectores de la Unión Europa, el FMI y el Banco Central Europeo). La aprobación en el Parlamento de los nuevos sacrificios costó la expulsión de una cuarentena de diputados rebeldes. Y fuera, en la calle, decenas de miles de personas —20.000 según la policía, 100.000, según los convocantes— protestaron en una manifestación que acabó en graves disturbios, con 90 edificios quemados y 150 tiendas saqueadas.   (…)   Hay una mezcla rara de resignación y enfado.   (…)  Porque los recortes no se han aprobado, el auxilio financiero no ha llegado y nunca han sentido tan claro que algunos países, con Alemania —primer contribuyente del rescate— a la cabeza, ya no les van a doler prendas en dejarles caer. “

“Estos son días de conceptos relativos en Atenas. El llamado rescate, para los griegos, lo es hasta cierto punto: siempre recuerdan bien que son préstamos internacionales a devolver con unos intereses, eso sí, por debajo del precio de mercado para una Grecia a la que nadie fía.

La moral está baja. El viernes, uno ladrones robaron más de 20 piezas del Museo de Olimpia, solo un mes después de que otros se llevasen cuadros de la Galería Nacional. El diario griego Kathimerini lamentó que el Estado ya no pudiese cuidar de su patrimonio. “El Estado ha ido a la bancarrota, afrontémoslo.”

“Porque estas han sido las dos semanas en las que de forma más explícita Europa, o básicamente Alemania, le ha dicho a Grecia que su tiempo se agota, y que la zona euro puede sobrevivir sin ellos. El país debía comprometerse a nuevas medidas de austeridad, por valor de 3.300 millones este año, para recibir un rescate de 130.000 millones de euros, que pueden subir a 145.000, por parte de Bruselas y el Fondo Monetario Internacional y una quita del 50% de la deuda en manos de bancos y fondos de inversión, un plan de salvamento financiero que lleva negociándose desde hace meses. Para 2012 y 2013, el plan de reformas y ajustes alcanza los 13.000 millones.”




El siguiente video está tomado de










Con todos estos acontecimientos,  más la violencia desatada en estos días,  por un lado los que protestan y por otro lado los que reprimen, con partes de Atenas en llamas,  duele, duele mucho Grecia y no pude menos que recordar a Yannis Ritsos,  en dos de sus poemas más emblemáticos que cito a continuación:



Acropolis al atardecer, durante la ceremonia de clausura de las
Olimpiadas Especiales en Atenas 2011 



Romiosini

(Grecidad o Helenidad)


Este paisaje es duro como el silencio,
aprieta en su pecho sus piedras encendidas,
aprieta en su luz sus huérfanos olivos y viñedos,
aprieta los dientes,
no hay agua, solamente luz.
El camino se pierde en la luz
y es plomiza la sombra de la cerca
se han petrificado los árboles, los ríos y las voces en la cal del sol
la raíz tropieza con el mármol
los lentiscos polvorientos, el muro y la roca jadean,
no hay agua, todos tienen sed, hace años
todos mastican su amargura con un bocado de cielo
tus ojos están rojos por el desvelo
una profunda línea encajada entre las cejas como un ciprés entre dos montañas
al anochecer
Los muertos no tienen donde esconderse



Grecidad y otros poemas, Traducción de H. Perdikidi. Alberto Corazón, Madrid, 1979.





Este video es una belleza por su música y sus imágenes,  aunque no se trata del poema de Ritsos,  sino de una canción popular griega.







Eρμηνευτής: Γιώργος Νταλάρας
Τίτλος τραγουδιού: Άνεμος
Τιτλος αλμπουμ: Tο Φίλτρο (2008)

Στίχοι: Γιώργος Σαρρής
Μουσική: Χρήστος Παπαδόπουλος

Μαύρο αίμα στάζεις φεγγάρι μου
δαχτυλίδι, μαργαριτάρι μου
Μες στους δρόμους φεύγω μόνος μες στη σιωπή
γράφει ο έρωτας καρδιά μου σβήνει η βροχή

Άνεμος η αγάπη σου και φυσάει
άμμος η καρδιά μου και τη σκορπάει
άνεμος και πάω όπου με πάει

Άνεμος η αγάπη σου και φυσάει
στα θολά σου μάτια ποιος να μεθάει
άνεμος η αγάπη και με σκορπάει

Μες στα καλντερίμια τα σκοτεινά
άναψαν τα φώτα τα κόκκινα
κι αν ματώνεις το κορμί μου και με πονάς
να σκοτώσεις την αγάπη μην πολεμάς

Άνεμος η αγάπη σου και φυσάει
άμμος η καρδιά μου και τη σκορπάει
άνεμος και πάω όπου με πάει

Άνεμος η αγάπη σου και φυσάει
στα θολά σου μάτια ποιος να μεθάει
άνεμος η αγάπη και με σκορπάει





Sangre negra sangras, mi luna
mi anillo, mi perla

Por las calles déjenme en paz, en silencio
escribir mi amor en romance, la lluvia disminuye


Tu amor es el viento que sopla
mi corazón es la arena que dispersa
el viento me lleva y yo voy

Tu amor es el viento que sopla 
tus ojos oscuros, que vendrán embriagantes
amor como el viento, me enloquece


En las aceras oscuras
las luces rojas brillan
incluso si mi cuerpo haces sangrar, y duele
matas (mi) amor (por ti), no luches contra él



martes, 8 de noviembre de 2011

Pero yo amo la ternura; …mi suerte es esto y la brillante ansia de sol y la belleza.

John William Godward   -  In the Days of Sappho  -  1904


“Ningún humano puede escapar a la vejez.”
Safo

Un nuevo poema de Safo fue descubierto el año 2004, según apareció publicado en  el Times Literary Supplement, por el profesor Martin West.  Se trata de una reconstrucción del poema,  a partir de dos fragmentos de papiros egipcios, uno ya conocido desde 1922 y el otro, procedente del embalaje de una momia del siglo III a. C., en el que M. Gronewald y R. Daniel identificaron unas líneas de Safo.  De este modo este poema se convierte en el cuarto que se conserva entero.   En las ediciones actuales se han numerado hasta 264 fragmentos de Safo, muchos de ellos mínimos y sin ninguna palabra original; 63 preservan alguna línea completa; 21 tienen alguna estrofa; y sólo cuatro nos dan un poema entero.

Según la exégesis de Carlos García Gual, el poema habla de la resignación de Safo ante la vejez.  Está dirigido a sus jóvenes “compañeras”,  su círculo de educadas discípulas,  a las que llama cariñosamente “hijas” y queridas amigas devotas de las Musas y las Gracias.

En el esquema de base del poema pueden distinguirse tres motivos: vosotras danzad y cantad, yo ya no puedo/ pues así es la condición humana/ ved el ejemplo mítico de Titono.



Papiro encontrado en 2004 con el poema de Safo


… θῆται ϲτύματι πρόκοψιν
῎Yμες πεδὰ Mοίσαν ἰ]οκ[ό]λπων κάλα δῶρα παῖδε
σπουδάσδετε καὶ τὰ[ν φιλάοιδον λιγύραν χελύνναν
ἔμοι δ᾽ ἄπαλον πρὶν] ποτ᾽ [ἔ]οντα χρόα ἤδη
ἐπέλλαβε, λεῦκαι δ᾽ ἐγ]ένοντο τρίχες ἐκ μελαίναν;
βάρυς δέ μ᾽ ὀ [θ]ῦμος πεπόηται, γόνα δ᾽ [ο]ὐ φέροισι
τὰ δή ποτα λαίψηρ᾽ ἔον ὄρχηστ᾽ ἴσα νεβρίοισι.
τὰ μὲν στεναχίσδω θαμέως· ἀλλὰ τί κεν ποείην;
ἀγήραον ἄνθρωπον ἔοντ᾽ οὐ δύνατον γένεσθαι.
καὶ γὰρ π[ο]τα Tίθωνον ἔφαντο βροδόπαχυν Aὔων
ἔρωι… βάμεν᾽ εἰς ἔσχατα γᾶς φέροισα[ν
ἔοντα [κ]άλον καὶ νέον, ἀλλ᾽ αὖτον ὔμως ἔμαρψε
χρόνωι πόλιον γῆρας, ἔχ[ο]ντ᾽ ἀθανάταν ἄκοιτιν.
ἔγω δὲ φίλημμ᾽ ἀβροσύναν, … τοῦτο καὶ μοι
τὸ λά[μπρον ἔρος τὠελίω καὶ τὸ κά]λον λέ[λ]ονχε.


* * *


… Conceda el medrar a mi boca…


Velad vosotras por los bellos dones de las Musas ceñidas
de violetas, muchachas, y por la dulce lira de los cantos,
pero mi piel, en otro tiempo suave, de la vejez ya es presa,
y tengo blancos mis cabellos que fueron negros,
y torpes se han vuelto mis fuerzas, y las piernas no me sostienen,
antaño ágiles cual cervatillos para la danza.
He aquí mis asiduos lamentos, pero ¿qué podría hacer yo?
A un ser humano no le es dado durar por siempre.
A Títono, una vez, cuentan que Aurora de rosados brazos
por obra de amor lo condujo a los confines de la Tierra,
joven y hermoso como era, mas lo encontró igualmente al cabo
la canosa vejez, a él, que tenía esposa inmortal.



Pero yo amo la ternura; …mi suerte es esto y la brillante
ansia de sol y la belleza.



Traducción de Juan Manuel Macías






Poema 5D
    
Dura un tiempo muy breve, como un sueño,
la juventud preciada. Luego, amarga y deforme,
la vejez sobre nuestra cabeza está pendiente,
odiosa a la vez que infame, que desfigura al hombre,
y, envolviéndole, daña sus ojos y su mente.

Poema 1D

¿Qué vida, qué placer hay al margen de la áurea Afrodita?
Morirme quisiera cuando ya no me importen
el furtivo amorío y los dulces presentes del lecho,
las seductoras flores que da la juventud
a hombres y mujeres. Pues más tarde nos llega penosa
la vejez, que a un tiempo feo y débil hace al ser humano.
De continuo acosan su mente tristes pensamientos
y no disfruta ya de contemplar los rayos del sol.
Causa entonces repulsión a los niños y desprecio a las mujeres.
    
¡Tan horrorosa implantó la divinidad la vejez!


El mundo griego con mucho de épico y estético sobrevaloraba la plenitud corporal, de ahí esas lamentaciones de Safo ante la decadencia física inevitable.

Titono es un personaje famoso por su triste final, evocado por Mimnermo de Colofón (frg. 4D): 

     "A Titono le concedió Zeus como favor un mal eterno: 
     la vejez, que es mucho peor que la espantosa muerte."


La historia de Titono la encontramos más detallada en el Himno homérico a Afrodita, donde ella le cuenta al troyano Anquises el episodio mítico (vss. 218 - 238):

Así en otro tiempo a Titono raptó la Aurora de doradas flores,
uno de vuestra estirpe, semejante a los inmortales.
Y fue luego a pedirle el sombrío Crónida
que lo hiciese inmortal y viviera por todos los días.
Zeus consintió y le cumplió a la diosa su deseo.
¡Insensata! Que no se acordó la augusta Aurora
de pedirle la juventud y la ausencia de la vejez funesta.
En tanto que él gozaba de la adorable juventud,
disfrutaba con Aurora, la de doradas flores, la mañanera,
viviendo cabe las corrientes del Océano en los extremos de la tierra;
mas cuando los primeros cabellos grises aparecieron
en su hermosa cabeza y en su noble mentón,
entonces de su lecho empezó a alejarse la divina Aurora.
A él, por otro lado, lo mantenía alimentado en su palacio,
con pan y ambrosía, y le procuraba hermosos vestidos.
Pero una vez que del todo la odiosa vejez lo abrumó
y mover ya no podía ninguno de sus miembros ni alzarlos,
le pareció lo mejor en su ánimo la decisión siguiente:
abandonarlo en su dormitorio y cerrar las refulgentes puertas.
De allí emerge incansable su voz, pero ningún vigor tiene ya
como antes tuvo en sus flexibles miembros.

    
Según algún autor posterior, lo que decidió Eosla Aurora, hastiada ya del arrugado Titono, fue convertirlo en cigarra, de modo que allá en los confines de la tierra, por los siglos de los siglos sigue el viejísimo inmortal emitiendo sus chirridos incesantes.

Con esos dos rasgos, piel marchita y rodillas flojas, Safo describe la torpeza de la vejez.  Aún así ella conserva sus dones poéticos, y quizá todo lo demás que Alceo evocaba en aquel bello verso: “trenzas violeta, sonrisa de miel, santa Safo”.  Lo que concuerda con el final de su poema:

"Pero yo amo la ternura; …mi suerte es esto y la brillante

ansia de sol y la belleza."


Safo nació en Mitilene, capital de Lesbos (ca. 650/610) y la tradición dice que murió en Léucade (580 a. C.)  Es poco lo que se sabe de ella y casi todo sobre su vida lo hemos deducido  de sus poemas.

Ha sido considerada entre los 9 poetas líricos o mélicos, junto a Alcmán de Esparta, Alceo de Mitilene, Anacreonte, Estesícoro, Íbico, Simónides de Ceos, Píndaro y Baquílides.

Los nueve poetas líricos (de lyricos, relativo a la lira), o nueve poetas mélicos (de melo, canción), constituyeron un canon de poetas y compositores griegos antiguos, tenidos en gran estima por los académicos y expertos helenísticos de Alejandría, como dignos de estudio crítico.

También es considerada,  por sus méritos literarios y académicos,  como la Décima Musa.

Perteneciente a una familia pudiente de la isla de Lesbos, vivió toda su vida allí,  con excepción de los años de su ostracismo en Siracusa (Sicilia) en el año 593 a. C.

Sappho and Alcaeus  -  LawrenceAlmaTadema (1881)


Safo creó una escuela para señoritas llamada «Casa de las servidoras de las Musas». Donde sus discípulas aprendían a recitar poesía, cantar, danzar, interpretar instrumentos musicales y confeccionar coronas y guirnaldas de flores. Por lo declarado en sus propios poemas,  se le considera una mujer con un eros homosexual, de allí el térmico lésbico, estableciendo este tipo de relación con algunas de sus discípulas, en especial Atis, a la que le dedicó varios poemas.

Se le describe como una mujer muy femenina, delicada y espiritual, que trascendió en la Historia gracias a la naturalidad y pureza de sus versos, en los que expresa su amor de manera directa, sencilla y delicada,  con una fuerte presencia de su yo que canta, desde una  perspectiva autorreferencial.


Su importancia supera el sitial secundario y menospreciado de la mujer en la sociedad griega.



Poema 2D 


Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.


En Antología de la poesía lírica griega




Las zonas erógenas o la fisiología del amor en este poema se circunscriben a :


La boca de la amada, habla y sonríe.
El corazón de la amante,  como órgano de sentimientos, sufre de taquicardia.
La piel arde, se hiela, palidece;  y todos los órganos de los sentidos: boca, oídos, ojos, aíslan  al amante del mundo exterior, en este morir de amor a partir de un simple contacto visual.  
El poema se asemeja a un Canto de Bodas,  en que se exalta la belleza de los novios.  
La expresión del amor de Safo es sincera, nace de su corazón, no de lo leído en los libros.




* * *


Safo se declara seguidora de Afrodita,  la diosa del Amor y de la belleza, con quien mantiene conversaciones en sus poemas.



Poema 27 Diehl

Dicen unos que lo más bello sobre la tierra oscura
es un ecuestre tropel, la infantería otros, y ésos,
que una flota de naves, pero yo afirmo
que lo más bello es lo que uno ama.
Y es muy fácil hacerlo comprensible a cualquiera.
Pues aquella que en belleza muchísimo aventajaba
a todos los humanos, Helena, a su esposo,
un soberano ilustre, lo abandonó
y partió por el mar hacia Troya,
sin acordarse de su hija ni sus padres,
para nada, porque la impulsaba Cipris *.
Ahora recuerdo a Anactoria * que no estaba presente...
Yo quisiera ver su amable paso 
y el resplandor radiante de su rostro
más que los carros de los lidios
y los soldados de infantería con armas pesadas.

*  Cipris o Cipria (Kypris) era la misma Afrodita,  por considerarse que su lugar de nacimiento fue la isla de Chipre.

*   Anactoria: una de las discípulas de Safo,  a quien escribió un poema.

La oda o Himno a Afrodita es uno de los poemas más conocidos y bellos de Safo. Ha llegado hasta nosotros casi intacto porque fue citado por Dionisio de Halicarnaso, un escritor del siglo I a. C.

Está compuesta de siete estrofas sáficas, denominadas así en su honor, se forman de cuatro versos, los primeros tres son endecasílabos sáficos, mientras que el último es un pentasílabo que recibe el nombre técnico de adónico. 



El baño de Afrodita  -  William-Adolphe Bouguereau


¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y sexo
Ruégote, Cipria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
—me preguntabas—
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.

* * * 

Safo de Eressos

La tradición sitúa la muerte de Safo en Léucade el año 580 a. C.,  pero como no se tiene certeza del año de su nacimiento,  pudo haber muerto tanto a los 70 como a los 30 años.  Surgió un mito que sostiene que murió al lanzarse de un promontorio leucadiano.  El nombre de Léucade proviene de blanca caliza,  que bien pudo estar ubicada en la isla de Léucade,  como en cualquier lugar de Grecia, con esas características.

El historia se derivó de la mitología y a su vez se transformó en mito:  


Afrodita, enamorada del joven Adonis, trata de persuadirlo de que abandone su gusto por la caza e intenta seducirlo, sin lograrlo; éste quiere participar en la caza del jabalí. Llegada la mañana, Afrodita oye el ladrar de los perros de Adonis, y llena de terror, va en busca del amado, al que encuentra muerto por la fiera,  que en realidad era Ares,  amante de Afrodita,  que bajo la apariencia de un jabalí mata a Adonis por celos y a petición de Perséfone que, enamorada de Adonis desea llevarlo  junto a ella al Hades.


Afrodita desconsolada recurrió al consejo de su hermano Apolo,  quien le indicó que se lanzara del promontorio leucadiano,  ya que de allí resurgiría tranquila y consolada.  Desde entonces ese era la acción obligada de los amantes no correspondidos.



Sahpo embrassant sa lyre  -  Jules Elie Delaunay  (1828-1891)



Por lo tanto cuando Safo se enamoró del bello Faón,  joven batelero de la ciudad de Mitilene, del que estaba enamorada la propia Afrodita.  Dice la leyenda que al no ser correspondida,  la poeta se arrojó al mar desde el promontorio leucadiano.  El gran Ovidio,  tomó esta historia y convirtió a Safo en una de sus heroínas,  único caso real que formó parte de sus personajes mitológicos,  y que con esta muerte entra en tierra de dioses.  Y así es inmortalizada por  pintores europeos del siglo XIX, desde esta mirada romántica con la que se le recuerda hasta nuestros días.



Safo  -  Gastaldi
  
Safo  -  Charles August Mengin  -  1877


Sappho on the Leucadian Cliff  -  Pierre Narcisse Guerin

Sapho se précipitant à la mer  -  Jean Joseph Taillasson


Sappho  -  Gustave Moreau